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MATAR POR MATAR

Cuando la vida no vale nada

Nota de Tapa - febrero 2012

La inseguridad en Escobar fue noticia nacional en enero. En menos de 10 días, dos mujeres fueron asesinadas a tiros por delincuentes que entraron a sus casas a robar y terminaron huyendo con las manos vacías. Las historias de Noemí Condori y Nilda Villafañe.

Suele decirse que Escobar es poco menos que un vergel de la seguridad en comparación con otros distritos del Conurbano, donde la problemática del delito se encuentra enquistada desde antes y con más intensidad. Pero las estadísticas son frías, no saben del dolor, del trauma ni de pérdidas irreparables. Que otros municipios cercanos sean más peligrosos no les da a los escobarenses alivio ni tranquilidad. Por eso los asesinatos de la joven Noemí Condori, en Matheu, y -a la semana siguiente- de Nilda Villafañe, en Ingeniero Maschwitz, ambos en ocasión de robo, causaron una profunda conmoción en la población. Y fueron noticia nacional.

Miércoles 11, 3.45 AM:
Noemí Condori (27) vivía en una casa que compartía con su esposo, Mario Quispe (30), sus dos pequeños hijos y su suegra, Tomasa Mamani, en la calle Colón 695, a siete cuadras de la ruta 25, en Matheu. Esa noche escucharon ruidos en el portón de entrada, como que estaban forcejeando la cerradura.

Mario se levantó, se asomó por la ventana y, como no vio a nadie, decidió salir. Hizo unos metros hasta la calle Colombia y vislumbró la sombra de dos muchachos que se iban caminando. Dio media vuelta y volvió, mientras sacaba el celular del bolsillo para llamar al 911. Todavía no entiende cómo lo vieron y cómo en tan poco tiempo ya estaban detrás de él. Hubo un breve diálogo:

- ¿Qué pasa Mario?, ¿todo bien?, preguntó uno de ellos, casi desde la esquina.
- No. Me quisieron robar, contestó.
- ¿Y qué estás haciendo? ¿Estás llamando a la gorra?, le siguió preguntando el delincuente.

En un parpadeo, el hombre que le hablaba y su cómplice entraron por la reja que había quedado abierta. Desde ese lugar y la entrada a la casa no hay más de dos metros. Noemí y la madre de Mario estaban afuera, en ese pasillo que terminó convirtiéndose en una trampa mortal. Es que una corriente de aire cerró la puerta principal, que tenía la llave del lado de adentro. Y cuando quisieron entrar no pudieron. Ellos y los ladrones -ambos armados- quedaron cara a cara, entre el frente de la casa y la reja.

 

La versión completa de este artículo se encuentra publicada en la edición Febrero de DIA 32. Disponible en todos los puestos de diarios y revistas del partido de Escobar hasta el 3 de Marzo de 2012 inclusive. Suscripciones: (03488) 681 549 | suscripciones@dia32.com.ar

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