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HÉCTOR NIEVES

Un pionero de la computación en Escobar

Hace más de treinta años decidió emprender en un rubro casi inexplorado en la ciudad. Así nació NyM, que hoy es una referencia en servicios informáticos. “Mi orgullo es que empezamos con mi señora y hoy están mi hijo y mis nietos”, confiesa.

Por JAVIER RUBINSTEIN
jrubinstein@dia32.com.ar

Treinta y cuatro años atrás, Escobar era muy distinto al que es hoy. Había muchos menos comercios, los rubros eran más tradicionales y muy pocos se animaban a innovar, por miedo a que les vaya mal o a que no haya suficiente demanda del producto o servicio que ofrezcan.

Pero algunos se animaron y fueron visionarios en ese momento, abriendo un mercado muy poco explorado. Héctor Nieves (76) es uno de ellos: vio la veta comercial en la informática con la venta de insumos y reparaciones de computadoras, algo que pocos tenían a fines de los ‘80, más allá de instituciones o empresas dedicadas al área.

Cuenta que ya conocía el paño de la computación: en 1971, mientras trabajaba en una fábrica de Munro, se recibió de programador de máquinas haciendo un curso en el barrio porteño de Once.

Después entró a la recordada Hughes Tool Company, donde trabajó cinco años en el sector de informática. También pasó por otras fábricas. Hasta que un día vio un local en la calle Belgrano, se entusiasmó, lo alquiló y, con muy poco presupuesto, abrió NyM Computación. Fue el 22 de febrero de 1988.

FÓRMULA. “El secreto está en la buena atención y el cumplimiento”, asegura el comerciante.

Arrancamos sin plata, con las cajas vacías, pero con honestidad. Vendíamos diskettes, impresoras, cartuchos, hojas, teclados y otros insumos”, le comenta a DIA 32. Al principio eran él y su esposa, Elba Mareco. De ahí surge el nombre del comercio, con las iniciales de los apellidos de ambos.

La idea de abrir NyM “surgió porque en Escobar no había negocios de informática. Yo apuntaba a las empresas, porque en las casas casi no había PC. Arranqué en Belgrano 567, un local chico. Costó mucho al principio, pero las cosas fueron caminando. Con el tiempo alquilamos el de al lado y después otro más. En uno estaba el depósito, en otro el taller y en el tercero venta y exhibición”, repasa.

En esos años el otro servicio dedicado al rubro era RACS Computación, que primero funcionó en una casa particular, después abrió su local en la calle Mitre y más tarde se mudó a la avenida Tapia de Cruz.

Hector Nieves junto a sus hijos
3G. Héctor Nieves, su nieta Candela y su hijo Guillermo. Las tres generaciones de NyM.

Una pyme familiar

El único hijo del matrimonio es Guillermo (50), que se sumó al comercio ni bien terminó sus estudios secundarios en la Escuela Técnica Nº1 de Escobar, donde se recibió de técnico electrónico. “Grababa muchos jueguitos en diskettes de 3 y 1/2, los pibes hacían cola para comprar. Empezó a arreglar, atendía el negocio y yo tomaba trabajos en la calle. Lo primero que arregló fue una PC que tenía la fuente quemada, después una impresora y así empezó, hasta hacerlo con los ojos cerrados”, relata su padre.

A pesar de haber sido un año dramático para la sociedad argentina, 2001 marcó el gran despegue de NyM, porque casi con el nuevo milenio llegó la mudanza a un local más espacioso y cómodo, en la esquina de las avenidas Tapia de Cruz y Belgrano, donde funcionaba un comercio de motos acuáticas. “Ni bien vi que se estaba desarmando, fui y lo reservé”, recuerda.

Hector Nieves sentado en un bar
DISTENDIDO. Hace cinco años se retiró del comercio para disfrutar más del tiempo libre.

NyM fue creciendo: la clientela empezó a duplicarse, las reparaciones se hicieron algo diario y sus excelentes precios para comprar insumos posicionaron al negocio como líder en su rubro, con una cálida atención.

Nunca hubiera imaginado estar tanto tiempo, creía que nos podía ir bien, nada más. Mi mayor orgullo es que empezamos con mi señora, siguió Guillermo con su mujer (Carina Sabella) y ahora están sus hijos, Candela y Francis”, cuenta el comerciante, que hace cinco años se retiró de la actividad para dedicarse a disfrutar de su jubilación y a viajar con su esposa cuando tienen oportunidad.

“Me pelé los dedos para hacer las cintas para las impresoras, hasta que pude comprar la máquina que las hacía. Todo fue con sacrificio”.

Al analizar la trayectoria lograda, sostiene que “el secreto es la buena atención y el cumplimiento. Siempre quise seguir el ejemplo de IBM, salvando las distancias. Cuando abrí me decían que estaba loco y que me cagaría de hambre. ¿Si fui un visionario? Sí, pero no fue casualidad. Lo tenía en mente desde siempre. Me pelé los dedos para hacer las cintas para las impresoras, hasta que pude comprar la máquina que las hacía. Todo fue con sacrificio”, confiesa el escobarense, que también dio clases de informática en el Instituto Superior Mariano Moreno.

NyM es hoy un comercio emblema de la computación en Belén de Escobar. A base de sacrificio, dedicación y buen servicio, disfruta un presente lleno de laureles, que los Nieves supieron conseguir.

PRECURSOR. NyM abrió sus puertas el 22 de febrero de 1988. Fue toda una novedad en Escobar.

SUS TRES PASIONES

Vélez, la pesca y la radio

Ferviente hincha de Vélez Sarsfield, Héctor Nieves heredó esa pasión de su padre, que nació frente a la antigua cancha del “Fortín”, en Basualdo y Escalada, en el barrio de Mataderos. “Hice de Vélez a mi mujer, a mi hijo y a mis nietos”, remarca, con orgullo. “Me gusta ir a la cancha, antes iba todos los domingos”, acota.

Otra de sus pasiones es la pesca: es socio vitalicio del Club de Pescadores de Escobar, donde fue quince años dirigente, con distintas presidencias. Hoy va poco al río Paraná y hace rato que no usa las cañas. “La pandemia me frenó en algunas cosas”, reconoce.

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Su tercer gran hobby es la radio. Durante muchos años tuvo programas en emisoras locales. “Hice tanto de pesca como de música y entrevistas. Hasta tuve una radio propia en internet, que duró cuatro años”. 

Oriundo de Colón (Entre Ríos), desde hace 55 años Nieves vive en Belén de Escobar, ciudad a la que dice adorar y no cambiaría por ninguna. “Hoy la veo cambiada, más que nada el centro. Hay muchos coches y gente. Antes todos se saludaban, ahora te llevan por delante y ni buen día te dicen, la gente cambió mucho”, afirma.

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