Con solo 19 años, se ganó un lugar en el equipo de Armenio que acaba de lograr el ascenso a la Primera B Metropolitana. “Estoy viviendo algo único”, afirma el habilidoso volante escobarense, feliz por su presente.

Desde muy chico soñaba con ser jugador de fútbol. Quizá para ser como su abuelo, del que tanto le habían hablado, o porque en sus genes ya estaba innata la habilidad con una pelota en los pies. Lo cierto es que a los 8 años Lautaro Montani (19) pisó por primera vez una escuelita, en Bolagama Center, con Gustavo Rizzo como profesor. Al año pasó al Club Boca del Tigre y al otro probó suerte en las infantiles de River Plate, donde estuvo una sola temporada.

Desde los 11 a los 13 jugó futsal. En canchas reducidas explotó más aún sus habilidades y a los 14 decidió ir a probarse a Deportivo Armenio, para empezar una carrera en serio. “Me llevó un amigo (Federico Mosee) y entré a novena, con Miguel Cisterna y Marcelo Luca (ex jugadores del club) como entrenadores”, recuerda sobre aquel día.

Jugó cuatro años y medio en las divisiones inferiores y cuando llegó a quinta lo promovieron a la primera, donde hizo varias pretemporadas. En 2017 estuvo siete partidos en el banco de suplentes, esperando el debut. Pero ese momento llegaría más tarde. Fue el 11 de febrero de 2018, cuando el DT José Villarreal lo puso contra Excursionistas, en Ingeniero Maschwitz.

El “Mago”, como lo llaman algunos de sus amigos y compañeros, poco a poco empezó a ganarse un lugar entre los titulares, siempre jugando de enganche o volante mixto, y terminó siendo una de las piezas clave del andamiaje ofensivo del flamante subcampeón de la Primera C.

Su primer gol -hasta ahora, también el único- lo marcó en noviembre del año pasado, ante Cañuelas, en un 1 a 1 disputado en el estadio del barrio San Miguel. Sin embargo, lo que debía ser un recuerdo feliz y soñado, le dejó un sabor agridulce: “Entré desde el banco, hice el gol a los 42´ y tuvimos la mala suerte de que nos empataran en el último minuto“.

Ese día controló la pelota afuera del área, se sacó un defensor de encima y sacó un derechazo alto que se metió junto al travesaño. Un golazo. “No se me olvida jamás, fue algo hermoso. Ojalá que vengan muchos más”, le dice a DIA 32.

Fue algo único, no tiene explicación lo que significa lograr un ascenso a los 19 años. Sabíamos que no se nos podía escapar, creíamos en nosotros”.

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Sábado de gloria

En junio de 2016 el equipo de la colectividad sufrió una de sus peores pesadillas, cuando descendió a Primera C después de varias campañas muy pobres. En los dos primeros años en esa división no clasificó ni a los torneos reducidos para poder ascender y todo parecía muy cuesta arriba. Hasta que empezó la temporada 2018.

Armenio lideró el torneo de punta a punta durante el segundo semestre y llegó a estar 18 fechas invicto. Pero en el verano arrancó mal la reanudación y empezaron a sobrevolar los interrogantes. Tras una serie de seis derrotas y tres empates, el tricolor enderezó el rumbo, recuperó la confianza y terminó festejando la tan ansiada vuelta a la Primera B Metropolitana.

La consagración fue el sábado 18, justo en la última fecha, con un triunfo por 2 a 0 sobre Victoriano Arenas. Montani jugó de titular -salió en el complemento- y todavía se emociona al revivir esa tarde en Valentín Alsina, trepado al alambrado junto a sus compañeros y los hinchas a pura euforia: “Fue algo único, no tiene explicación lo que significa lograr un ascenso a los 19 años. Sabíamos que no se nos podía escapar, creíamos en nosotros”, afirma.

“La C es una categoría muy difícil y de mucho roce, donde es complicado jugar. Pero tuve la suerte de encontrarme con un cuerpo técnico y compañeros con una idea de juego que todos entendimos. Se me hizo bastante cómodo y pude acoplarme rápido a lo que me pedía el DT”, comenta sobre su experiencia en el último certamen, donde Armenio terminó a dos puntos del campeón, Argentino de Quilmes.

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En agosto empezará la temporada 2019/20 para el fútbol de ascenso. Hasta entonces, los clubes irán sufriendo variantes, altas y bajas que harán renovar los planteles. La institución que preside Luciano Nakis no será la excepción y ni el propio Montani sabe qué será de su futuro, si seguirá o recibirá ofertas más tentadoras.

“No sé nada, solo queda esperar y ver qué pasa. Me siento muy cómodo estando acá, contento por lo logrado. Y si el día de mañana me toca irme, quiero dejarle algo al club e irme por la puerta de adelante”, sostiene el volante, que tiene como máximo referente a Juan Román Riquelme y sueña con llegar a la Selección Argentina.

Descendiente de una familia con ADN escobarense, Lautaro es hijo de Marcos, sobrino de Adrián y Liliana y nieto del “Papero” Edgardo Montani, que para muchos que lo vieron jugar estaba dotado de una habilidad única. “Toda persona que escucha mi apellido me pregunta por él. Dicen que era el mejor, jugó en Sportivo, Vélez y Sacachispas. No tuve la suerte de verlo jugar, pero todos me cuentan maravillas”, confiesa el “Mago”.

Un nuevo crack en la órbita del fútbol local, formado a pura gambeta y pases gol.

Fotos: Gentileza Rubén Roma

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