Hoy muchos lo reconocen en las competencias por su imagen inconfundible: de boina y alpargatas. Pero antes de convertirse en “el gaucho runner”, José Menzottero (45) pasó casi toda su infancia y adolescencia en el polideportivo de Ingeniero Maschwitz corriendo en la pista y jugando a la pelota.
Su padre, Emilio “el Negro” Menzottero, era el presidente de la comisión directiva y daba clases de fútbol y atletismo. Fue el alma mater de un lugar que cobijaba a cientos de chicos y los alejaba de la tentación de la calle, con mucha menos infraestructura de la que tiene actualmente el predio ubicado en las avenidas Villanueva y El Dorado.
Corrían los años ’90 y el deporte era la forma de vida de José Menzottero, hasta que caía la noche y se iba a su casa para hacer los deberes y cenar. Hizo el jardín de infantes y la primaria en la Escuela Nº16 de Dique Luján, mientras que el secundario lo cursó en la Media Nº4 de Ingeniero Maschwitz, la localidad en la que nació.
Fue papá muy joven, a los 17 años, motivo por el cual dejó de estudiar y empezó a trabajar. Tuvo dos hijas, Melanie (28) y Valentina (20), junto a Valeria Aguilera, quien falleció en 2015 a raíz de una enfermedad terminal. Un golpe durísimo del que supo levantarse con entereza y el amor de su gente, que lo apuntaló incondicionalmente.
Por herencia familiar es masajista, como su abuelo (Vicente Caporalini), su tío (“Pocho” Caporalini) y su hermano, Emilio junior. Desde hace años tiene su consultorio particular en la calle Santa Fe, entre Moreno y Belgrano, a seis cuadras de la plaza principal de Belén de Escobar.

A correr y correr…
A través de los Torneos Juveniles Bonaerenses, a los 14 años empezó en el mundo de las carreras atléticas. Se anotó en los 100 metros y más adelante comenzó a desarrollarse en pruebas de velocidad, de 200 y 400 metros. “En 1995 fuimos medalla de plata en posta 4×100. Ahí conocí a Valeria. Ella corría fondo y medio fondo en el equipo de Santo Pisaco, en la Asociación Atlética del Partido de Escobar”, le cuenta a DIA 32, recordando a su esposa y madre de sus hijas.
“Después empecé también en carreras de calle, con 5 y 10 kilómetros. Hasta que conocí las pruebas de aventura en la montaña, que son las que más me atrapan y me han llevado a recorrer el país”, señala. Los caballos son otra de sus pasiones: actualmente tiene seis, que él mismo cuida y monta, cuando su trabajo se lo permite.
En 2025 vivió uno de los años más intensos y exitosos a nivel competitivo. “Lo más importante fue el Grand Prix de Misiones, que consta de cuatro fechas, una en cada estación del año: dos del lado argentino y dos del lado brasilero. Son carreras de aventura de 21 kilómetros por cerros y arroyos. Por sumatoria de puntos quedé 3º en la general. Otras buenas carreras fueron los 50k de Cosquín (Córdoba) y los 42k de Cafayate (Salta), con mucha altura”, sostiene al repasar sus mejores actuaciones de la última temporada.
Trail running se les llama a las carreras de montaña, donde hay que superar piedras, desniveles, arroyos y barro. Ese es su tipo de competencia preferida, más que las de calle, a las que asiste también, pero en menor medida.

El gaucho runner 2.0
Más allá de su trayectoria dentro del deporte, José Menzottero empezó a tomar más protagonismo en las redes sociales y en el mundo del atletismo a través de su curiosa forma de vestirse para ir a las competencias: con boina y alpargatas. Sea la superficie que sea, ese siempre es su equipo oficial, una marca identificatoria que, por supuesto, llama la atención.
“Ando siempre de alpargatas, soy un gaucho, medianamente. Tengo mis caballos, me gusta la tradición, he participado en todos los desfiles de Escobar. Me gusta difundir las tradiciones y el deporte. Me dije: ‘¿por qué no correr de alpargatas y boina?’. Así empecé, por eso corro así, para difundir las dos cosas que me apasionan”, confiesa. Esa costumbre la empezó a implementar en febrero de 2022, en la prueba Balcarce Corre Night.
Las alpargatas que utiliza no están adaptadas para correr ni tienen algo especial: son las comunes, de lona y suela de goma. “En un momento una empresa me las proveía, pero después ya no”, confiesa, despreocupado.
De cara al 2026, la prueba más valiosa que tiene en mente es Mar del Plata Trail, el 1º de marzo, fecha del campeonato nacional máster que, a su vez, es un selectivo para el Mundial de República Checa, en junio. “Estoy preparado en lo físico, pero me faltan los fondos económicos. Me gustaría representar a Escobar y la Argentina”, afirma. También tiene agendadas otras pruebas atléticas en Balcarce, Misiones y Salta.

“Ando siempre de alpargatas, soy un gaucho. Tengo mis caballos, me gusta la tradición, he participado en todos los desfiles de Escobar. Por eso corro así, para difundir las dos cosas que me apasionan”, confiesa.
En 2025 estuvo colaborando con la carrera Escobar Trail, en la organización de los circuitos. También presentó un proyecto en la Subsecretaría de Deportes para hacer una carrera en cada localidad del distrito y revivir la media maratón de Matheu al Paraná de las Palmas. Aún no tuvo novedades sobre su propuesta.
“Me gustaría colaborar y darle a Escobar lo que aprendí. En el polideportivo Luis Monti se trabaja fuerte con el atletismo de pista, hay grandes exponentes y los chicos están cada vez mejor, pero no hay carreras de calle”, asegura, siendo un gran seguidor de lo que pasa en el atletismo local.
Entre montañas, circuitos y tradiciones, José Menzottero construyó una historia donde el esfuerzo, la pasión y el arraigo a su tierra se mezclan en cada zancada.
Con boina y alpargatas como bandera, el “gaucho runner” no solo compite, sino que representa una forma distinta de vivir el deporte, con orgullo escobarense y el sueño de seguir llevando su nombre -y el de su ciudad- a cada desafío que se le cruce en el camino.

UNA EPOPEYA SOLIDARIA
La travesía a caballo de Escobar a Mar del Plata
El 12 de diciembre de 2021 José Menzottero salió a caballo desde el centro de Escobar rumbo a La Feliz, buscando ayudar a la Escuela Nº8 del barrio Lorenzo Torres. La idea era conseguir fondos, a través de su peculiar viaje, para comprar pintura y hacer diversos arreglos en ese establecimiento rural.
“Todo fue a través de la cooperadora de la escuela. La idea me surgió por un jinete suizo que fue de Palermo a Nueva York, con dos caballos (Gato y Mancha), en 1925. Leí la historia y me surgió hacerla. Me compré un caballo para que sea mi compañero. Ese proceso duró unos diez años hasta que la hice”, relata, rememorando aquella epopeya.

“Tardé 19 días. Paraba en distintos lugares, como las banquinas, armaba mi carpa y dormía. Tomé por caminos rurales, no por la ruta 2. Hice Pilar, Rodríguez, Plomer, Las Heras, Lobos. En San Miguel del Monte corrí una prueba de 10k, los caballos descansaron dos días y seguí”, explica, sobre aquella aventura que lo marcó a fuego.
“Al atrasarme, me agarró la Nochebuena en un paraje de Ayacucho. Fueron mis viejos, que estaban en Mar del Plata, para acompañarme. Pude conocer la estancia Cardales, donde habían pasado Gato y Mancha, los caballos de 1925. Fue un regalo de la vida. Llegué a Mardel el 30 de diciembre, con más de 600 kilómetros hechos y muy feliz”, sostiene. Un gaucho apasionado por el deporte y la aventura.
