Soledad Barruti con sus dos libros
La reconocida autora de Malcomidos y Mala Leche revela que radicarse en el barrio Las Chacras cambió su mirada sobre la vida, la naturaleza y la alimentación.

En la quietud de Las Chacras de Ingeniero Maschwitz, donde los árboles se alzan como guardianes de historias y el verde lo cubre todo, Soledad Barruti (44) encontró algo más que un hogar, descubrió un refugio para su alma. En una conversación que podría haber sido un paseo por las sinuosas calles de la vida misma, la reconocida autora de Malcomidos y Mala Leche revela cómo una decisión casi casual la llevó a este rincón escondido, tan lleno de vida como de posibilidades. Alejada del bullicio de la ciudad, halló en la naturaleza la respuesta a muchas preguntas que se hacía, y no solo sobre la comida, sino sobre su relación con el mundo.

En esta entrevista exclusiva con DIA 32, la escritora y periodista no solo habla de su amor por un barrio que le dio la bienvenida sin hacer preguntas, sino que comparte su visión de un lugar donde el suelo, los árboles frutales y los vecinos son la verdadera fuerza que da vida a sus proyectos más personales. Un relato que es una invitación a mirar de cerca lo que nos rodea y a reconectar con aquello que realmente importa: la tierra, el tiempo y la gente.

“Yo creo que antes de elegir Maschwitz, tuve una expulsión de la Capital Federal”, se sincera. Y refuerza la idea: “O sea, la Capital Federal me expulsó. Y a partir de eso aterricé en Maschwitz. Llegué sin conocer realmente nada, nunca había estado. Mi relación con zona norte tiene mucho más que ver con Del Viso, más con la ruta 8 que con la 9”.

Sin embargo, ese descubrimiento fortuito de la localidad se convirtió en amor a primera vista. “Llegué muy a ciegas, por recomendaciones de personas que estaban viviendo o que conocían la zona y me decían ‘este lugar es para vos’. Y cuando pisé, dije ‘ah sí, realmente es para mí’”, recuerda sobre aquellas primeras impresiones, en agosto de 2023.

Soledad Barruti con un ejemplar de su libro Mala Leche
Mala leche. Su segundo libro se enfoca en la industria de los productos ultraprocesados.

Además, Barruti cuenta que su hija quería vivir en un lugar sin cemento y que, aunque aseguraba que no existían muchas posibilidades, se sorprendió al llegar a un sitio que tiene “calles de tierra, árboles enormes, mucho verde por todos lados y banquinas llenas de vida”. “Es un lugar muy vivo y me terminó enamorando”, describe sobre Maschwitz, al mismo tiempo que reconoce que lo que parecía una cita a ciegas, terminó siendo el pretendiente perfecto.

Sobre su experiencia de vivir en la localidad y el proceso de arraigo, Barruti señala que Las Chacras “es un barrio muy hermoso, repleto de gente muy copada”. Y agrega que lo que hizo más fácil su adaptación fue la comunidad: “El arraigue fue para mí lo más espectacular, aparte de la naturaleza que hay acá, tiene que ver con las personas”.

La autora no considera que haya sido un proceso fácil ni de cuento de hadas, pero destaca que es un barrio donde hay mucha voluntad de hacer comunidad. “Eso es algo que en esta época es más urgente que nunca”, subraya.

Además, al integrarse en el chat de Las Chacras, descubrió que tenía “unos 20 contactos que ya eran parte de mi vida y que ni sabía que vivían acá o que se estaban mudando”. A partir de ese momento, la conexión se afianzó, y encontró “cosas que ni siquiera sabía que buscaba”.

Una selva y un bosque

Al referirse a lo que halló en Ingeniero Maschwitz, que no le daba la ciudad, Barruti afirma que “es un lugar que tiene cosas que me gustan mucho y que deseaba mucho”, destacando especialmente “los vínculos comunitarios con ese deseo de ser construidos”.

La escritora cuenta cómo cambió su relación con la naturaleza desde que vive en la localidad y confiesa que hay algo del paisaje que le recuerda a la quinta de su infancia. “La naturaleza te agarra y te envuelve. Tiene algo muy de selva este lugar. A mí me gusta ir a la selva. Trabajo en distintos lugares de selva en Brasil y en Argentina. Y Maschwitz tiene eso. En este barrio, me siento como en esos lugares selváticos”, sostiene.

Además, explica que están trabajando comunitariamente en la idea de tener un barrio bosque, donde el entorno natural no solo es una referencia estética, sino algo que “transforma la psiquis” y guía hacia su defensa. Al mismo tiempo, resalta el compromiso de sus habitantes al involucrarse con la naturaleza de una manera “profunda, hermosa y necesaria”.

Sobre su experiencia de vivir en Capital Federal, recuerda cómo el árbol de la puerta de su casa, al que veía como una “criatura majestuosa” que debía defender. En contraste, afirma: “En Maschwitz tenés toda esa exuberancia maravillosa, que te lleva inevitablemente a un compromiso muy grande”.

Soledad Barruti y Darío Sztajnszrajber
Pareja. Soledad Barruti y el filósofo Darío Sztajnszrajber, con quien comparte proyectos.

Dos libros y otro por venir

Soledad Barruti describe cuál fue el momento en el que sintió que su primer libro, Malcomidos (2013) era el comienzo de un nuevo camino en su vida. Y señala que el trabajo sobre la comida, la alimentación y lo que eso representa, comenzó como una búsqueda personal antes que profesional.

Malcomidos, Mala leche y el libro que estoy escribiendo ahora sobre hongos, son trabajos que hago en relación a búsquedas que primero empiezan como búsquedas en mi vida. Como qué comemos, por qué, qué nos hace, qué es lo que eso construye o destruye del mundo”, enumera. Y aclara: “Todas esas preguntas me las hice primero como persona, antes que como periodista. Y fueron esos caminos a los que me aventuré para responder algo que me estaba siendo muy vital y muy necesario descubrir”.

Sobre su próximo proyecto editorial, adelanta: “Ahora estoy trabajando en un libro que hace más a nuestra relación con la naturaleza, con la tierra, con nosotros mismos y nuestras posibilidades. También surge de cosas que me van resultando enigmáticas y que necesito resolver porque hacen al sentido y al sin sentido de la vida”, dice.

“El libro que estoy escribiendo ahora todavía está muy en gestación como para contar profundamente de qué va. Pero tiene cosas de lo que podemos encontrar dentro del universo fungi. Qué cosas nos salvan y qué necesitamos encontrar”, comenta. Para ella, reconectar con la naturaleza y con quienes somos es fundamental para crear una vida más vivible. “Y los hongos son grandes guías”, asegura.

Soledad Barruti con ejemplares de sus libros: Mala Leche y Mal Comidos
Dos y otro en camino. Soledad Barruti publicó Mal Comidos (2013) y Mala Leche (2018).

En ese sentido, Barruti reconoce que su nuevo hábitat es una fuente de inspiración para su próximo libro. “En Escobar y en Maschwitz, en este barrio tan hermoso y abierto en que habito, encontré un montón de aprendizaje, sobre todo del reino de las plantas, de los animales y del fungi. Tiene una potencia y una enorme vitalidad este lugar, que me está guiando por un montón de caminos nuevos”.

Las Chacras, en particular, le aportó más de lo que hubiera imaginado: “Hay personas trabajando de manera muy consciente en defensa de los territorios, que saben un montón sobre el conocimiento de plantas nativas. Hacia eso estoy yendo, y es muy espectacular encontrar que las personas que están haciendo esos trabajos maravillosos que uno desea ver en el mundo son mis vecinos”.

La relación con Darío Z

Durante la entrevista la autora menciona el proyecto “Otro Mundo Posible”, en el que trabaja junto a su pareja, el filósofo y ensayista Darío Sztajnszrajber (57), conocido popularmente como Darío Z. Allí combinan filosofía, mito y fiesta.

Respecto a la posibilidad de crear “Otro mundo posible – versión Maschwitz”, señala: “Claro que en Maschwitz y en Escobar hay otro mundo posible. Y como todo otro mundo posible, hay muchas formas de habitarlo que están en disputa, algunas que buscan ser más afines a la tierra, a los humedales y a los animales con los que compartimos la vida y que existen ahí antes que nosotros”.

¿Cómo se come en Maschwitz?

Al ser consultada sobre qué observa en las verdulerías, en los mercados, en las escuelas y en los restaurantes de la zona, Soledad Barruti destaca varios proyectos que la entusiasman. “En el barrio tengo la suerte de tener un montón de emprendimientos muy copados como La Cañada, que ofrece alimentos orgánicos de producción local, y como Brotal, un restaurante donde se ofrecen comidas deliciosas en un entorno increíble”, señala.

Además, distingue varios hábitos de los escobarenses: “Hay un montón de vecinos y vecinas haciendo cosas ricas todo el tiempo, desde fermentados, panes y conservas, hasta comida macrobiótica. Es el paraíso”.

Antes de finalizar, DIA 32 le pregunta a la escritora si tuviera que escribir en la actualidad Malcomidos o Mala leche caminando solo por las calles de Maschwitz, ¿qué escenas concretas, personajes o situaciones entrarían en esos capítulos?

“Está todo rodeado de frutales. Es un barrio comestible. Y hay tantas nativas alrededor, que es un barrio lleno de plantas medicinales. Tenés entonces el supermercado y la farmacia. Así que haría un Bien comidos”, afirma.

La autora, en un escritorio con una biblioteca detrás
Aquerenciada La autora llegó a Maschwitz en 2023 y dice estar enamorada del lugar.

“En Escobar y en Maschwitz, en este barrio tan hermoso y abierto en que habito, encontré un montón de aprendizaje, sobre todo del reino de las plantas, de los animales y del fungi”.

Sobre el final de la entrevista, la autora apunta que en la zona abundan alimentos considerados “infantiles” y deja un consejo para las familias que quieren cambiar el hábito, pero no saben por dónde empezar. “Diría que metan la mano en la tierra, que estamos en un lugar privilegiado, lleno de sol, de agua, de unos suelos increíbles. Y que planten sus huertas con todo lo que pueda ser comido y bien vivido, para recuperar la soberanía alimentaria”, propone. “También que se involucren con este lugar, porque no podemos comer bien si tenemos una mala relación con la tierra y con nuestro entorno”.

“No se puede comer bien si no tenés la tierra bien, si no hay una cercanía con la estacionalidad y con el suelo. Y tenemos este lugar increíble que lo permite”, reflexiona Barruti, quien en su rincón de Maschwitz no solo cultivó una huerta, sino un nuevo sentido de pertenencia.

“No se puede comer bien si no tenés la tierra bien, si no hay una cercanía con la estacionalidad y con el suelo. Y tenemos este lugar increíble que lo permite”.

De esta manera, en un mundo que se mueve con una velocidad inusitada, la escritora propone una pausa para renovar la relación de la sociedad con lo natural y dar forma a un futuro más consciente. En sus propias palabras, como en sus libros, hay una invitación a mirar hacia adentro, pero también hacia el suelo que pisamos, para que el verdadero cambio comience con un simple gesto: poner las manos en la tierra.

FICHA PERSONAL

Una voz influyente

Nacida en Buenos Aires en 1981, Soledad Barruti es una figura clave del periodismo de investigación en el campo de la alimentación y el impacto de la industria sobre el mundo. Desde su primer libro, Malcomidos (2013), desnudó las oscuras prácticas detrás de la comida que consumimos a diario.

A través de su mirada aguda y su enfoque detallado, se posicionó como una de las voces más influyentes en América Latina sobre temas de nutrición, agronegocios y ecología.

Su carrera comenzó en el ámbito de los medios gráficos, escribiendo para importantes publicaciones como La Nación, The New York Times, Gatopardo y Anfibia. En paralelo, creó la red de periodismo latinoamericano Bocado, un espacio que reúne a periodistas y expertos en temas de alimentación y territorios.

Además, lleva su mensaje a los escenarios como conferencista, participando en foros nacionales e internacionales donde comparte su investigación y compromiso con la alimentación sana y responsable.

SUS DOS LIBROS

Malcomidos y Mala Leche

Su primer libro, Malcomidos (2013), es una investigación exhaustiva sobre el impacto de la industria alimentaria argentina, una crítica feroz al agronegocio y al sistema productivo que transformó la comida en un negocio global que afecta tanto a la salud humana como al medioambiente. La autora se sumerge en los sistemas de producción alimentaria, revelando historias de maltrato animal, contaminación y el avance del agronegocio en territorios indígenas.

Su investigación destapa las redes que entrelazan la corrupción, el cambio climático y la crisis alimentaria global, invitando al lector a reflexionar sobre los sistemas que sostienen nuestras costumbres de consumo.

Su segundo libro, Mala Leche (2018), se enfoca en la industria de los productos ultraprocesados, especialmente los destinados a los niños. En este trabajo, denuncia cómo las marcas utilizan todo tipo de estrategias de marketing para crear adicción a productos que son dañinos para la salud.

Barruti aplica un enfoque más personal, entrelazando su experiencia como madre con su investigación, profundizando en las injusticias del sistema alimentario global.

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