Vive al 100 de la calle Estrada, donde dos agentes de la Prefectura lo custodian desde hace ocho meses. Ni sus vecinos saben a qué se debe la insólita situación, sobre la que se tejen todo tipo de especulaciones. DIA 32 investigó el caso.
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Por FLORENCIA ALVAREZ
falvarez@dia32.com.ar

Desde el domingo 3 de febrero, dos agentes de la Prefectura Naval Argentina están apostados día y noche en una garita ubicada sobre la calle Estrada 122, entre San Lorenzo y Don Matías, a la vuelta del hospital Erill. Haciendo turnos rotativos de 24 x 48 horas, custodian al abogado Lucas Sebastián Millares (33), quien tiene su residencia y su estudio jurídico en el lugar. No lo dejan ni a sol ni a sombra: mientras uno de los efectivos lo sigue adonde quiera que vaya, el otro se queda vigilando la casa donde también viven los padres del letrado.

Por supuesto, la por demás inusual situación despertó en la ciudad todo tipo de comentarios y especulaciones, desde las más ingenuas hasta las más escalofriantes, tales como que Millares estaría amenazado de muerte por narcotraficantes o que estaría trabajado en una causa “muy pesada”. Ni sus vecinos más cercanos, con quienes casi no se relaciona, tienen noción de qué pasa a metros de sus casas. Pero la verdad dista bastante de lo que puede escucharse en el runrún de la calle, aunque no es menos sorprendente.

DIA 32 investigó el caso y descubrió que el abogado escobarense se encuentra procesado por integrar una asociación ilícita que se dedicaba a apropiarse de herencias vacantes. La causa, que está en manos de la jueza federal María Romilda Servini de Cubría, ya fue elevada a juicio oral y público.

Los simuladores

El modus operandi de la banda consistía, básicamente, en cuatro pasos. En primer lugar, una persona de avanzada edad, sin familiares directos o cercanos y solitaria, fallecía en la vía pública o en su vivienda particular. Contando con este dato, un individuo se presentaba, horas o pocos días después del fallecimiento, en la comisaría con jurisdicción en el lugar de los hechos. Presentando documentación falsa, se hacía pasar por pariente de la persona muerta. Así, conseguía ser el depositario judicial de los bienes y de la documentación. Finalmente, enajenaban los bienes falsificando la documentación necesaria.

La secuencia descripta forma parte del dictamen acusatorio elaborado por el fiscal federal Federico Delgado.

Todo estalló en enero de 2009, cuando María Máxima Moreno, una mujer que vivía solitariamente en un departamento de la avenida Santa Fe 1886 piso 12 “C”, en Recoleta, murió en la calle por causas naturales. Un hombre que dijo ser su primo se presentó doce días después en la comisaría 17º de la Policía Federal y reclamó sus bienes. La Justicia dio el visto bueno y así el falso primo, que se hizo llamar Alejandro Moreno, recibió el departamento con la documentación correspondiente y un Fiat Palio.

La espuria maniobra se descubrió cuando los hermanos de la mujer, que no eran demasiado allegados a ella, informaron a la Justicia que Alejandro Moreno no era su familiar.

Según la investigación del fiscal Delgado, la verdadera identidad de quien se hizo pasar por primo de la mujer fallecida es Ricardo Verdún, quien junto a Jesús Álvaro Rodríguez Giménez, Lucas Millares y Marta Angélica Molina están acusados y procesados por integrar una organización delictiva. Además, se cree que hay otras seis personas prófugas.

A partir de este caso, el fiscal y su equipo de investigadores descubrieron otros cinco hechos. Para eso analizaron 390 causas archivadas y caratuladas como “muertes por causas dudosas”, ocurridas durante el primer cuatrimestre de 2009. Así fue que determinó que esta era una “verdadera empresa criminal dedicada a beneficiarse económicamente -en forma ilegítima- con los bienes de personas fallecidas”.

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El papel del abogado

El rol de Millares en la banda habría sido falsificar y firmar los documentos públicos. Su situación es doblemente complicada, porque por medio de esos instrumentos no sólo habría estafado a quienes sí eran parientes cercanos de los fallecidos, sino también defraudó al juez para que dicte una sentencia errónea en cuanto a quien le correspondían las propiedades.

Por otra parte, hay testigos que afirman que él terminó viviendo en el departamento de la calle Santa Fe y no simplemente desempeñando tareas laborales, como afirma en sus declaraciones. El portero del edificio declaró en la causa que “el departamento no tenía un movimiento como si fuera una oficina, por ejemplo, apagaba la caldera a las 12 de la noche, o por las mañanas (Millares) salía a despedir a su novia”.

Además, el abogado está acusado de haber vaciado el inmueble, junto a Rodríguez Giménez, luego de haber tomado posesión del mismo. “La pluralidad de hechos con el mismo modus operandi demuestra un alto grado de planeamiento y cierta permanencia en el tiempo de la organización”, sostuvo el fiscal Delgado.

El joven “defensor de la ley” dice estar participando activamente en la investigación, aportando datos e información valiosa para demostrar su inocencia (ver recuadro). Es por eso que la jueza Servini de Cubría, quien lleva adelante la causa, le otorgó la custodia permanente.

Todos los acusados están procesados y esperan ser juzgados por un tribunal oral el próximo año. La Justicia tendrá la última palabra. Mientras, los dimes y diretes seguirán circulando por toda la ciudad.

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Lucas Millares: “Estoy en el medio de un gran quilombo”

Pese a encontrarse inmerso en una situación que podría llevarlo tras las rejas, Lucas Millares no dudó en acceder a una entrevista con DIA 32. “Quiero contar mi verdad”, afirmó el abogado al empezar la charla, en una mesa del restaurante ubicado frente a su casa, escoltado por uno de los prefecturianos que lo acompaña a todos lados.

¿Cómo llegó a relacionarse con la banda de Rodríguez Giménez?

Necesitaba trabajo, me había ido a vivir a Ciudadela para estar cerca de mi ex novia, que vivía en Caseros, y ahí conozco a una persona a través de la cual llego a Jesús Álvaro Rodríguez Giménez. Él me contrata para un estudio jurídico inmobiliario que tenía en sociedad con varias personas. Esto fue en diciembre de 2008 y mi relación con ellos se extendió hasta septiembre de 2009.

Dice que es inocente, ¿cuándo se dio cuenta de que estaba involucrado en hechos ilícitos?

En febrero de 2008 cambiamos de oficina a un departamento sobre la avenida Santa Fe, es el mismo que dio origen a la causa. Era un apoderamiento indebido que había hecho uno de los imputados, pero yo no tenía conocimiento de eso. Me cae una cédula a nombre mío para dar una declaración testimonial sobre estafas. Me presenté sin ningún problema, pero ellos no me mostraron los documentos de la investigación, porque si lo hubieran hecho yo hubiese visto que el formato de los testamentos y de las sucesiones eran similares a las que yo estaba trabajando. Declaré en agosto, pero la mayor parte de los trabajos ya los había hecho, inscripciones en el Registro de la Propiedad y demás. Es decir, ya había metido la pata.

¿Nunca vio o sospechó nada raro?

La verdad que no. Un día allanaron mi casa en Escobar y me llevaron detenido por cinco días. Desde el momento en que salí hasta hoy sigo investigando y descubrí toda una gama de gente a partir de esta persona. Obtuve un montón de datos que involucran hasta policías y funcionarios. Está demostrado que cuando este hombre me contrató ya sabía que era para ejecutar un trabajo de origen falso. Lamentablemente es lo que me toca vivir, me comí una injusticia. Uno mira para atrás y dice: “A mí no me pudo haber pasado esto”, pero me pasó. No me di cuenta hasta después, que recordé nombres, caras, apellidos, celulares, empecé a hilar y me di cuenta de que estaba metido en el medio de un gran quilombo.

¿Por qué tiene custodia permanente?

Es en base a una declaración indagatoria en especial, por el rigor y la información que brindé. Le manifesté a la jueza que yo pensaba que corría peligro de muerte, aunque no tengo miedo de que me maten, y como el fiscal Federico Delgado consideró que yo estaba aportando información muy valiosa, que involucra a gente realmente mafiosa, me otorgaron la custodia.

¿Cómo es su vida actualmente?

Después de todo esto me costó muchísimo retomar la abogacía, trabajar después de una cuestión que me lastimó mucho. Estuve con atención médica, psicológica, con ataques de pánico, fue salir adelante con mucho esfuerzo. Pero por suerte hoy estoy trabajando mejor que nunca.

¿Cuándo será el juicio y qué cree que va a pasar?

Estimamos que será a partir de septiembre del año que viene. Estoy convencido de que van a ver mis esfuerzos, que me presenté, que pedí declarar indagatorias en todas las causas conexas, presenté un montón de documentación, sugerí medidas de prueba. Con mi abogado, Patricio Poplavsky, creemos que me van a absolver y a aclarar la situación. O quizás haya alguna probation porque lo que no sé es cómo van a tomar el tema de la negligencia en mis firmas, porque yo no verifiqué la veracidad de los documentos, así caí. Lo que más quiero es estar sentado en el estrado, ante los jueces y fiscales, y que vean en mi cara si estoy mintiendo.

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