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VIAJE HISTORICO

Volver, 36 años después

Cuatro ex combatientes escobarenses regresaron a las Malvinas por primera vez después de la guerra de 1982 con Inglaterra. A la vuelta compartieron sus impresiones y vivencias con DIA 32.

Por FLORENCIA ALVAREZ
falvarez@dia32.com.ar

Con la sensación del viento del fin del mundo aún golpeándoles la cara, las emociones a flor de piel y el flashback fresco de la experiencia más fuerte que vivieron jamás, Eduardo Villar, Leoncio Ávalos, Carmelo Romero y Claudio Mediavilla -todos 55 años- reciben a DIA 32 en el Centro de Veteranos de Guerra de Escobar a menos de 48 horas de haber regresado de un viaje histórico a las islas Malvinas.

Apenas se enciende el grabador, Villar toma la palabra. En tono de disculpa cuenta que su participación en el conflicto bélico no fue en el campo de batalla, combatiendo con el FAL en la mano, sino en el “rancho de tropa” -la cocina-, preparando las comidas para el batallón, como si esa tarea hubiera carecido de importancia. Entonces, prefiere retroceder en el tiempo, a la época en que hizo el servicio militar junto a Ávalos, con quien se conoce desde hace añares.

“Ir a Malvinas durante la guerra no fue algo que hayamos elegido. Habíamos jurado la bandera, lo que significa defender la Patria hasta perder la vida”, explica, al tiempo que recuerda que estaba en su casa de baja y le faltaban diecinueve días para terminar la colimba cuando supo que tenía que presentarse en su cuartel. Se tomó un colectivo y durante meses no volvió.

Por su parte, Ávalos cuenta que estaba de baja desde el 23 de diciembre del ’81, ya había tomado las riendas de su vida y trabajaba en una empresa de construcción en Campana. Lo fueron a buscar a su domicilio y tampoco tuvo opción. A Mediavilla le faltaban quince días para terminar el servicio militar, quedó acuartelado y al mes partió a la guerra sin siquiera poder avisarle a sus padres. Romero sí pudo contarle a su familia que se iba a Malvinas: le permitieron escribir una carta. Le quedaba solo una semana de servicio, pero marchó a las islas.

Tenían la disciplina militar inyectada en la sangre: desertar no era una posibilidad. A ninguno de los cuatro se le pasó siquiera por la cabeza. Además, no sabían adónde iban ni qué tendrían que hacer. Claro que corrían algunos rumores, pero nada que se hayan tomado muy en serio. “Ni nosotros ni nuestros jefes pensamos que realmente íbamos a la guerra, si no hubieran pensado en mejores estrategias para la defensa de las islas y los ingleses no nos hubiesen atacado de la forma en que lo hicieron”, sostiene Ávalos.

Villar habla nuevamente. Lo primero que le viene a la retina es que al llegar les dieron raciones de comida enlatada: poca y fría. Alimentos que de nada servían contra un viento fortísimo y la llovizna continua. Antes que cualquier otra cosa, había que organizar la forma en que prepararían los refrigerios. La cocina no había llegado, estaba varada en el Formosa, un barco que tuvo problemas mecánicos antes de llegar a destino.

Debido a ese contratiempo, durante los primeros días cocinaron en dos tachos de combustible. Al de 200 litros le hicieron un agujero por donde pasaron fierros largos para sostenerlo sobre el fogón. Como no lo podían limpiar después de las comidas, a la mañana siguiente el mate cocido salía con grasa. Bien o mal, así los soldados accedían a comida caliente.

“Éramos una compañía de apoyo en combate y teníamos que estar retirados de la zona donde había acciones bélicas. Pero a nosotros nos cagaron a tiros desde el 1º de mayo hasta el día de la rendición”, describe.

 

La versión completa de este artículo se encuentra publicada en la revista DIA 32 de Abril de 2018.

Disponible en todos los puestos de diarios y revistas del partido de Escobar hasta el 3 de Mayo de 2018 inclusive.

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