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POR AHORA, UN ACUEDUCTO CON LA CANILLA CERRADA PARA EL DISTRITO

Agua para otros

La planta potabilizadora de AYSA proveerá el vital elemento a varios municipios del Conurbano. Pero Escobar, de donde se extrae el agua, aún no está entre ellos. Consecuencias de una red sanitaria que solo llega al 20% de la población local.

Por MARCOS B. FEDERMAN
mfederman@dia32.com.ar

Durante 2010, los vecinos de Ingeniero Maschwitz y del Paraná de las Palmas vieron alterado el paisaje al que estaban acostumbrados. La empresa estatal Aguas y Saneamientos Argentinos (AYSA), en conjunto con la privada Aguas del Paraná, está realizando obras por medio de las cuales se busca abastecer de agua potable a toda la Capital Federal y a diecisiete municipios del Gran Buenos Aires. La planta potabilizadora estará situada sobre la ruta 26, camino a Dique Luján, y llevará el nombre “Juan Manuel de Rosas”. Allí se potabilizará agua extraída del río Paraná, en Escobar.

El objetivo es “brindar una solución a la demanda de agua potable en todo el cordón norte del conurbano bonaerense”, según Aguas del Paraná. Los trabajos incluyen la construcción de la infraestructura necesaria para captar el agua del río Paraná a la altura del puerto de Escobar, transportarla hasta la planta, potabilizarla y acercarla a la ciudadanía.

La distribución del agua potable hacia los centros de consumo se realizará a través de tres acueductos que llevarán agua cristalina y saludable a Dique Luján, Benavídez, General Pacheco y Tigre. Uno de los acueductos pasará por Ingeniero Maschwitz, pero no beneficiaría a su población.

Promesa líquida

AYSA está funcionando al límite de sus capacidades. Existen dos plantas potabilizadoras similares a la que están construyendo actualmente. La histórica planta “San Martín”, ubicada en la Capital Federal, cerca del Aeroparque, y otra en Bernal, sobre la autopista a La Plata.

Hay urgencia para mejorar la provisión en algunas zonas que dependen de AYSA, como es el caso del partido de Tigre, donde el 50% de la población no tiene agua potable de red. Uno de los acueductos que proveerá de agua potable a esa gente pasa por Maschwitz y dejará instalada una enorme válvula desde donde se podría abastecer a decenas de miles de habitantes más.

La planta “Juan Manuel de Rosas” potabilizará una cantidad de agua superior a la que demanda Tigre. El excedente alcanzaría para, al menos, abastecer de agua potable a todos los habitantes maschwitzenses, siempre y cuando desde el Municipio se gestione la construcción de la red sanitaria.

Los anuncios oficiales sobre este tema han sido varios en el último año y medio. En Maschwitz, por ejemplo, algunos vecinos recuerdan una reunión de campaña organizada en junio de 2009 por el entonces candidato a concejal Esteban Beliera. En esa ocasión, escucharon al intendente y candidato “testimonial” Sandro Guzman prometer cloacas y agua corriente para la comunidad. Pero hasta el día de la fecha no existen indicios concretos de que la palabra empeñada será honrada con el inicio de las esperadas obras.

Según las estructuras legales y burocráticas del Estado, sería Aguas Bonaerenses (ABSA) y no AYSA la responsable de proveer de agua y cloacas a Escobar. Pero AYSA está dispuesta a proveer de agua potable a los habitantes escobarenses. “Es responsabilidad del Municipio y de ABSA la construcción de una red domiciliaria”, explicaron en AYSA a DIA 32. La inexistencia de ese conducto es lo único que impide que llegue a los hogares un agua potable que estará esperando encerrada en un enorme tubo, a pasitos de la estación de Maschwitz.

ABSA es una empresa cuasi-estatal. El 90% del paquete accionario pertenece al gobierno provincial y el 10% restante es del Sindicato de Obras Sanitarias. Presta servicios en 80 localidades pertenecientes a 62 partidos de la provincia de Buenos Aires, en un territorio de 150 mil kilómetros cuadrados.

Es evidente que la capacidad de esta empresa y de las autoridades locales, con las que debiera articular, no están a la altura de las necesidades de los habitantes a quienes pretenden servir. En el caso específico del partido de Escobar, solamente el 20% de los habitantes cuentan con agua corriente y cloacas, mientras la gran mayoría tiene zanjas en sus veredas y toma agua de pozo.

Agua purificada

La planta “Juan Manuel de Rosas” es construida en un predio de 16 hectáreas en Dique Luján. Permitirá procesar un caudal acuático de 1.200.000 metros cúbicos al día, el equivalente a 80.000 camiones cisterna. Esta cantidad de agua potable sería “suficiente para cubrir la demanda de aproximadamente 2,5 millones de habitantes”, según fuentes de Aguas del Paraná.

La toma de agua en el puerto de Escobar tendrá la capacidad de sacarle al río 1.500.000 metros cúbicos de agua al día, la cual será transportada hasta la potabilizadora a través de un túnel subterráneo de 3,60 metros de diámetro y 15 kilómetros de largo, construido con tecnología similar a la utilizada para la construcción del subterráneo de Roma. El túnel se construirá a una profundidad promedio de 20 metros.

Esta mega-obra tiene un costo total de 2.800 millones de pesos y es pagada íntegramente por el Estado Nacional con financiamiento proveniente de un préstamo aportado por el Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico y Social de Brasil (BNDES). La mayoría accionaria de Aguas del Paraná pertenece a Obedrech, una empresa brasileña.

Napas turbias

Hace treinta años las napas subterráneas eran fuente de agua cristalina y saludable. Hoy están contaminadas.

Actualmente Escobar no cuenta con un plan de urbanización que pudiera orientar el crecimiento demográfico hacia una sustentabilidad que implique, al menos, la provisión de los servicios básicos que garanticen la salud de los habitantes.

Olga Morido, de la ONG ambientalista Los Talares, explica que se está arruinando el recurso más valioso porque “existe una falta de control de las distancias mínimas entre el pozo negro y las perforaciones para la extracción de agua para beber. La proliferación de dúplex y edificios de dos y tres pisos empeora un panorama en el que es muy probable que hubiera contaminación bacteriológica en casi todas las perforaciones”.

Estas afirmaciones van acompañadas por la preocupación de muchos vecinos que hicieron analizar su agua en laboratorios. Morido explicó a DIA 32 que se han encontrado “altos niveles de manganeso que según algunos estudios está relacionado al Mal de Parkinson. Además, el agua tiene sarro, que provoca cálculos renales. Y no nos olvidemos de los nitratos y nitritos, provenientes de la contaminación de pozos negros y de suelos tratados con fertilizantes”. En definitiva, considera que “el agua que no ha sido tratada al menos con cloro u otro método desinfectante, no es potable”.

Ya en 1998 el gobierno de la provincia de Buenos Aires encargó un estudio de las napas de agua en el partido de Escobar y concluyó que estaban contaminadas con la bacteria ictericia collie, proveniente de la materia fecal humana. Los desechos de los pozos ciegos se habían filtrado hacia las napas.

Nancy Domínguez es médica epidemióloga y estuvo a cargo de la Dirección de Epidemiología del Municipio entre 2003 y 2004. Apenas asumió su cargo se dedicó a estudiar la calidad del agua que consumían los vecinos del partido. “De toda la zona norte del Conurbano, Escobar estaba al frente en enfermedades diarreicas en personas mayores de 5 años. Esto me dio la señal de que había una fuerte contaminación en el agua”, recuerda a esta revista.

En ese momento Domínguez vivía en Garín y fue en los colegios de su ciudad donde primero encargó se analice el agua. Las escuelas 5, 10, 19 y 24 no contaban con agua potable para los chicos. La contaminación provocó una epidemia de hepatitis que se extendió rápidamente y causó la muerte de una niña 20 días después de que la funcionaria fue obligada a renunciar. El gobierno municipal intentó mantener oculta la epidemia. Se vacunó masivamente a los chicos, pero no se buscó una solución de fondo.

El silencio oficial es una estrategia política de parte de las autoridades municipales. Se prefiere callar temas que puedan afectar la imagen pública del intendente, en lugar de enfrentar una problemática que puede matar a muchos de sus votantes. “Ya hubo una epidemia en el barrio de Lambaré de Maschwtiz en el año 2000, pero no se dijo nada”, apunta Domínguez.

Su alejamiento del cargo estuvo relacionado con las presiones que recibió cuando se encargó de divulgar la existencia de una epidemia de hepatitis A en 2004. Sus jefes le pidieron la renuncia para callar el escándalo y, según afirma, “no se hizo nada por potabilizar el agua de las escuelas. Es indispensable construir una red de cloacas y agua corriente para proteger a la población de un agua que hoy sigue contaminada. En Zárate hubo casos de meningitis a causa de la contaminación del agua de pozo. En Escobar puede pasar lo mismo”, advierte la especialista.

Derecho al agua

En junio de 2010, la Organización de las Naciones Unidas declaró el acceso al agua potable y los servicios sanitarios como un derecho humano inalienable. La iniciativa, que provino del gobierno boliviano liderado por Evo Morales, contó con el respaldo de 122 naciones y venció la oposición liderada por Estados Unidos y Gran Bretaña, países interesados en la comercialización de un bien que, a medida que se vuelva más escaso, será más redituable, de acuerdo a las reglas del libre mercado.

El Centro de Derechos Humanos y Ambiente (CEDHA) indica que “el Estado, en su rol de garante del goce y ejercicio pleno de los derechos de las personas sometidas a su jurisdicción, debe asegurar el acceso al agua potable por parte de todos los ciudadanos, sin distinciones de ningún tipo, asimismo debe comprometerse a vigilar el buen estado del recurso hídrico en su territorio, y abstenerse de realizar actividades nocivas que vayan en detrimento del mismo”.

Martín Mallo, responsable de la Comunicación Institucional de la constructora Aguas del Paraná, señala que “el agua es un servicio vital para el ejercicio de la ciudadanía. Es parte de otros beneficios sociales, económicos y culturales en el marco de una política integral de inclusión social”.

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