Junto a su hermana gemela, fue una figura emblemática de Canal 9 en los años ’60 y ’70, a muy corta edad. “A pesar de haber sido muy famosas, nunca se nos subieron los humos”, afirma la actriz.

Con apenas seis años, Noemí Serantes (65) se convirtió en una de las figuras infantiles más populares de la televisión argentina. El punto de partida fue cuando ella y su hermana gemela, Liliana, ganaron el concurso “Buscando a las mellizas” de Canal 9, organizado por Alejandro Romay, del que participaron seiscientas parejas nacidas en 1960, el año de creación de la emisora.

El certamen se realizó en el exitoso programa Sábados Continuados, que conducía Antonio Carrizo -competía con Sábados circulares, de Nicolás “Pipo” Mancera, en Canal 13-, y duró toda la temporada 1966. Ahí nacieron “Las mellizas Nu y Eve” -también conocidas como “Las Mellicitas de 9”-, un fenómeno que marcó a toda una generación y abrió una carrera que combinaría televisión, teatro, cine y producción artística durante más de cinco décadas.

Nacida el 6 de febrero de 1960 en Marcos Paz y criada en Mariano Acosta, en la provincia de Buenos Aires, Noemí Serantes construyó una extensa trayectoria como actriz, locutora y conductora. Ella y su hermana fueron las primeras mujeres en presentar el pronóstico meteorológico en vivo en la televisión argentina. A los 7 años ya formaban parte de esa pantalla, alternando la escuela con jornadas laborales en el noticiero del canal y en ciclos emblemáticos como La pandilla del tranvía, donde actuaban Ricardo Darín y Pablo Codevilla.

Con el tiempo, el género infantil las inspiró a escribir guiones, crear personajes y componer canciones, además de protagonizar obras teatrales y telenovelas que consolidaron su popularidad. Más tarde, ya en la década del ‘80, reemplazaron a Flavia Palmiero en el programa La ola verde, para luego mudarse a América TV y estar al frente de La magia de las mellizas e Informes x 2.

Liliana Serantes falleció en 2011, dejando un vacío gigante en su hermana. Más allá de este y otros dolorosos duelos familiares que debió transitar, Noemí no dejó el mundo artístico. Dio clases de actuación y oratoria y participó en distintos proyectos.

Su último trabajo en cine fue en la película Olaf (2020). “Fui inmensamente feliz durante esos cinco días de filmación”, afirma. Actualmente conduce Escenarios, un programa que se emite por On Radio todos los martes, junto a su hija menor, Melody.

Las gemelas en Escobar

La historia de las gemelas está íntimamente ligada con el partido de Escobar, donde echaron raíces de grandes. Sin embargo, la primera relación que tuvieron con este lugar ocurrió cuando eran muy pequeñas y desfilaron en una carroza de Canal 9 durante la Fiesta de la Flor. Hoy Noemí vive en el Club Privado Loma Verde.

Junto a su marido, Ricardo Leggire, Noemí empezó a construir una casa de fin de semana hace 24 años, que desde 2019 es su residencia permanente. Liliana había ya había tomado la misma decisión bastante tiempo antes. “Disfruté mucho de este lugar practicando tenis, pádel y compartiendo con la familia. Cuando todavía no vivía acá, llegaba los viernes a la noche y a la hora que fuera me ponía a regar. Todas las plantas que hay las planté con mis manos”, le cuenta, orgullosa, a DIA 32.

“Lili tenía dos hijos y yo tres: José (41), Daniel (37) y Melody (34), así que disfrutaron muchísimo de jugar, de los amigos, del deporte… Era muy lindo”, recuerda la actriz.

Hoy tiene otras actividades, como jugar al Buraco: “Solo que no me gusta que me pongan día y horario. Cuando falta una en el grupo de amigas, me avisan y voy”, confiesa. El country también le dio una posibilidad de trabajo: durante 20 años estuvo a cargo de la organización de fiestas y eventos y la contratación de espectáculos y cantantes.

-¿Por qué dejaste?
-Porque en un momento pasó un tsunami por mi vida y medio que me apagué. En 2010, a Liliana le diagnosticaron una enfermedad muy grave y al año siguiente falleció. Mi papá partió dos años después y mi marido en 2016. Tener un hermano gemelo es fantástico. Me hubiese gustado tener hijos gemelos para que tengan la experiencia que tuvimos nosotras. Comenzamos a hablar y a caminar al mismo tiempo… Hicimos la vida juntas.

-¿Qué cosas sorprendentes experimentaban por ser gemelas?
-Nos pasaban cosas increíbles. A los 5 años Liliana apareció herniada de la ingle del lado izquierdo: al otro día a mí me salió un globito en el mismo lugar. Nos operaron juntas de lo mismo. Otra vez fuimos de viaje a Los Ángeles y un día salimos de compras a uno de esos malls gigantes de precios más económicos, pero por separado: ella con su marido y yo con el mío. Ni nos mostramos lo que compramos. Ya de vuelta en Argentina, una noche nos juntamos los cuatro a cenar en el house del country y estábamos las dos vestidas iguales. Nos habíamos comprado el mismo conjunto Nike, del mismo color, todo exacto.

-Cuando eran chicas sí se vestían iguales…
-Sí, hasta la misma bombachita. A los 15 o 16 tuvimos que empezar a cursar la secundaria de noche porque de día trabajábamos, pero no nos dejaban ir vestidas iguales para poder distinguirnos. Hasta nos daba vergüenza salir distintas, no estábamos acostumbradas.

De todas maneras, nos las arreglamos para hacer de las nuestras. Liliana era zurda escribiendo, yo derecha. Cuando, por ejemplo, la profesora de Historia llamaba a una en la primera hora, sabíamos que en la siguiente llamaba a la otra. Entonces en el recreo íbamos al baño, nos cambiábamos la ropa y la misma volvía a dar la lección. Ella estudiaba una materia y yo la otra; nos turnábamos con las que no nos gustaban. 

Liliana una vuelta se llevó Física. Le dije que no se preocupara, que me presentaba yo. Como ella era zurda y Física se daba en el pizarrón, tenía que escribir. Entonces aprendí a escribir con la izquierda para poder dar el examen de mi hermana.

“Tener un hermano gemelo es fantástico. Me hubiese gustado tener hijos gemelos para que tengan la experiencia que tuvimos nosotras”.

-¿Qué perdiste con la muerte de Liliana?
-La mitad de mí. A mi hermana la lloré muchos años, pero hoy la recuerdo con enorme felicidad.

-¿Por qué crees que ganaron aquel concurso teniendo solo seis años y tanta competencia?
-Éramos muy frescas y, al mismo tiempo, muy inocentes. En los ensayos nos decían: “Digan algo dramático” y nosotras no sabíamos ni lo que quería decir dramático. “Bueno, digan ‘mamá murió’”, y nos daba un ataque de risa porque mi mamá estaba mirándonos por la ventanita de la puerta.

Me acuerdo que el premio era un millón de pesos y juguetes. Los juguetes los recibimos, el dinero no y nunca dijimos nada. Un día, ya más grandecitas, se lo reclamamos a Romay y nos respondió: “Ah, bueno, pero son famosas”.

-¿En algún momento ganaron mucha plata?
-Tuvimos épocas muy buenas que nos permitieron ahorrar, como del 69 al 80. Nosotras ya nos habíamos mentalizado que hasta no comprarle un departamento de tres ambientes a nuestros viejos, nada de novio, nada de casarnos, nada de nada… No paramos hasta lograrlo.

-¿Alguna vez se la creyeron?
-A pesar de haber sido muy famosas, nunca se nos subieron los humos. Si hubiera sido así, mi mamá nos hubiera bajado de un hondazo, porque ella era muy recta.

-¿Cuándo dejaron de ser niñas obedientes y se revelaron?
-Estábamos en un programa de Canal 9 y pedimos dos días libres porque nos ofrecieron ir a Chile para el lanzamiento de un producto capilar. Teníamos un cabello hermoso nosotras, y no nos dejaron. Las dos nos miramos y dijimos: “Renunciamos”. Así, de golpe, somos descendientes de vascos. Viajamos a Chile y disfrutamos un montón. Siempre con mi mamá, que no nos dejaba ni a sol ni a sombra.

-¿De grandes se “aprovecharon” de ser iguales?
-Alguna nos mandamos. Liliana hizo muchas más novelas que yo, era muy buena; yo hacía más comedia con Darío Vittori y esas cosas, aunque las dos hacíamos de todo. Una vez, para la novela La cruz de papel, había un autor puertorriqueño que sí o sí la quería a Liliana, pero ella estaba trabajando con Luis Gallo Paz para sus producciones. Los productores intentaron convencerlo de que me tomara a mí, que teníamos la misma escuela, que éramos iguales, pero él no quería y no quería. Entonces me vienen a hablar y me preguntan si tenía problema en comenzar a filmar y grabar figurando como Liliana.

Yo contesté que no tenía problema. Después de estar dos meses grabando la novela, le preguntaron al autor: “¿Qué te parece el personaje de Patricia?”. “Espectacular, Liliana es maravillosa”, respondió. Y ahí le dijeron que no era Liliana, que era Noemí, y me aceptó. Pero no podía creer que lo hubiéramos engañado.

“A pesar de haber sido muy famosas, nunca se nos subieron los humos. Si hubiera sido así, mi mamá nos hubiera bajado de un hondazo, porque ella era muy recta”.

-Con los novios, ¿cómo hacían?
¡Nos gustaban los mismos! Estábamos las dos enamoradas del coreógrafo Juan Emilio Guidobono y una noche, en una fiesta en Pinar de Rocha, me puse a bailar con él. A mí me gustaba mucho bailar: rock, carnavalito, lo que sea. En un momento voy al baño y me la encuentro a Lili llorando. Resulta que ella también estaba enamorada de Juan Emilio. Le dije: “No te preocupes, yo quedé en encontrarme con él mañana en el barcito del canal, vas vos en mi lugar y listo”.

Yo sabía que juntas quizás nos podía distinguir, pero separadas no. Y así fue que Lili empezó a salir con él. A los seis días se fue a Brasil. La relación siguió por cartas dirigidas a Noemí. Cuando volvió, le dije: “Juan Emilio ¿por qué decís que estás enamorado de Noemí si estás saliendo con Lili?” Y él respondió: “Es que las quiero a las dos”. Nos reíamos con esas cosas. Después seguimos siendo todos muy amigos.

-¿Alguna vez les hicieron alguna propuesta indecente?
-No muchas, una vez nos ofrecieron hacer fotos para la revista Penthouse, no desnudas, con camisas abiertas, pero juntas. Era mucho, pero mucho dinero. Dijimos que no, porque nuestra carrera no fue mostrar físico o vender sexo. Era como tirar tantos años por la borda. Me hubiera dado vergüenza hasta que mi papá me vea.

-¿Te arrepentís?
-Y… (se ríe). Capaz que hoy, a esta edad, me arrepiento. Pero no, no, siempre nos debimos al público. Lo que sí me duele y me da un poco de bronca es que no hemos parado de trabajar en muchísimos años; cine, teatro, televisión, publicidad y hoy, con 65 años, no tengo ni jubilación.

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