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ESCOBAR Y LAS FLORES

Identidad marchita

Por razones económicas, sociales y culturales, la producción local está reducida a su mínima expresión y a punto de desaparecer. ¿El mote de Capital Nacional de la Flor ya le queda grande?

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Por DAMIAN FERNANDEZ
dfernandez@dia32.com.ar

La primavera está a punto de comenzar y junto con ella, casi de la mano, la Fiesta Nacional de la Flor abrirá sus puertas para celebrar su 55ª edición ininterrumpida. De más está decir que el enorme predio de la calle Gelves sacará a relucir su particular encanto y ofrecerá pabellones ornamentados con las flores y plantas más hermosas y coloridas. Pero también es cierto, aunque cueste y duela decirlo, que los vecinos seguramente no atiborrarán las boleterías ni mucho menos los visitantes colapsarán cada tren que llegue a la ciudad, como solía ocurrir en las mejores épocas. No se trata de una novedad, pero sí de un tema que vale la pena profundizar.

La relación de Belén de Escobar con la floricultura nació hace casi noventa años, cuando tres inmigrantes japoneses llegaron a estas tierras para ganarse el pan y progresar en la vida. A diferencia de los otros recién llegados, Suejiro Hisaki, Kuhei Gashu y Tsuneo Honda ya sabían muy bien de qué manera iban a lograrlo: cultivando flores de corte, que son las que se venden en ramos, bouquets, arreglos y coronas, entre otras presentaciones. Un oficio que traían consigo desde el Lejano Oriente. Y la idea prendió tan rápido como las primeras semillas que arrojaron.

A partir de entonces, sus familiares, amigos y allegados empezaron a desembarcar en el Puerto de Buenos Aires con la misma intención. Es así que, casi sin proponérselo, estos pioneros empezaron a gestar la colonia japonesa del entonces pueblo de Belén y, lo que es mucho más importante, a germinar uno de los centros productores de flores más importantes del país.

A San Miguel, José C. Paz y La Plata también arribaron muchos nipones que se dedicaron a esta actividad con una misma dinámica: el recién llegado empezaba a trabajar en el cultivo de un coterráneo, aprendía el oficio y después ese patrón lo ayudaba a independizarse. Pero Escobar tenía una ventaja fundamental con respecto a las otras plazas: el ferrocarril, que llegaba a Retiro, donde se vendía la producción de flores desde principios de la década del ‘30 hasta 1951. Primero en La Recova, y luego en “El Palacio de las Flores”, sobre avenida del Libertador.

“La gente traía los carros con los canastos de flores a la estación, se subía al furgón, iba a vender y después volvía. Así fue el inicio. Y se producían todo tipo de flores: claveles, rosas, crisantemos, etcétera”, recuerda a DIA 32 Tetsuya Hirose (80), continuador de uno de los primeros cultivos de la zona.

 

La versión completa de este artículo se encuentra publicada en la revista DIA 32 de Septiembre de 2018.

Disponible en todos los puestos de diarios y revistas del partido de Escobar hasta el 4 de Octubre de 2018 inclusive.

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