Ser adicto a la bebida destruye a la persona y a su entorno. Pero hay un camino para quienes tengan voluntad de recuperarse. Testimonios y experiencias de Alcohólicos Anónimos en Escobar.

por ROCÍO M. OTERO
rotero@dia32.com.ar

Me di cuenta de que me había quedado solo. Tenía que hacer algo”. Con esa expresión, un adicto al alcohol resume diez años de idas y vueltas, de laberintos interminables con salidas mentirosas, y el primer paso de una recuperación difícil pero no imposible.

Todavía tiene fresco en su retina el momento del quiebre, esa situación que lo obligó a recapacitar. “Fue cuando mi nena de 2 años me dijo que ella tenía dos papás: uno bueno y el mismo que a veces no era tan bueno. Como todos, al principio, pensé que era algo normal, que yo controlaba al alcohol, pero tuve que asumir que ya era al revés”, cuenta Miguel (46). Y culpa a “esa maldita filosofía que tenemos todos de pensar que a nosotros jamás nos puede pasar, hasta que nos pasa. Y de a poco te vas a enredando en un círculo vicioso del cual cada vez es más complejo salir”.

“Todos me lo decían: mi familia, mis amigos, pero no los quería escuchar, no me interesaba. Y empecé a juntarme con falsos compañeros, que le decían a mis oídos palabras solamente lindas. El mundo estaba equivocado y yo tenía razón, ese era mi pensamiento. Cuando ese mundo que yo mismo alejaba ya no hacía esfuerzos para acercarse a mí, tuve que asumir que el del problema era yo”.

Después de aquel click, Miguel empezó su rehabilitación concurriendo todas las semanas a las reuniones de Alcohólicos Anónimos (AA). “Me ayudó tanto que es difícil expresarlo con palabras. Nunca me voy a olvidar de la primera reunión a la que fui. Estaba con unas ojeras terribles, el pulso me temblaba y la barba de días sin afeitar me picaba. Tenía miedo, terror. Pero fui y acá estoy, meses después, pudiendo hablar del tema, pero sobretodo pudiendo hablar”.

“Ahora vivo mejor, me siento mejor, me veo mejor. Pero soy consciente de que uno nunca está exento de una nueva recaída. La recuperación es un camino eterno, que se construye todos los días”, explica a DIA 32 mientras se pone su ambo blanco para ir al hospital donde trabaja hace casi 30 años.

El caso de Miguel, por supuesto, no es el único. En la misma vereda se encuentra Joaquín (52), de oficio albañil, quien desde 2007 concurre regularmente a las reuniones de AA. “Siempre tomé alcohol, desde chico, jamás pensé que podía ser adictivo y mucho menos que podía llegar a transformar a una persona tanto que la convierta en dos seres distintos alojados en el mismo cuerpo. Una madrugada llegué a mi casa, donde vivía con mis hijos adolescentes y mi mamá, y empezamos a discutir. No sé qué me pasó, se me fueron las cosas de las manos, se me nubló la vista y cuando reaccioné la tenía a mi vieja tirada en el piso, toda lastimada”, recuerda.

Fue esta experiencia la que lo hizo bajar a una realidad que esquivaba y darse cuenta de que la bebida se había apoderado de él, tanto que el viejo Joaquín solamente yacía tímido en alguna parte de su cuerpo, ya casi sin ver la luz del sol. El nuevo ser opacaba su presencia a diario.

“Lo que más me costó fue poder perdonarme. Jamás traté de justificarme y ahora, que pasaron los años, me sigue viniendo a la cabeza aquella imagen y quiebro en llanto. ¿En qué me convertí?, me pregunto. Todavía todo me es muy complicado, a veces siento que gané, que lo controlé, que ya está, que el alcohol dejó de ser un peligro, pero sé que no es cierto. Un vaso puede hacer que todo vuelva a comenzar”.

Miguel y Joaquín no se conocen. Pero sus vivencias, como las de otros tantos, son las de enfermos alcohólicos que luchan para no volver a caer en las garras de este enemigo líquido, que los acecha y los espera. “Asumirnos como enfermos y buscar ayuda es el primera manera de empezar a querernos de vuelta a nosotros mismos. Salir, uno no sale nunca, lo intenta todos los días y cada hora que pasa es una nueva guerra ganada. Nosotros no contamos en meses el tiempo que llevamos sin tomar, lo contamos en días, porque un día implica muchísimo esfuerzo”, explica Miguel.

Hay un lugar

Alcohólicos Anónimos es una organización mundial de hombres y mujeres que se ayudan unos a otros a mantenerse en sobriedad, compartiendo sus experiencias. Esta organización funciona en 150 países a través de unos 100 mil grupos locales. En todas las localidades del partido de Escobar hay grupos de AA.

Muchas veces, cuando una persona está tan involucrada en un problema que lo adopta como cotidiano, es muy complejo ver las magnitudes y connotaciones reales que tiene. Para estos casos se encuentra este grupo gratuito y anónimo, que hace dar cuenta que no se está solo en el mundo, que muchas personas más sufren en silencio el mismo problema y que la contención y la recuperación, siempre y cuando se parta de la propia voluntad, son posibles.

En las reuniones, entre mates y bizcochitos, los asistentes comparten experiencias, se desahogan, se escuchan, quiebran en llanto y vuelven a empezar.

Cuando una persona sufre problemas de alcoholismo, es normal que la enfermedad también afecte a su entorno. Por eso, nace hace ya más de cinco décadas nació Al-Anon, un grupo que se encarga de brindar apoyo a aquellos afectados por el beber compulsivo de un familiar o amigo. A su vez, también existe un grupo destinado a jóvenes de entre 12 y 20 años cuyas vidas hayan sido afectadas por el alcoholismo de alguien cercano. Su nombre es Alateen.

Las adicciones son como un mar que erosiona una piedra de a poco. Al principio sus daños no se ven, pero con el tiempo las secuelas son tan grandes que pueden llegar a consumirla hasta hacerla desaparecer. Nadie está exento. El punto de inflexión es descubrir el problema, asumirlo y afrontar ese largo pero al fin gratificante camino de la rehabilitación, que le permitirá al enfermo volver a tomar las riendas de su vida. Y demostrarse que nunca es tarde para empezar de nuevo.

Los “Doce Pasos”

El programa que Alcohólicos Anónimos sugiere para la recuperación se denomina “Doce Pasos”. Cada uno de ellos está destinado a una parte específica del tratamiento y es importante cumplirlos ordenadamente y con disciplina.

El primero de esos pasos es admitirse como vulnerable al alcohol, mientras que el último es poder difundir el mensaje y lo aprendido a otras personas que sufran los mismos problemas. Así se va conformando una cadena en la que los “recuperados” ayudan a los recién llegados a traspasar la dura experiencia de vencer a la bebida.

La organización aclara que el programa no garantiza una recuperación unificada ni homogénea para todos los enfermos, ya que hay casos particulares en los cuales el tratamiento se debe complementar con asesoramiento profesional.

Contactos con AA

Grupo Escobar: Hospital Erill (Tapia de Cruz y Gelves). Miércoles a las 18.30 y sábados a las 19.30.

Grupo Garín: Iglesia San Cayetano (Elcano y Falco, barrio La Loma). Lunes, miércoles y viernes, de 19.30 a 21.00. Reunión abierta: los terceros miércoles de cada mes.

Grupo Maschwitz: Parroquia San Antonio de Padua (entrada por calle Falucho). Martes, jueves, viernes, sábados y domingos a las 19.30. Reunión abierta: el primer domingo de cada mes.

Grupo Maquinista Savio: Parroquia Inmaculada Concepción (Pedro Nieto y Portugal). Martes y sábados a las 19.30. Reunión abierta: tercer sábado de cada mes.

Grupo Matheu: Parroquia San Juan Bautista (Ruta 25 y Alem). Lunes y jueves a las 19.30.

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