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IRENAIKA

Un oasis escondido

Naturaleza, espiritualidad y belleza arquitectónica se combinan en las 14 hectáreas de un complejo casi oculto en la calle Mendoza. La historia de su fundador, el espíritu original y un presente multifacético.

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Por Sofía Moras
smoras@dia32.com.ar

En la calle Mendoza existe un lugar donde cualquier persona, sin distinción de sexo, etnia ni religión, puede disfrutar de un grato momento de sosiego y paz. No es el Quo, ni el Mercado, ni el Jardín Cervecero; se trata de un espacio que existe mucho antes que el corredor gastronómico y que nació con un sentido específico muy distinto.

Cruzando las vías, de mano derecha, escondido entre árboles centenarios, aparece Irenaika, un predio de 14 hectáreas con una particular arquitectura de la que poco puede advertirse desde el exterior. Su sencilla fachada nada sugiere sobre las bellezas que pueden verse al entrar.

El artífice de este emprendimiento fue el presbítero Fidel Horacio Moreno, fallecido en noviembre de 2006 y también creador de la Fundación Conciencia y Ciencia. “Irenaika Ville”, inaugurado en 2002, fue pensado para llevar a cabo la misión espiritual que él proponía, centrada en un abordaje integral del hombre: cuerpo, mente y espíritu como un todo. Hoy la continuidad del proyecto está a cargo del sacerdote Juan Pablo Jazminoy, párroco de la Iglesia de Fátima, en Martínez.

El corazón del inmenso predio es la capilla. Senderos arbolados conducen a este sitio sagrado, que se presenta como un torbellino ascendente. Puertas adentro, la luz cálida permite contemplar cada rincón indefinido, sin ángulos rectos. El espacio ofrece múltiples composiciones de acuerdo al ángulo en el que se sitúe el observador. Hay quienes aluden a este lugar como obra maestra u ópera culminante del arquitecto Claudio Caveri, llevada a cabo entre los años 2000 y 2002.

En el camino al templo, una placa de mármol evoca al padre Moreno. No solo sus restos descansan allí: la intención respecto a la diversidad de culto que él promovió durante toda su vida también se preserva a la hora de definir las actividades que hoy se llevan a cabo.

Irenaika es un término derivado del griego y del latín tardío que refiere a la paz, a la conciliación. El “irenarca” era el destinado a cuidar de la paz y la tranquilidad del pueblo. Esa, precisamente, es su misión en Maschwitz.

Naturaleza transformadora

Si bien el predio no reluce como en sus primeros años, el potencial de las instalaciones está a la vista. El cuerpo central cuenta con 48 habitaciones dobles con baño privado, aire acondicionado y vista a tres jardines en claustro; hay 6 salones, un amplio comedor, auditorio con capacidad para 250 personas y un oratorio ecuménico que invita a la meditación y al recogimiento.

No falta tampoco el área de servicios de fitness y relax, el salón de usos múltiples con piso flotante, una pileta de natación cubierta y climatizada y otras dos al aire libre. Los amenities también incluyen duchas escocesas y finlandesas, sauna, baño turco, jacuzzi y los gabinetes para masajes con vestuarios.

En la actualidad continúan los retiros espirituales que impulsó el padre Moreno, pero el espectro se amplió a múltiples actividades: convenciones, capacitaciones y lanzamientos empresariales, casamientos y eventos en general. Incluso, en enero y febrero el predio abrió sus puertas a los chicos de las colonias de verano del Municipio. La única condición para quien ingrese a Irenaika es no perturbar la tranquilidad del entorno.

De la mano de este cambio de perfil, desde 2014 el complejo es administrado por Mario Rizzi (60), un ex futbolista a quien los hinchas de San Lorenzo seguramente recordarán por haber convertido el último gol azulgrana en el Viejo Gasómetro, en 1979. “La idea es orientar este lugar a lo deportivo. En 40 años de profesión es el mejor espacio que vi para que los jugadores concentren y se preparen para un partido de fútbol. La naturaleza de este lugar te transforma. Hay una gran diferencia con un hotel”, le cuenta a DIA 32.

Al mismo tiempo, resalta: “Somos muy cuidadosos respecto del sentido de fe que el padre Moreno le quiso dar al predio. Más allá de la religión a la que pertenezcan, todos están invitados a descubrir este lugar maravilloso”.

EL CREADOR DE LA “DINÁMICA MENTAL”

El padre Moreno (1918-2006) se recibió de doctor en Leyes y Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires. También obtuvo un doctorado en Ciencias Políticas, una licenciatura en Filosofía y Teología y otra en Teología Pastoral. Participó en la apertura de varios institutos, fundaciones, residencias y otras entidades para el bien de la comunidad. Su preocupación por el hombre abordado integralmente lo condujo a implementar una práctica a la que llamaba “Dinámica Mental”, basada en la autoreflexión y meditaciones guiadas. Del mismo modo, su voluntad de promover la unidad entre todos los hombres y el respeto por la diversidad de cultos lo impulsó a participar de innumerables misiones. Luego de 60 años de sacerdocio inauguró Irenaika, un ambiente de paz para que todas las personas logren restablecer la armonía perdida.

UN ARQUITECTO CON ESTILO PROPIO

Claudio Caveri (1928-2011) fue un arquitecto que lideró el movimiento de “casas blancas”, que buscaba definir una identidad argentina en el modo de construir y recreaba elementos de la arquitectura colonial. Tuvo su apogeo en la segunda mitad de los años 50, cuando realizó obras emblemáticas como la casa Urtizberea (1956), en San Isidro, y la conocida iglesia Nuestra Señora de Fátima (1957), en Martínez, junto a Eduardo Ellis. Desde un horizonte propio, asumió “lo popular y lo pobre” como un valor. “No hay pensamiento sin suelo y que no hunda los pies en un lugar”, solía decir el diseñador de Irenailka, un profesional a quien se recuerda por haber eludido siempre las formas establecidas.

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