Una noticia alarmante comenzó a circular en las últimas semanas: el agua de pozo que se consume en más de quince municipios bonaerenses está contaminada con arsénico. Escobar, donde solo un cuarto de la población cuenta con agua de red según el censo de 2022, es uno de esos distritos.
El arsénico es un elemento químico de origen natural sumamente peligroso. Si bien suele ser utilizado en medicina, su consumo sostenido implica un grave riesgo para la salud. De hecho, existe una enfermedad llamada Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE).
Según la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), si no es tratada puede generar patologías como cáncer de pulmón y de laringe, tos crónica y fibrosis pulmonar. Su absorción puede ser por tres vías: digestiva, inhalatoria y cutánea.
El revuelo por la presencia de arsénico en el agua se suscitó a partir de noviembre, cuando el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) publicó un informe a partir de 350 muestras enviadas voluntariamente a su Laboratorio de Ingeniería Química por personas de diferentes puntos del país.
Con esas muestras el ITBA confeccionó el Mapa de Arsénico -lo viene haciendo desde 2011-, donde el color verde indica que no hay peligro, el amarillo que la zona está al límite y el rojo, alerta máxima. Este último aviso se detectó en dieciséis municipios de la provincia, entre otras zonas del país, donde se midieron niveles del metaloide que algunos casos duplican o triplican lo admitido por el Código Alimentario Argentino, que es de 50 microgramos por litro -la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un máximo de 10-.
Distritos como Guaminí (295 mcg/l) alcanzan los niveles más elevados, mientras que 9 de Julio (72 a 165), San Vicente (163) y el Partido de la Costa (147) triplican lo permitido. En alerta roja también se encuentran Mercedes, General Rodríguez, Cañuelas, Monte, Roque Pérez, Chivilcoy, Azul, Villarino, Almirante Brown y Ezeiza.

En el caso del partido de Escobar, el estudio tomó como referencia dos puntos de muestreo con diferencias apreciables. Uno es un pozo ubicado sobre la calle General Paz, en una zona residencial próxima a los barrios Fincas de Maschwitz y Nuevo Maschwitz. La medición, efectuada en abril de 2025, registró 71 mcg/l.
El otro pozo analizado se encuentra sobre la calle Larrea, en un sector de viviendas familiares próximo a la avenida San Martín, en Belén de Escobar. La medición, realizada en enero de 2025, registró una concentración de 18 mcg/l, un valor que se encuentra dentro del rango de precaución.
Provincias como Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Santiago del Estero, Salta y Chaco también están comprometidas. Se calcula que ocho millones de argentinos consumen agua con altos valores de arsénico.
El dato es más que preocupante, ya que significaría reorganizar la vida cotidiana de miles de hogares donde el agua que sale de la canilla no serviría ni para beber ni para cocinar. Algunos, incluso, se atreven a decir que ni para bañarse o regar huertos donde se cultivan alimentos para consumo humano.
Un problema milenario
La problemática no es nueva: se detectó hace décadas en nuestro país y en diferentes lugares del mundo. Según un estudio del CONICET de 2006, todo comenzó hace más de 50 millones de años, producto del movimiento de las placas tectónicas que formaron la Cordillera de los Andes.
Durante el proceso se emitieron a la atmósfera grandes cantidades de cenizas volcánicas con alto contenido de arsénico y flúor, que actualmente forman parte del sedimento de los acuíferos o napas. El arsénico es el principal contaminante natural del agua subterránea.
Un grupo de científicos desarrolló un sistema bastante básico que permitía que algunas comunidades que viven aisladas en provincias como Salta o Chaco pudieran eliminar algo de las tremendamente elevadas cantidades de arsénico del agua de pozo. En otras localidades, como en La Plata, también se hicieron algunos ensayos. Pero ninguno resultó ser una solución definitiva.
El agua de red es casi un lujo para las zonas suburbanas y ni que hablar comprarla embotellada. A partir de que se conoció el informe del ITBA, se desató una especie de psicosis en las poblaciones afectadas. Y con toda razón: hay muchas dudas y pocas respuestas. El agua es fundamental para casi todos los aspectos de la vida humana; desconfiar de ella es como sospechar de la calidad del aire que se respira…

Aguas seguras y dudosas
La empresa Agua y Saneamientos Argentinos S.A (AySA) emitió un comunicado donde asegura que el agua que distribuye no representa riesgo alguno para la salud ya que “las concentraciones de arsénico se encuentran por debajo del valor regulado”.
“La calidad del agua distribuida es uno de nuestros principales compromisos. Por eso, se monitorea minuto a minuto y es sometida a rigurosos análisis de laboratorio, lo que asegura el control permanente en todas las etapas de producción, desde la captación en el río hasta la distribución domiciliaria”, detalló la empresa.
En el partido de Escobar, la cobertura de agua de red alcanza al 27,6% de la población, según el censo de 2022. Es decir que las tres cuartas partes de los escobarenses están expuestos al riesgo de tomar agua contaminada con arsénico.
El nivel de alarma que provocó el informe del ITBA fue tal que, semanas después, el Consejo Hídrico Federal (COHIFe) se reunió en Mendoza para analizar el tema. La conclusión fue descalificar de lleno el Mapa de Arsénico, alegando que carece de las “condiciones técnicas, científicas, metodológicas y documentales necesarias” para ser válido.
El COHIFe destacó que la información presentada no cumple con los estándares exigidos por organizaciones internacionales como la OMS o IRAM, y criticó la falta de control en la recolección y análisis de las muestras de agua. Entre otras cuestiones, señalaron que no existió una adecuada cadena de custodia de conservación ni se dieron a conocer detalles cruciales como las coordenadas exactas o las profundidades de las fuentes de donde fueron obtenidas.
Un documento que dejó más incertidumbres que certezas, ya que no informa sobre la situación real de quienes consumen agua de pozo domiciliario ni propone medidas para ir más a fondo sobre lo aseverado por el ITBA.

Repercusión en Escobar
Frente al impacto que generó la divulgación del Mapa de Arsénico, desde el Municipio no aportaron mayor información ni precisiones técnicas sobre la calidad del agua de pozo que se consume en el partido de Escobar.
“Valoramos la resolución del Consejo Hídrico Federal, que representa una información técnica oficial sobre el tema. Es un organismo que depende de Nación y representa a todas las provincias en lo que respecta al agua. El informe del ITBA fue hecho por estudiantes, con una o dos muestras por partido, tomadas sin protocolos válidos según normas internacionales y con eso armaron el Mapa de Arsénico nacional, que está muy flojo de papeles”, expresaron ante la consulta de DIA 32.
Además, agregaron que el intendente Ariel Sujarchuk pidió un informe sobre el tema a nivel local para recabar más información. En eso están trabajando las áreas de Escobar Sostenible, Infraestructura, y Espacios Públicos.
No obstante, hay estudios que demuestran que en Escobar la presencia de arsénico en el agua es real, y que sus niveles duplican el recomendado por la OMS (ver recuadro).
Los filtros comunes, gracias a los cuales mucha gente siente que está consumiendo agua segura, no sirven para filtrar este tipo de elemento. Solo son efectivos los equipos de ósmosis inversa, que cuestan alrededor de un millón de pesos y cuyo mantenimiento es caro. La otra opción es el agua embotellada, pero, además de significar un golpe al bolsillo, no todas son confiables. Por otro lado, el ITBA ofrece análisis de agua gratuitos para los ciudadanos en general, para eso hay que completar un formulario en su sitio web.
En definitiva, la presencia del arsénico en agua parecería ser un laberinto con una salida muy difícil de encontrar si no es con la ayuda de quienes tienen la responsabilidad de velar por el bienestar de las sociedades. Que las obras de ampliación de la red de AySA en Escobar estén prácticamente paralizadas es todo lo contrario a una solución posible.

ANDRÉS SCHIAGNO
El proceso para sacarle el arsénico al agua envasada
Andrés Schiagno es licenciado en Comercialización y trabaja en la empresa Szykula Aguas Escobar, que elabora productos bajo normas IVESS y es la principal distribuidora de agua envasada en el distrito. Le sobra conocimiento sobre este tema y no duda al dar su veredicto.
“En el agua de pozo de Escobar hay el doble de arsénico de lo permitido por la OMS. Tiene que ver con la cuenca subterránea que nos toca a nosotros, que es el acuífero Puelche”, sostiene, al tiempo que señala que la presencia de nitratos es otro de los graves problemas del agua local.
Esto surge de los análisis que realizan periódicamente tomando muestras de una perforación semisurgente: “Es como un análisis de sangre. En el estudio de agosto último, por ejemplo, el primer examen dio en arsénico 21,6 mcg/l, cuando el límite tolerado por la OMS es de 10 mcg/l”, le cuenta a DIA 32.
A partir de ahí realizan tratamientos físico químicos para quitarle al agua las partículas; no es un tratamiento bacteriológico para matar bacterias. “Se hace con una máquina de ósmosis inversa que filtra muy, muy chiquito. Todos los filtros que van a la canilla no bajan los metales porque son más que nada de sedimentos y, aparte, un caldo de cultivo de bacterias. Para eso es preferible tomar agua de la canilla”, asegura Schiagno, quien además advierte que los equipos frío calor que van a la red tampoco sirven. “Solo la ósmosis inversa”, remarca.

Por otro lado, el especialista asegura que uno de los mayores problemas que existen en el mercado del agua embotellada es la cantidad de aguateros y soderos informales que ofrecen productos de dudosa procedencia.
En cuanto a cómo saber si el agua que se compra embotellada es segura, Schiagno destaca que, ante la falta de controles estatales, es fundamental que el consumidor esté informado. “En cada envase tiene que haber un rótulo de acuerdo a la Ley de Etiquetado. Como mínimo tiene que tener el sello de RNE (Registro Nacional de Elaborador) y el de RNPA (Registro Nacional de Producto Alimenticio), que tienen una vigencia y deben ser renovados. Cada camión tiene que tener techo y en las puertas preferentemente debe estar identificado el vendedor, para, en caso de reclamo, saber cuál es la empresa o persona que vende”.
También recomienda preguntar dónde está la planta y tratar de verla por Google Maps o buscar referencias. “Hay muchísimos distribuidores truchos que roban envases y los venden como primera marca. Lo digo con mucho conocimiento de causa y las consecuencias pueden llegar a ser gravísimas”.


