Entre caballos que irrumpen pastando a cualquier hora del día y terrenos vacíos que se ponen grises en invierno e intensamente verdes en primavera, en una zona aún desolada de Loma Verde, se encuentra la casa de Tamara Limes Alamprese (47), dramaturga, directora, consteladora y astróloga. Hace un año y medio, junto a su pareja, Fernando Sarzynski, cambió el cemento de Villa Devoto, en CABA, por la intensidad del campo.
Su historia con los astros no habrá comenzado entre árboles ni bajo un cielo abierto, pero cuando a sus veintipocos se topó con un libro del antropólogo e investigador Eugenio Caruti se desarmaron sus certezas sobre cómo habitamos el mundo.
“Sentí que en el colegio nos habían estafado. Pensé: ¿cómo no nos enseñan este tipo de lenguajes? Qué desperdicio”, le cuenta a DIA 32.
Para ella, la astrología nunca tuvo que ver con la fe ni con adivinar el futuro, sino con entender de qué matriz estamos hechos. Y fue esa misma revelación la que la llevó a cruzar el mapa astral con el escenario.

Aprender a sonar mejor
“La astrología nos enseña, no adivina”, aclara Tamara. Lejos de la fascinación oracular, concibe la carta natal como un mapa orientativo para tomar decisiones conscientes y consistentes. “Es el emergente del patrón vibratorio del cielo en el momento en que nacemos. Somos melodías, músicas que vibramos de una forma; se trata de conocer de qué estoy hecha y cómo puedo afinar esta cuerda para sonar mejor”.
Explica que la conciencia tiene una necesidad un tanto infantil, que busca que alguien más le diga lo que tiene que hacer: “De esa manera, el sistema nervioso se calma. Pero lo cierto es que cada uno tiene que tomar sus propias decisiones, sobre todo en la adultez. La astrología aporta las herramientas para hacerlo”.
Su formación se dio a través de la lectura e investigación en infinidad de libros; acudió a maestros particulares y después se convirtió en consteladora familiar en el Centro Blume, en Mendoza. Desde la pedagogía sistémica, sostiene que la existencia no es un hecho aislado, sino una trama interconectada por hilos invisibles.
“Creemos que somos dueños absolutos de nuestro relato, pero somos parte de un sistema que nos incluye y nos trasciende. La identidad de hijo es muy fuerte y muchas veces tenemos una lealtad incondicional hacia nuestros padres, poniéndonos en lugares poco saludables por amor. Cuando nos damos cuenta de que somos vínculo y que nos necesitamos entre todos, la perspectiva cambia por completo”, revela.
Somos melodías, músicas que vibramos de una forma; se trata de conocer de qué estoy hecha y cómo puedo afinar esta cuerda para sonar mejor”.
El teatro como laboratorio astrológico
En 2014, Tamara Limes Alamprese comenzó a llevar estas reflexiones al papel y luego a las tablas. En ese camino, convocó a doce actores para componer partituras escénicas de cada signo.
El primer gran fruto de ese laboratorio fue La Luna que te parió, un fenómeno escénico que se estrenó en 2016 y que se mantuvo en cartelera ininterrumpidamente, llenando salas “a lo pavote”, con giras nacionales, elencos duplicados (como en Santa Fe) y una participación en el festival internacional Cuttack, en la India, en 2017.

Esa docena de intérpretes encarnan la respuesta reactiva y el color emocional de cada signo. “Ponemos el foco en la parte más desinteligente, en el berrinche adulto que nos aísla del otro. Es muy divertido ver cómo se enquista la irritación de Aries o la terquedad de Tauro”, explica sobre la pieza que se presentó con éxito en el teatro Seminari el pasado 23 de agosto.
“Fue hermoso, es un teatro bellísimo desde la técnica y en todo sentido. Se escucharon las carcajadas de la gente, un placer”. Próximamente tienen fechas programadas en San Isidro y en Devoto.
“Creemos que somos dueños absolutos de nuestro relato, pero somos parte de un sistema que nos incluye y nos trasciende”.
Otra de sus propuestas es La lunita que te parió, una versión con nueve años de historia, enfocada en infancias y educadores sobre la parte constructiva y el don de cada signo. Y Urano (no viniste a encajar, viniste a crear), que aborda la incertidumbre y la libertad.
Actualmente, se encuentra en la etapa de escritura de San Plutón, su próxima producción, centrada en los procesos de transformación, muerte y renacimiento.
Vivir en el campo
Su llegada a Loma Verde respondió al deseo intuitivo de habitar un entorno con esencia rural. “Tiene todavía esta cosa de campo, pasan los caballos por la calle, pero por otro lado estás al toque de la Panamericana si tenés que salir”.
El cambio de paisaje implicó también una adaptación profunda a la intensidad de la vida natural. “Uno cree que venirse al campo es venir a buscar tranquilidad, pero no. Es repotente. Una tormenta nos tiró un montón de árboles sobre un lugarcito que estamos construyendo. Hubo que rehacerlo. A los veinte días de llegar se me murió una gata… Te encontrás muy cerca de la vida y de la muerte”.

La adaptación incluyó cambios profundos en su cotidianeidad: “Incluso empecé a comer carne; yo era vegetariana de chiquitita, pero acá necesité la carne”.
Entre el trabajo de consultorio, la docencia en el colegio Los Álamos de Maschwitz y la escritura de sus nuevos proyectos teatrales, la astróloga teje puentes entre la cosmovisión de los astros y la experiencia humana sobre el escenario.
