Cada año, la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP) releva y elabora un ranking de transparencia fiscal de los 135 municipios bonaerenses. La última medición ubicó a Escobar entre 26 distritos de bajo o regular cumplimiento, con 30 puntos sobre 100. Un aplazo.
El dato puede parecer una mera cifra más en una tabla llena de estadísticas. Pero adquiere otra dimensión cuando se lo contrasta con una cualidad que el municipio viene cultivando con innegable dedicación en los últimos años y que el intendente Ariel Sujarchuk convirtió en una de sus principales banderas de gestión: la modernización digital del Estado y la innovación tecnológica.
Hoy -acorde a los tiempos que corren-, Escobar tiene plataformas para hacer trámites, solicitar turnos, presentar reclamos, participar, consultar información y acceder a distintos servicios. Además, recibió varios reconocimientos por su transformación digital. Sin embargo, cuando la lupa se posa específicamente sobre la información fiscal, el resultado es más modesto.
Escobar tiene un gobierno digital, sí. Pero el punto acá es cuánto de esa modernización se traslada a la posibilidad de que un ciudadano pueda saber, de manera sencilla y actualizada, qué hace el municipio con los recursos que administra.

El índice de ASAP no mide corrupción ni honestidad, ni pretende señalar cuál es el mejor o peor gobierno municipal o intendente. Mide algo bastante más concreto: cuánto de determinada información presupuestaria y financiera está publicada, qué tan actualizada está y qué tan fácil resulta encontrarla en los sitios oficiales.
Y ahí aparece una paradoja que vale la pena mirar con un poco más de detenimiento: un Estado puede ser muy moderno para relacionarse con sus ciudadanos y bastante menos moderno cuando esos mismos ciudadanos quieren mirar sus cuentas.
Escobar tiene un gobierno digital, sí. Pero cuánto de esa modernización se traslada a la posibilidad de que un ciudadano pueda saber qué hace el municipio con los recursos que administra.
Una montaña rusa de puntajes
El índice de ASAP no es nuevo y permite seguir la evolución de los municipios bonaerenses a lo largo del tiempo. En el caso de Escobar, su secuencia es de lo más pendular: 0 puntos en 2019, 0 en 2020, 30 en 2021, 90 en 2022, 60 en 2023, 60 en 2024 -ese año se publicaron 2 mediciones y en la primera le dio 5-, también 60 en 2025 y nuevamente 30 en mayo de 2026, volviendo al registro de 2021.
El salto de 0 a 90 en apenas tres años resulta particularmente llamativo. Escobar pasó de no mostrar nada a quedar a las puertas de una calificación sobresaliente, para después volver a caer en la anteúltima categoría.
La comparación también permite poner el dato actual en perspectiva. En la última medición, 65 municipios alcanzaron los 100 puntos. Otros cinco quedaron en el grupo de alto cumplimiento, con entre 75 y menos de 100.
Hay municipios que aparecen con frecuencia en la parte superior de estas tablas. La Plata, San Isidro, Tandil, Tres de Febrero, Junín, Chivilcoy, General Pueyrredón, La Matanza y Mercedes son algunos de los distritos, de distinto color político, que suelen tener puntajes máximos o muy altos. Esto demuestra que es posible sostener en el tiempo niveles altos de transparencia fiscal.

¿Por qué puede cambiar tanto el puntaje de un mismo municipio? Porque la evaluación no mira una declaración de principios ni una página que diga “Transparencia”. Mira si determinados documentos están publicados, qué tan actualizados están, si están completos y si se puede acceder fácilmente a ellos.
Así se entiende, por ejemplo, el salto de Escobar de 5 a 60 puntos entre dos mediciones de 2024: volvieron a aparecer en la evaluación el presupuesto y la situación económico-financiera. Y también se entiende el descenso actual: en mayo de 2026 el municipio conservó 25 puntos por la situación económico-financiera y 5 por accesibilidad, pero no obtuvo puntos por presupuesto, ejecución trimestral, gasto por finalidad y función ni deuda.
La letra chica
¿ASAP inventa notas distintas para cada municipio? No. La metodología es la misma para los 135 distritos de la provincia de Buenos Aires y distribuye hasta 100 puntos entre seis aspectos: presupuesto, situación económico-financiera, ejecución de recursos y gastos, gasto por finalidad y función, deuda pública y facilidad de acceso a la información.
El presupuesto puede aportar hasta 30 puntos; la situación económico-financiera, hasta 35; las dos mediciones de ejecución, 10 puntos cada una; la deuda, otros 10; y la accesibilidad, los 5 restantes. La cuestión no es solamente que exista un archivo perdido en algún rincón de internet: también importa que sea el documento correspondiente al período evaluado y que esté actualizado.
La Plata, San Isidro, Tandil, Tres de Febrero, Junín, Chivilcoy, General Pueyrredón, La Matanza y Mercedes son algunos de los distritos con mayor transparencia fiscal.
La accesibilidad, en este caso, es algo bastante sencillo: significa que, entrando al sitio oficial del municipio, el ciudadano pueda encontrar con facilidad la información fiscal y presupuestaria que busca. No mide si Google la encuentra, sino si está disponible y resulta localizable dentro del sitio municipal.
La ASAP es una organización no gubernamental especializada en presupuesto y administración financiera pública. Nació en 1975. Está integrada por profesionales y especialistas vinculados con el presupuesto, la administración financiera y la gestión pública. Actualmente cuenta con siete filiales en el país.

Desde hace décadas, la ASAP produce estudios sobre las cuentas públicas. Entre sus líneas de trabajo, desarrolla informes periódicos sobre presupuestos y finanzas de distintos niveles del Estado. El monitoreo de transparencia fiscal municipal bonaerense permite comparar qué información publican los 135 municipios y con qué grado de actualización y accesibilidad.
En el caso de Escobar, los 30 puntos recientes no significan que el municipio no publique absolutamente nada. Significan que, en la fotografía tomada por ASAP en mayo de 2026, solamente obtuvo puntaje por accesibilidad y por la situación económico-financiera, mientras quedó en cero en las restantes variables.
Y eso importa más de lo que parece. Porque publicar información fiscal cuando ya pasó el tiempo en que esa información debía ayudar a controlar no es lo mismo que transparentar. Un presupuesto publicado tarde puede servir como documento histórico; pero no le permite al vecino discutir, controlar o conocer a tiempo qué está haciendo el gobierno con los recursos que administra.
Un municipio digital
Mientras el índice de ASAP mira las cuentas públicas, hay otro aspecto de la gestión municipal que no se puede desconocer: la modernización digital es real. Flora, Escobar 360, Telemedicina, Mi Bus, sistemas de monitoreo, herramientas de movilidad y la incorporación de Inteligencia Artificial (IA) a distintos procesos de gestión son parte de ese aggiornamento. Hay otros distritos tan o más avanzados, sí; pero eso no invalida un reconocimiento de lo que se está haciendo.
El municipio impulsa plataformas de participación como Fábrica de Ideas, incorporó herramientas de análisis de datos y presentó desarrollos vinculados con IA y ciudades inteligentes. En 2025, además, Escobar recibió uno de los premios GovTech RECIA por sus políticas de innovación y gobierno digital.
En 2026 obtuvo la certificación “Ciudad Eficiente” en nivel Líder y cuatro sellos vinculados con Ciudad Digital, Ciudad por la IA, Ciudades del Conocimiento y Ciudad por la Naturaleza y Espacio Público. En junio, anunció su participación en DesafIA Ciudades y en la creación del Consorcio de Inteligencia Artificial Argentina (CIIAR).

Además, Ariel Sujarchuk acaba de asumir como presidente del Consejo Provincial de Economía del Conocimiento (COPEC), creado por el gobernador Axel Kicillof. Sumado a esto, fue seleccionado como uno de los cuatro finalistas del Seoul Smart City Prize 2026 en la categoría Liderazgo. La ceremonia de premiación está prevista para el 6 de octubre, en Seúl (Corea del Sur).
Un Estado puede ser muy moderno para relacionarse con los ciudadanos y ser poco transparente para que esos mismos ciudadanos controlen qué hace con su dinero.
Gobierno digital vs cuentas abiertas
Son dos cosas relacionadas, pero no iguales. Un gobierno digital busca que el vecino pueda hacer más cosas con el Estado desde una pantalla: reclamar, pedir un turno, consultar una tasa, participar, utilizar un servicio o acceder a una aplicación. La transparencia fiscal apunta a otra pregunta, menos simpática y más incómoda: ¿qué hace el Estado con la plata? Cuánto presupuestó, cuánto recaudó, cuánto gastó, en qué lo gastó, cuánto debe y cómo evolucionó su situación económica y financiera.
Un municipio puede ser muy avanzado en digitalización y, al mismo tiempo, muy lento en la publicación de sus cuentas. No hay contradicción técnica entre ambas cosas. En todo caso, sí hay una contradicción interesante desde el punto de vista de la relación entre Estado y ciudadano.
Escobar tiene actualmente un portal de Transparencia en el que pueden encontrarse presupuestos, decretos, informes y otra documentación pública. El problema que señala ASAP es más específico: qué información fiscal estaba disponible, completa y actualizada en el momento del relevamiento. La medición de mayo de 2026 es una fotografía de ese momento y puede no coincidir exactamente con lo que el municipio haya incorporado después.

También hay una cuestión de tiempo que no es menor. Publicar no alcanza si se publica tarde. Para un vecino que quiere saber qué está haciendo hoy el municipio con su presupuesto, encontrar un documento viejo puede tener valor documental, pero no sirve para controlar la gestión en tiempo real. La propia metodología de ASAP contempla los retrasos y asigna menos puntos a la información que llega con demora.
No se trata de enfrentar la tecnología con la transparencia, ni de desconocer los avances digitales del municipio. Se trata de entender que son dos dimensiones distintas de una misma relación. Un Estado puede ser muy moderno para relacionarse con los ciudadanos y ser poco transparente para que esos mismos ciudadanos controlen qué hace con su dinero.
