Músicos locales de distintas edades llevan sus canciones a escenarios, bares y encuentros, manteniendo su identidad y su espíritu como parte de una historia que continúa.

La muerte de Carlos “Indio” Solari, a los 77 años, profundizó la dimensión mítica de una figura central de la cultura popular argentina. Al frente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y luego durante su etapa solista, construyó una obra que atravesó generaciones y que, muchos años después de que Los Redondos dejaran de existir como banda, sigue encontrando nuevas voces, músicos y formas de interpretación.

En Escobar, esa permanencia tiene nombres concretos. Son bandas que llevan esas canciones a los escenarios, que las aprendieron escuchando los discos de sus padres, que las incorporaron a su propia identidad y que, en algunos casos, también las toman como punto de partida para hacer sus propias versiones.

La muerte de Carlos “Indio” Solari, a los 77 años, profundizó la dimensión mítica de una figura central de la cultura popular argentina.

Ricoteros desde el comienzo

Asociación Ilícita, más conocida como AsoRock, lleva más de diez años de trayectoria. El proyecto comenzó haciendo temas de Los Redondos. Con el tiempo, incorporó canciones del Indio y también temas propios. La formación está integrada por Diego Sequeira (bajo), Álvaro Crottera (batería), Thomas Álvarez (guitarra y coros), Esteban Angelini (bandoneón), Esteban Márquez (saxo) y Diego Álvarez (guitarra y voz). Sus integrantes son de Belén de Escobar, Ingeniero Maschwitz, Benavídez y Dique Luján.

La explicación de aquel comienzo es sencilla: “Arrancamos porque somos Ricoteros 100%”. Lo que inicialmente fue una diversión terminó convirtiéndose en un proyecto que salió de los escenarios locales y comenzó a recorrer distintos puntos del país. Córdoba, San Luis, Ciudad de Buenos Aires y muchos otros lugares forman parte de ese recorrido”, cuenta Diego Álvarez. En AsoRock las canciones del Indio no llegaron después. Están en el origen mismo de la banda.

Aprender escuchando

Desde Garín llega otra historia. El Refugio de Albatros, integrada por Andrés Arrúa (bajo), Enzo Coronel (teclados), Lucas Veliz (batería) y Luis Arrúa (guitarra y voz), se formó oficialmente en 2019, poco antes de la pandemia. “Elegir las canciones de los Redondos es una forma de honrar la manera en la que aprendimos a tocar música. Ninguno es académico. La única forma que teníamos cuando éramos chicos era escuchando mucho los discos que tenían nuestros viejos”, relata el guitarrista y cantante.

“A los cuatro nos gustan mucho todas las caras de Patricio Rey”, continúa. Pero no es la única razón. También está lo que sucede cuando esas canciones aparecen en vivo. Según cuentan, los lugares donde tocan se llenan de alegría cuando suena alguno de los riffs de lo que definen como “la banda más argentina por escándalo”.

Para Porrón y Cuenta Nueva, también de Garín, la presencia de Los Redondos pasa por otro lugar. La banda comenzó a principios de 2023 como un trío de rock y blues y actualmente está conformada por Gerónimo Fernández (voz), Juan Bodes (guitarra), Nathanael Caserío (teclados, guitarra rítmica y coros), Leonardo Larrosa (bajo y coros) y Martín Díaz (batería, percusión y coros).

Su repertorio recorre distintas agrupaciones clásicas del rock argentino. Por eso, incluir a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota aparece como algo natural. “Es imposible no incluir en nuestro repertorio temas de ellos, porque Los Redondos forman parte de su identidad musical y filosófica”, afirma Díaz.

De generación en generación

En Pura Suerte, esa transmisión aparece todavía más marcada. La banda tiene algo más de dos años y alrededor de ocho meses con su formación actual. Está integrada por Daniel Espíndola (41 años, voz), Luca Espíndola (13, batería), Eric Espíndola (18, acordeón), Gastón Herrera (41, guitarra y bajo), Rolando López (42, batería, bajo y coros), Agustina López (17, batería y coros), Jesús Cristaldo (42, bajo y coros) y Damián Leporache (37, guitarra). Prácticamente todos son de Garín. También participan otros músicos que van y vienen.

Les resulta difícil establecer cuándo comenzó realmente la historia de Pura Suerte, porque para algunos de sus integrantes se remonta mucho más atrás. Herrera cuenta que conoce al cantante desde hace más de 30 años, cuando iban a quinto grado. Recuerda que alrededor de 1999 compró un casete trucho de Luzbelito. “Dani llegaba al colegio con una campera de jean que tenía dibujado a mano El esclavo, de Rocambole”, rememora. Hasta hoy no saben si la campera inspiró la compra del casete o si ocurrió al revés.

La formación actual es más estable, pero todavía se mantiene aquella dinámica de músicos que se invitan a tocar, rotan instrumentos y terminan incorporándose a la banda. Así se conocieron muchos de sus miembros: personas de edades y ámbitos muy diferentes, unidas por las ganas de hacer música y compartirla.

Cuando aparece la pregunta inevitable sobre por qué Los Redondos, la respuesta termina siendo la frase “Esto ya no es rock, mi amor. Es pura suerte”, perteneciente a la canción Pura suerte, que le dio nombre al combo.

Hacer propias las canciones

La relación de Rupes Nigra con el universo del Indio y Los Redondos tiene otro matiz. La banda se formó en noviembre de 2017 en Matheu con el propósito de tocar canciones propias y covers. Está integrada por Alejandro Pereyra (voz y guitarra), Enzo Maidana (batería) y Javier Modrow (bajo). Grabaron dos EP, registrados en IDOM y El Cubo, que están disponibles en su canal de YouTube.

Entre sus covers aparecen canciones de Los Redondos, del Indio y de Skay, a quienes consideran pilares de la música que escucharon durante toda la vida y que los identifica también en su manera de vivir el rock.

Las canciones del Indio siguen sonando. Están en los ensayos, en los bares, en las salas y en los encuentros entre músicos. En Escobar, esa permanencia tiene nombres concretos.

Hace poco grabaron una versión de Ciudad Baigón, del Indio. Pereyra tocó y grabó todos los instrumentos, respetando la estructura armónica y el tempo original, pero incorporando arreglos propios para llevar la canción hacia una mayor libertad expresiva. La versión recibió incluso la aprobación de Pablo Sbaraglia, músico de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la banda que acompañó a Solari durante su etapa solista.

Ese procedimiento define también la manera en que Rupes Nigra aborda el resto de las canciones. “Respetamos la originalidad del tema, pero incorporamos arreglos propios para construir una identidad. No buscamos que las versiones suenen exactamente como las originales, sino encontrar una forma personal de interpretarlas”, describe el guitarrista.

El artista plástico Rocamdole. en Oktubre Bar
Rocamdole. Ricardo Cohen, autor de la identidad visual de Los Redondos, en Oktubre Bar.

Un legado que sigue sonando

Fuera de las bandas también hay espacios donde esa música sigue encontrando lugar. En Garín, Oktubre Bar, fundado por Gabriel Jotallan en 2002, lleva casi 25 años como espacio de referencia para el rock de la zona norte. Su nombre remite directamente al disco de Los Redondos y su escenario fue y sigue siendo punto de encuentro para artistas consagrados y bandas de la zona.

En Ingeniero Maschwitz, la Peña Ricotera, impulsada por Emiliano Espíndola en Museo Bar, llevó las canciones de Oktubre a un formato participativo en el que distintos músicos suben a tocar y el público también forma parte del espectáculo. No se plantea como un tributo, sino como ofrenda y reversión colectiva de aquellas canciones.

El legado también llegó a la literatura. Rodrigo García, a través de Cuentos Redonditos, tomó la discografía de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota como punto de partida para diez relatos que recorren escenarios históricos y ficcionales completamente diferentes.

Editado por la escobarense RCE Ediciones, el libro demuestra que esas canciones también pueden convertirse en materia prima para crear nuevas historias.

Las canciones del Indio siguen sonando. Están en los ensayos, en los bares, en las salas y en los encuentros entre músicos. También en quienes aprendieron a tocar escuchando aquellos discos y en quienes hoy vuelven a tocarlos para que otros los conozcan.

Solari se convirtió en mito. Los Redondos, en una parte fundamental de la memoria del rock argentino. En Escobar, ese legado sigue teniendo nombres concretos: músicos que se juntan, ensayan, suben a un escenario y vuelven a tocar esas canciones.

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