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TONI ROBOT

“Me inspira el desequilibrio”

Rockero, profundo e introspectivo, el músico y compositor Leandro Ranne le canta al amor y al desamor en su nuevo disco: Ahora, no? Grabado en 2018, el poder del título y el efecto pandemia lo impulsaron a compartirlo. Está en las plataformas digitales.

Por SOFIA MORAS
smoras@dia32.com.ar

El nombre del nuevo disco de Toni Robot (Leandro Ranne) es una interpelación a quien escucha y a él mismo. Ahora, no? se terminó de grabar en 2018, pero en este año de pandemia tan movilizante, el cantante y guitarrista escobarense encaró la etapa de subirlo a las plataformas digitales para que llegue más lejos.

“Uno vive pensando en el futuro, con ansiedad. Y me di cuenta de que mis letras hablaban del presente. Así me surgió la pregunta. Esas cosas aparecen, fue espontáneo… y es una pregunta que me la hago a mí mismo. ¿Me animo ahora?, ¿o es mañana?, ¿o no es nunca? Es ahora”, reflexiona sobre este nombre, relacionado tanto a la temática del disco como a la decisión de empezar a mostrarlo.

Durante el aislamiento obligatorio se encontró con un tiempo de ocio que supo aprovechar: “Estaba encerrado y sin nada para hacer. Fue el momento de encargarme de subir mis dos discos. Tomé la decisión, tal vez tarde, por la vorágine de 2019 que no me permitió frenar y hacerlo”, le cuenta a DIA 32.

En junio compartió Al borde de la tempestad (2012) y el 7 de octubre lanzó Ahora, no? Ambos están haciendo camino en más de 140 plataformas digitales, entre ellas Spotify.

El proceso de grabación que hizo en el estudio Red Wine Records, junto a Martín Melidore como productor, terminó de definir el estilo de este disco profundo e introspectivo de pop rock.

“La mano del productor siempre imprime una onda de él mismo. Si bien Toni Robot tiene una personalidad y sonido propio, al trabajar con otro se nota la diferencia. Yo vengo de un sonido más tranqui, más pop, más electro. Me puse al mando de un rockero, aparte de ser un gran amigo. Y él me terminó de ayudar a construir los bocetos que yo ya tenía”, explica.

Sus letras, más bien metafóricas, hablan de manera indirecta de experiencias personales, de historias de amor y desamor. “Escribo cuando estoy inspirado, la idea aparece o no. Para componer, yo necesito un poco de inestabilidad emocional”, confiesa.

Sobre este disco en particular, amplía: “En 2017 y 2018 me encontré en un poco de desorden emocional… y bueno, el equilibrio no me inspira, me inspira el desequilibrio”.

Así, después de la tinta y el papel, llegó la etapa de maduración: “En el estudio trabajamos los detalles. Hacer una canción es como hacer una casa: primero van los cimientos y después, a partir de esa estructura o raíz, vas agregando hasta dejarlo bien adornadito”.

Un objeto original aparece en la portada y acompaña toda la experiencia del disco. “Lo encontré en una juguetería: un reloj de arena con un polvo rosa, con dos dados en una misma pieza de acrílico. Con el número 7. La fotografiamos y buscamos una tipografía acorde. Es una tapa para pensar, un acontecimiento”, cuenta sobre el producto final al que llegaron junto a su amigo y diseñador Federico Rosso.

En noviembre, desde que están permitidos los ensayos en las salas, Ranne comenzó poco a poco a calentar motores. Y también volvió a subirse a un escenario, en el certamen Escobar Vibra 2020. “Somos animales sociales”, asegura, con la motivación de este presente que lo encuentra con mucho rock, fuerza y proyección.

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