Destituido de la presidencia del Concejo Deliberante y desde la soledad de su monobloque, el ex luchador atraviesa el peor momento de su corta carrera política. Pero promete dar pelea.
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Por CIRO D. YACUZZI
cyacuzzi@dia32.com.ar

Aislado, herido y a los gritos. Así terminó Jorge Cali el año en el Concejo Deliberante de Escobar, tras haber sido destituido de la presidencia por todos sus pares días después de que el oficialismo lo expulsara de su bloque “por diferencias éticas y políticas irreconciliables”. Aquel informe de Telenoche, como muchos suponían, terminó por marcar el final de los tiempos de “Acero” en la política local.

Su presunta vinculación con la construcción de un emprendimiento recreativo de dudosa legalidad en los fondos de El Cazador y la denuncia de amenazas contra uno de sus asistentes más directos -Ezequiel Caputto- le vinieron como anillo al dedo al intendente Ariel Sujarchuk para sacarse de encima a un aliado de plomo, con quien tuvo más discusiones que coincidencias.

“La relación entre los dos estuvo mal barajada desde el principio”, confiesa a DIA 32 un hombre de extrema confianza del jefe comunal, quien acepta dar la “versión real” de los hechos a cambio de que no se revele su identidad. Es que hay cosas que ante un grabador no se pueden decir, o no conviene.

Comienzo y vuelta a empezar

“La idea era que “Acero” iba a tener un cargo en Provincia o en Nación si Scioli ganaba. Ariel lo aceptó porque le servía en la campaña para fortalecer su candidatura, pero lo hizo por un pedido de Scioli”, cuenta el operador político. Que haya ido en la lista de concejales fue una especie de “seguro”. Pero al perder las elecciones y tener que aplicarlo, el acuerdo entre ambos se complicó.

La historia que sigue es más o menos conocida por todos. Cali dijo que Sujarchuk le había prometido la presidencia del Concejo Deliberante, pero quien terminó recibiendo la unción para sentarse en la banca mayor fue Hugo Cantero. Entonces el ex deportista negoció con la oposición para destituir al concejal de Maquinista Savio y en febrero logró llegar al estrado de la misma manera en que nueve meses después debería abandonarlo. Una cucharada de su propia medicina.

Después Cali hizo las paces con Sujarchuk, se disculpó públicamente por haberlo calificado de “autoritario y soberbio” y en octubre regresó al bloque oficialista. En el interín tuvo una relación circunstancial con los concejales del ex intendente Sandro Guzmán, que no terminó tan bien. Parecía que todo se ordenaba. Pero no.

Principio del fin

“El informe de Telenoche dijo un 90% de mentiras y un 10% de verdad. Por ejemplo, no es cierto que la ordenanza haya sido hecha a medida, porque el marco legal para esa pista de motocross ya estaba dado desde 1998”, señaló la fuente. Sin embargo, la repercusión que alcanzó esa denuncia y la pésima reacción de “Acero” hicieron insostenible la reconciliación.

“Esto es una operación de prensa. Estoy dispuesto a ir hasta el final para dar con los responsables y poner las cosas en su lugar”, había declarado, con tono desafiante, el todavía jefe del Legislativo. A la sesión siguiente sus sospechas de “fuego interno” quedaron en evidencia cuando desempató varias votaciones a favor de la oposición. “Hasta un pedido de cuarto intermedio nos votó en contra. Eso ya fue el colmo”, sentencia el integrante de la mesa chica de Sujarchuk.

El final estaba cantado. El bloque oficialista lo echó alegando “diferencias éticas y políticas irreconciliables”. “Los principios que orientan su accionar difieren sustancialmente de los nuestros”, expresaron en un comunicado que dejó otra frase concluyente: “La búsqueda del bien común debe anteponerse incontestablemente a la de cualquier beneficio particular”.

Durante el fin de semana largo, Sujarchuk consiguió el respaldo de todos los bloques para ir por la cabeza de su díscolo aliado. La fecha de su destitución, por unanimidad, pareció una burla del destino: martes 13.

En su lugar asumió un kirchnerista puro: el referente local de La Cámpora, Pablo Ramos, primer concejal de la lista de Sujarchuk, quien estaba a cargo de la Secretaría de Gobierno. La actitud de Cali de faltar a la sesión para no tomarle el juramento lo dejó como un mal perdedor.

Catarsis tardía

El destituido mandamás del Concejo Deliberante se tomó dos semanas para romper el silencio. Más bien, esperó a la última sesión del año para intentar que su nueva embestida contra Sujarchuk tenga un mayor efecto.

En una acalorada alocución, Cali acusó al intendente de haber financiado con fondos municipales el informe de Telenoche, lo trató de “delincuente” y denunció que el acuerdo entre el Municipio y la empresa Consultatio para la remodelación de la plaza principal de Escobar es “una estafa”.

Además, les imploró “de corazón” a los otros 23 concejales que “reflexionen” y golpeando su pupitre disparó en voz fuerte: “Yo no vine acá a chorearme una gallina. Sé que muchos de ustedes tienen mucho y están agarrados de las bolas, pero tenemos que hablar, porque si no hablamos nos van a llevar puestos a todos”.

Su pedido no tuvo el más mínimo eco, ni siquiera en los concejales de Cambiemos, principales opositores a Sujarchuk. Si bien votaron por la permanencia en comisión del expediente, el jefe de esa bancada, Leandro Costa, replicó: “A este bloque nadie le dice lo que tiene que votar y decir”.

En tanto, el massismo, los concejales de Guzmán y el independiente Miguel Jobe votaron junto al oficialismo la aprobación del expediente.

Desde la soledad de su bloque unipersonal 8 de Octubre y pese a las adversidades, Cali promete que no tirará la toalla y completará el mandato que tiene hasta 2019: “Voy a dar la pelea necesaria, no me voy a mi casa. Ningún presidente, intendente ni operación berreta me va a sacar de este Concejo Deliberante”, aseguró el musculoso oriundo de Ciudadela.

Al final de la historia, ni “Sujarchuk es de Acero” ni “Acero Hace”, como decían los slogans de campaña.

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