En su juventud era una promesa del tenis, pero tuvo que dejar las canchas por 20 años. Volvió, está 4º en el ranking nacional+45 y viene de jugar el Mundial senior por equipos en Estados Unidos. “Es lindo seguir disfrutando”, asegura.

Empezó con una raqueta en la mano, la chomba y los pantaloncitos cortos a los 7 años, de la mano de su padre, que era parte de la Subcomisión de Tenis en el Club Independiente y un apasionado por el deporte en general. Quienes lo vieron jugar cuentan que era de los mejores escobarenses de su generación; sin embargo, circunstancias de la vida lo hicieron abandonar un largo tiempo y volver a su pasión recién entrado en su cuarta década.

“Mi viejo (Pedro) fue el que trajo al club a Luis Gambini, que nos enseñó a jugar a todos los de mi generación. Era un excelente profesor y nos formó. Después, cada uno fue jugando en otros lados. De chico he jugado también en Luján Tenis Club y El Jagüel”, le cuenta Maximiliano Piarresteguy (49) a DIA 32, en una tarde fría pero a pleno sol, en el campo deportivo del club de sus amores.

Durante la adolescencia jugó diferentes torneos metropolitanos e interclubes. Pero a los 20 años tuvo que dejar de practicar debido a problemas de salud de su padre, que lo obligaron a estar cerca de su familia, acompañando en el día a día. El deporte quedó en un segundo plano.

Así, casi sin darse cuenta, pasó dos décadas sin pisar más el polvo de ladrillo, algo que aún hoy lamenta. “Fue una gran frustración no haber podido decidir dejar yo el tenis y tener que hacerlo a la fuerza. Hasta hacía una semana tenía planeado viajar a Brasil a jugar torneos, pero cayó la noticia de mi papá y dejé todo”, sostiene, sobre aquel momento de tristeza.

En el medio jugó un tiempo al fútbol, se lesionó los ligamentos y empezó una rehabilitación en la pileta del club, fortaleciendo la pierna con la natación. Así, yendo al predio semanalmente, tuvo de nuevo contacto con sus amigos de la juventud, aquellos con los que solía jugar al tenis cada fin de semana. Sus compañeros lo invitaron a que vuelva y se enganchó, pero no le gustaba el nivel que tenía y eso lo hizo dudar entre seguir o no.

“No metía una. Tenía la imagen de jugar bien de chico y no tenía ganas de empezar de nuevo, pero con los torneos me enganché rápido y decidí volver. Más que nada me costó la parte física. Si no estás bien, con pegarle bien no alcanza. Más a esta edad, uno depende cada vez más de lo físico”, asegura el tenista, que en noviembre festejará sus 50 años.

La llegada de Alejo Raffo al club verdinegro, años atrás, le dio una inyección de motivación y pertenencia a los tenistas senior de la institución. “Fue el que reactivó todo en el club. Con la participación en el Interclubes se encendió la llama otra vez, tuvimos ganas de competir, de entrenar, te da un motivo para ponerte bien”, reconoce “Maxi” sobre el dirigente y capitán del tenis en CAIDE. 

MOTIVADO. Maximiano Piarresteguy entrena en las canchas de tenis del Club Independiente de Escobar.

El sueño de jugar un Mundial

El año pasado fue muy bueno para él, que integró el equipo que ascendió a primera en la categoría +45 e individualmente tuvo una seguidilla de títulos importantes. Ganó los torneos G2 de Parque Sarmiento, Citas, Luján, San Fernando y Escobar.

Además, en su categoría terminó en el 4º puesto del ranking de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) y eso le permitió clasificar al Mundial 2022 que se jugó en Palm Beach, Estados Unidos, del 1º al 7 de mayo.

A ese torneo no llegó como hubiese querido porque en enero se había lesionado una rodilla, pero se recuperó y pudo representar al país conformando el equipo argentino con el escobarense Bruno Bernardini, junto a Luis Cimadamore y Cristian Segni.

DE SELECCIÓN. Junto al escobarense Bruno Bernardini, Cristian Segni y Luis Cimadamore, en Estados Unidos.

El camino de Argentina en el certamen se inició en la fase de grupos, donde le ganó a Italia 2 a 1 y a Islas Vírgenes 2 a 0; cada serie se jugaba con dos singles y un dobles, pero este último sólo se disputaba en caso de igualdad.

En el cuadro para jugar los cuartos de final -del 1º al 8º puesto- los argentinos enfrentaron a Chile y cayeron 0-2. Después fueron derrotados por Estados Unidos, también 0-2, y terminaron el Mundial jugando ante Brasil, a quien superaron 2 a 0, quedando en el séptimo lugar del campeonato senior, entre 24 selecciones.

“Si antes de viajar nos decían que íbamos a quedar séptimos, firmábamos. Pero estuvimos tan cerca con Chile… si yo hubiera estado mejor físicamente quizá hubiera sido otra cosa. Uno siempre quiere algo más, terminar más arriba… Igual, vivir esa experiencia fue algo hermoso. Representar a tu país es muy lindo”, señala, orgulloso de su participación internacional.

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Disfrutar del tenis

Aunque no tenga el estado físico, la agilidad ni la velocidad que mostraba de joven, Piarresteguy sigue con su amor al tenis de manera incondicional, tratando de suplir falencias por inteligencia a la hora de jugar. “Soy un jugador pensante, estratega, de hacer correr al rival”, se define.

También reconoce que este deporte no es sencillo, que no hay recambio generacional y que es caro practicarlo cuando hay que empezar a viajar y pasar días afuera. “La parte económica es muy jodida para un tenista. Acá el tenis explotó en la época del 1 a 1, viajaban todos, si no es muy difícil bancarlo para los chicos”, asegura, resignado, pero mostrando una verdad de esta actividad.

“Escobar sacó buenos tenistas, como Horacio de la Peña, Juan Manuel Scenna, los hermanos Galarza… Pero hay que trabajar en la formación”.

“Escobar sacó buenos tenistas, como Horacio de la Peña, Juan Manuel Scenna, los hermanos Galarza… Pero hay que trabajar en la formación, creo que eso falta. Debería haber más recambio, a los chicos es difícil hacerlos jugar. Están con la tecnología, en sus casas. Es un deporte sacrificado”, remarca.

Por último, y mientras cuenta que sueña con jugar otro Mundial el año próximo, rescata lo bueno del deporte, de compartir con amigos más allá de las edades y el paso de los años. “Lo lindo es seguir disfrutando. En el club Independiente hay tenistas grandes que siguen jugando y divirtiéndose. Así que a nosotros nos queda un buen tiempo para hacer lo que nos gusta todavía”, confiesa, demostrando que los 20 años que estuvo sin jugar no fueron nada más que un intervalo prolongado.

REGRESO. Después de veinte años, Piarresteguy volvió al club donde se formó y disfruta del tenis.

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