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LAS PRIMERAS BATALLAS DEL NUEVO INTENDENTE

Desafíos en puerta

Con minoría en el Concejo Deliberante, un municipio con mala recaudación y el gobierno provincial y nacional de otro color partidario, Ariel Sujarchuk se enfrenta a un panorama de lo más complejo en el punto de partida de su gestión.

Por CIRO D. YACUZZI
cyacuzzi@dia32.com.ar

No será fácil. Para nada. De hecho, nunca estuvo en sus cálculos encontrarse con un escenario así. Cuando Ariel Sujarchuk desembarcó en el distrito, su propuesta consistía en profundizar las políticas nacionales en Escobar. No imaginó, al menos hasta el día de las elecciones generales, que el kirchnerismo pudiera quedarse con las manos vacías en la provincia y la nación. Pero María Eugenia Vidal le ganó a Aníbal Fernández, Mauricio Macri a Daniel Scioli y él, que también ganó, se encontró políticamente huérfano y sin los avales que le garantizarían los recursos necesarios para llevar adelante la gestión transformadora del Municipio que había anunciado en la campaña.

En este contexto, los primeros desafíos del nuevo intendente son múltiples. Si bien obtuvo un amplio respaldo en las urnas -40%, contra 32% de Cambiemos-, la realidad lo ubica sobre un sendero lleno de obstáculos, como baches tienen las calles del distrito que debe poner en pie. Uno de los más grandes está en el Concejo Deliberante: de los 24 concejales que lo integran, solo 7 responden al jefe comunal. El resto, 17, son opositores. Ergo, cada votación será un parto donde la necesidad de acuerdos resultará imperiosa.

Además, el cuadro económico del Municipio presenta un estado crítico. Menos del 50% de los contribuyentes paga la tasa de servicios generales y el dinero que se recauda por todo concepto apenas alcanza para cubrir la mitad de los gastos corrientes, incluyendo la prestación de los servicios básicos. La otra parte del presupuesto la completa la coparticipación provincial. En pocas palabras, Escobar no es un distrito autosustentable.

Si no consigue fondos adicionales, ya sea préstamos o desembolsos de la Provincia o la Nación, los billetes no le alcanzarán para hacer demasiado a Sujarchuk, que por eso viaja seguido a La Plata y a Capital apelando a su estilo dialoguista para que Escobar no quede afuera del reparto. Ese es otro de los desafíos que debe afrontar en estos primeros instantes de su mandato.

Una dificultad adicional, no contemplada al inicio de su gestión, es la inestabilidad de su gabinete. Las prematuras renuncias de sus secretarios de Salud y de Planificación y Obras Públicas le reportaron al alcalde escobarense un inesperado dolor de cabeza y dejaron abierto un interrogante: ¿Serán las únicas o habrá más deserciones?

Consenso legislativo

La sesión especial del viernes 11 en la que el nuevo intendente prestó juramento ofreció la imagen más categórica del contexto legislativo al que le toca enfrentarse. Los seis concejales que responden a Sandro Guzmán y los otros seis pertenecientes al espacio de Leandro Costa no tuvieron pruritos en ausentarse porque sí, amparando su actitud en formalidades técnicas de la convocatoria. El mensaje quedó claro: entablar una buena relación con ellos será difícil.

“A los que no están les digo: cambiemos. Terminemos con las viejas mañas, hagamos una lectura de las urnas”, lanzó Sujarchuk en su primer discurso público, allí, en el polideportivo municipal. Sin embargo, a los pocos días, los dos bloques volvieron a mostrarle los dientes al trabar el tratamiento preliminar de las ordenanzas Fiscal y Tributaria, al punto de hacer peligrar la posibilidad de sancionar el Presupuesto 2016 en tiempo y forma.

Además de las actitudes de los súbditos de Guzmán y Costa, el nuevo jefe comunal también debe lidiar con fuego interno. Su aliado Jorge “Acero” Cali resultó un verdadero saco de plomo. Disconforme con no haber sido nominado para la presidencia del Concejo, el ex luchador de kick boxing fue otro de los que pegó el faltazo a la asunción de Sujarchuk y en la sesión siguiente fue el único integrante de la bancada oficialista que se abstuvo de votar la Fiscal y Tributaria. “Soy nuevo y todavía tengo mucho que aprender”, se excusó, infantilmente. En realidad, fue una advertencia al intendente, con quien está disconforme por lo que considera una magra retribución a su aporte electoral.

El bloque del Frente Renovador, que preside Luis Carranza y tiene cuatro miembros, mostró mayor vocación de diálogo y consenso. El concejal 24 es el otrora macrista Miguel Jobe, quien desde su unipersonal espacio Proyecto Escobar se muestra como un incondicional aliado externo.

En suma, a Sujarchuk le faltan manos proclives a apoyarlo en el Legislativo. En el mejor de los casos, tiene 7 bancas propias, incluyendo la de “Acero”, 4 aliadas (FR) y 1 amiga (Jobe), lo que da 12 de 24. Y aunque en casos de paridad desempate el presidente, en los tratamientos especiales que requieran dos tercios de los votos no podrá avanzar sin lograr el consenso de Guzmán o Costa. Toda una encrucijada para asegurarse algo tan imprescindible como la gobernabilidad.

Recaudar más y mejor

Sin dinero, no hay gestión. No está escrita en ningún lado, pero esta frase es tan concluyente como cierta. Sujarchuk esperaba contar con el apoyo nacional vía Scioli y el de la provincia a través de Fernández, pero sus traspiés en las urnas lo dejaron en una situación de orfandad política que puede afectar seriamente el éxito de su gestión.

En ese contexto, el primer paso para reencaminar las cosas consiste en apuntalar la alicaída recaudación municipal, que representa la mitad de los ingresos corrientes del erario escobarense. La otra porción son los fondos que provienen de la coparticipación provincial. Y que, vale aclarar, son transferencias automáticas y preestablecidas por un coeficiente para cada uno de los 135 municipios, por lo que es “dinero seguro”.

El objetivo de que Escobar sea un municipio autosustentable -es decir, que pueda prestar los servicios primarios con sus propios recursos- es un camino bastante largo, que se transita por etapas. En ese recorrido, uno de los aspectos a corregir es el nivel de cobrabilidad de la tasa de servicios generales, que presenta una morosidad crónica del orden del 50%. También se analiza la posibilidad de calcular el tributo sobre la valuación fiscal de los inmuebles en vez de por sus metros lineales de frente, en el marco de una reforma impositiva para lograr una tasa más equilibrada y de mayores ingresos.

La lista de tareas en este plano es larga. Algunas de las primordiales son: estimular y facilitar la radicación de industrias, en el futuro parque industrial de Loma Verde y en otras zonas aptas, para contar con los ingresos tributarios de este sector; resolver la alta elusión impositiva que registran los habitantes de los barrios cerrados; asegurarse el pago de los loteos que se están realizando en los nuevos emprendimientos urbanísticos; y encontrar mecanismos de articulación con el sector privado mediante la figura de responsabilidad social empresaria para generar ingresos adicionales y volcarlos a proyectos concretos.

Para esta misión hay dos funcionarios que cargan con la mayor responsabilidad: los secretarios de Ingresos Públicos, Alejandro Phatouros, y de Hacienda, Guillermina Capomasi.

Conseguir financiamiento

Una de las grandes incógnitas que se ciernen sobre la gestión de Sujarchuk es si logrará que Nación y Provincia lo asistan con fondos para desarrollar obras de envergadura. Aunque más no sea, por ejemplo, para terminar el Hospital del Bicentenario en Garín o el plan de 274 viviendas sociales en Maquinista Savio. O para seguir avanzando en el tendido de la red de agua corriente y cloacas.

Por lo pronto, las primeras señales alientan al optimismo. La gobernadora María Eugenia Vidal mostró intenciones de dejar a un costado las diferencias partidarias y lo plasmó al convocar el miércoles 16 a todos los intendentes de la provincia a un encuentro en Casa de Gobierno. Allí estuvo Sujarchuk, que ya desde antes de asumir tuvo declaraciones de buenos augurios tanto para Vidal como para Macri.

“Si quiere apoyo, primero que haga bien los deberes”, se escucha decir en las filas de Cambiemos. No está claro qué implicaría exactamente “hacer bien los deberes”, pero sí es evidente que Sujarchuk no tiene ningún ánimo de confrontar. Más bien, todo lo contrario.

“Lo digo con todas las letras: una diferencia de signo político no va a ser un problema para el partido de Escobar. Ninguna acción mía va a poner de rehén a la población. Por el contrario, voy a ser un intendente que esté detrás de todos los temas y tocaré todas las puertas que haya que tocar”, afirmó semanas antes de asumir en declaraciones al sitio web El Día de Escobar.

Decía Charles Darwin: “No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, si no el más capaz de adaptarse a los cambios”. Quizás esa sea la fórmula a la que deba apelar Sujarchuk para poder llevar adelante la transformación prometida. Paso a paso. Desafío a desafío.

Renunciaron a dos semanas de haber asumido

Fueron dos cimbronazos. Uno atrás del otro. Cuando todavía resonaba la renuncia de Ricardo Julio a la Secretaría de Salud, la dimisión de Norberto Iglesias a la cartera de Planificación y Obras Públicas sumó más desconcierto aún en el seno del gabinete.

Julio presentó su renuncia el martes 22, de manera espasmódica. Aunque se despidió del intendente con un correo electrónico apenas cordial, es vox pópuli que su alejamiento se produjo en malos términos. Molesto por las interferencias en su área del secretario de Coordinación y Monitoreo Institucional, Federico Zin, el galeno decidió dar un paso al costado a doce días de haber asumido. Quien lo reemplaza interinamente es, vaya coincidencia, el hijo del afamado médico, ex ministro y actual senador italiano.

Apenas veinticuatro horas más tarde el arquitecto Iglesias siguió los pasos de Julio, pero por otras razones. El experimentado profesional se sometió recientemente a una operación por una enfermedad que requiere de un meticuloso tratamiento. En esas condiciones, llevar adelante una secretaría con tanta carga de trabajo le resultó inviable. Por eso se despidió del jefe comunal disculpándose por la situación, agradeciéndole su confianza y lamentando no estar “a la altura de las exigencias”.

Las prematuras deserciones dejaron abierto el interrogante: ¿Serán las únicas o habrá más? Como sea, el gabinete sintió fuerte el cimbronazo de estas dos bajas, un mal síntoma en el comienzo de una gestión con tantos desafíos por delante.

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