El mundo importó una serie de desafíos creados por un joven ruso que tienen como fin el suicidio de chicos y adolescentes. Sin embargo, hay contradicciones sobre su verdadero origen.
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Por Alejo Porjolovsky

aporjolovsky@dia32.com.ar

Como se ha demostrado en ediciones anteriores de esta revista, las redes sociales pueden servir como conducto para cosas tan maravillosas como devolverle la vida a pueblitos perdidos en el mapa o, incluso, unir familias que estaban separadas por años. Sin embargo, no todo es color de rosa en el mundo 2.0, donde en los últimos meses comenzó a circular un macabro desafío suicida de dudosa procedencia que apunta a los más chicos y preocupa a los padres: la Ballena Azul.

Lejos de ser un entretenimiento relacionado al ámbito oceánico, esta actividad consiste en 50 pruebas dirigidas a niños y adolescentes vía Facebook y WhatsApp que van desde lo más sencillo -dibujar un cetáceo en un papel- hasta el trágico desenlace con el fallecimiento del participante.

En el medio, este juego -que toma su nombre de la actitud que adopta la especie mamífera al acercarse a la costa para morir- incluye un extenso abanico de torturas físicas y psicológicas: cortes en diferentes partes del cuerpo, clavarse una aguja en las manos, despertarse a la madrugada para ver películas de terror y caminar por precipicios, entre otros martirios.

“Les expliqué por qué era mejor morir, nada más. Esas personas tomaron la decisión, nadie las obligó”, habría afirmado Phillipp Budeikin (22), el ruso acusado de ser el ideólogo de la Ballena Azul, en una entrevista de un portal de noticias. El uso del potencial es porque aún existen muchas dudas al respecto.

Miles de conjeturas se han realizado sobre Budeikin, detenido desde noviembre pasado en un penal de San Petersburgo, donde no paran de llegarle cartas de admiradoras, como suele pasar con quienes se convierten célebres tras las rejas.

Por lo pronto, la fiscalía local lo acusa de haber inducido al suicidio a, al menos, 15 jóvenes mediante varios “grupos de la muerte” creados en la red social VKontakte. A contrapartida de las anteriores declaraciones, él sostiene que creó esas páginas solamente para atraer tráfico de visitas.

Sea real o no su origen, la Ballena Azul se difundió en todo el mundo y encendió la alarma en muchas familias que ven vulnerables a sus hijos adolescentes. En Argentina, donde el suicidio es la segunda causa de mortalidad adolescente -la primera son los accidentes de tránsito-, un chico sanjuanino de 14 años se encuentra internado tras haber ingerido una tira completa de pastillas para cumplir el reto final.

En México, Colombia, Uruguay y Brasil -sobre todo- han habido casos que obligaron a las autoridades a tomar cartas en el asunto y concientizar sobre el tema, al que se le adjudican centenares de muertes.

Un administrador o curador desconocido sería el encargado de guiar a cada uno de los participantes en la superación de las pruebas. Sus órdenes son ley y en caso de no obedecerlas, las amenazas con matar a su familia son una constante.

“Pueden ser personas que quieren vengarse de la sociedad o tienen algún resentimiento social, pero no siempre son responsables”, explica el antropólogo Felipe Sanabria.

La búsqueda de estos sujetos es clara: chicos con dificultades para integrarse o problemas familiares. “Son adolescentes vulnerables, deprimidos o con baja autoestima, que perciben su futuro como clausurado por las carencias socioeconómicas de su entorno, la falta de comunicación amigable y sincera con sus familiares o que están en situación de marginación por sus compañeros”, analiza el psicólogo Héctor Basile.

Para hacer correr un rumor en los medios, solo basta con publicarlo. Algunos dicen que es una operación de grupos anti rusos originarios de Ucrania, otros que es algo real y peligroso, pero las dudas nublan cualquier análisis. Sí existe algo seguro: las redes sociales no son un juego.

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