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JOSÉ MEDINA

El manosanta de la 26

Aprendió de su padre los secretos del “huesista” y desde hace dos años cura desgarros, esguinces y torceduras al costado de la ruta, en Savio. “Con solo tocarte me doy cuenta qué lesión tenés”, revela.

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Por DAMIAN FERNANDEZ
dfernandez@dia32.com.ar

Nada tiene que ver José Francisco Medina (58) con el célebre personaje encarnado por el inolvidable Alberto Olmedo en la década del ‘80. Aunque, igual, algo de maquillaje utiliza, ya que detrás de un puesto donde sobresalen banderas de equipos de fútbol, pelotas de goma y aviones de madera balsa, se esconde él: un hombre morocho, de piel curtida y cabellos despeinados que, lejos de cualquier presunción, tiene el don de curar lesiones y mitigar dolencias físicas como por arte de magia.

No es quiropráctico, kinesiólogo ni masajista. Se autodenomina “huesista”, un oficio vinculado a un tipo de medicina alternativa que no se aprende en ninguna facultad del mundo. Muy por el contrario: la casa de estudios de José fue su propio hogar de Maquinista Savio, donde su padre, un viejo migrante tucumano, le enseñó y transmitió todos sus conocimientos. “Un día, cuando yo tenía 20 años, agarró un cartón, dibujó todos los huesos del esqueleto humano y me explicó todo lo que sabía”. A partir de entonces, empezó a poner en práctica la teoría, pero nunca tanto como hasta ahora, por razones económicas.

“Yo te pongo el dedo pulgar en el lugar que vos me decís que te duele y ya sé lo que tenés, sin placas ni nada. Con solo tocarte me doy cuenta de qué tipo de desgarro tenés, si sufriste un esguince o si te rompiste los meniscos de la rodilla”, revela a DIA 32 el vecino del barrio Amancay, padre de ocho hijos -uno falleció-, quien desde hace dos años atiende en ese puesto ambulante que oficia de consultorio al aire libre, a metros del paso nivel de la ruta 26, todos los días después de las 12. Pero el tratamiento no termina ahí.

Después de “acomodar” con sus manos la articulación o el músculo afectado, Medina aplica un “parche poroso” que da calor -se compra en la farmacia-, humecta la zona con crema de grasa de iguana y, por último, ordena una serie de ejercicios físicos para recuperar por completo la movilidad. “Capaz que termino de acomodarte un tendón y ya te mando a correr para que compruebes que quedaste bien”, grafica. Por cada consulta/sesión cobra $250. Y, a juzgar por la reputación que tiene, no se parece en nada al famoso “manochanta” televisivo.

“Yo no tengo ningún cartel. La gente llega recomendada por alguien que ya vino y se fue conforme. Además, yo no le miento: si veo que no puedo curarla porque es muy complicado, la mando al médico”, afirma Medina, consciente de la responsabilidad que implica ejecutar sus afamados masajes sin ningún tipo de auxilio médico y por fuera del sistema.

Obreros de la construcción, policías y hasta futbolistas profesionales componen la cartilla de pacientes que entregan su confianza al experimentado huesista. “Un pintor de Córdoba vino traído por su yerno porque no podía subir la escalera y el médico le había dicho que lo tenían que operar del tobillo. Yo le encontré un desgarro en el pie, lo curé y después el tipo me llamó desde allá agradecido porque pudo volver a trabajar”, cuenta, orgulloso, sobre una de sus tantas curaciones, con las cuales podría escribir un libro tranquilamente.

“Yo soy aeromodelista de profesión -trabajó 23 años en un taller de Martínez- y mi objetivo es poder volver a vivir de esto algún día. Pero yo sé que aunque quiera no voy a poder decirle que no a alguien que necesite de mí. Voy a usar este don toda mi vida”, asegura, con tanto pesar como gozo, el manosanta de la 26.

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