Stollen se convirtió en un punto de encuentro con una propuesta gastronómica de calidad. A cualquier hora del día, invita a quedarse a la sombra y bajar el ritmo, entre charlas y buena compañía.

Desde hace cinco años, la cafetería, pastelería y cervecería Stollen invita a detenerse a pasos de la entrada del barrio El Cazador. Alejado del ritmo del centro de Belén de Escobar y rodeado de naturaleza, el lugar transmite un aire familiar incluso en la primera visita.

Los fines de semana se llena de vecinos, turistas, motociclistas y ciclistas que lo eligen como punto de encuentro. Así fue soñado por sus creadores.

Stollen, nombre tomado de una receta tradicional alemana, nació de una familia que eligió esta ciudad por su tranquilidad. La cuadra donde se ubica, sobre la calle Kennedy al 48, está densamente arbolada y, a la sombra, sus mesas al aire libre ofrecen un espacio donde la prisa queda suspendida.

Ya no abundan los lugares donde el tiempo para un café sea una excusa para la charla y la unión. Stollen recupera ese espíritu: invita a quedarse, a sentirse en casa, a compartir una comida casera sin apuro.

La carta es íntegramente de elaboración propia. Celeste Ceratto explica que todo es fresco y se elabora en el momento. Aunque requiera unos minutos más, la calidad de los productos se nota y se ha sostenido desde el comienzo. Entre los favoritos destacan el strudel, la croissant, el lemon pie y el stollen, “como un pan dulce alemán”, con especias, cáscaras de naranja, pasas, almendras y manteca. También ofrecen la particular “cookie Stollen”.

Para el almuerzo hay tostados, empanadas y sándwiches con diversidad de panes hechos por ellos. Desde marzo, además, volvieron a sumar cerveza artesanal y picadas. Es una forma de regresar a los inicios del proyecto.

Sello de familia

A fines de 2019, Fabián Ceratto, su hermana Celeste y su hijo Juan se propusieron abrir un local gastronómico en esta zona residencial de la ciudad. Pero días antes de inaugurar el local, el proyecto se truncó. Juan recuerda estar pintando el local cuando lo llamó su madre para decirle que vuelva inmediatamente a su casa porque se había decretado el aislamiento obligatorio por la pandemia de Covid-19. Pasaron nueve meses hasta que Stollen abrió sus puertas, el 8 de diciembre de 2020.

Durante ese período, la familia siguió alimentando este sueño y cuando finalmente inauguraron fue en dos locales contiguos, con un amplio patio al aire libre. Empezaron ofreciendo café, pastelería, cerveza artesanal, picadas y pizza. En un contexto de restricciones y distanciamiento, el patio con vista a la entrada del barrio fue un lugar de reencuentro y conexión en plena época pospandémica. La recepción fue muy positiva.

Pero en mayo de 2021 este sueño familiar dio un vuelco doloroso. Fabián enfermó de coronavirus y falleció poco después. En ese invierno cerraron y se preguntaron cómo seguir.

Casi tres meses después, tía y sobrino reabrieron el local, apoyados por toda la familia. Incluso los abuelos se sumaron a colaborar en el trabajo del café, reafirmando que la unión es el motor de este proyecto.

Juan y Celeste Ceratto en la entrada de Stollen
Familiares y socios Juan Ceratto y su tía Celeste están al frente de Stollen Coffee and Craft Beer.

Elegir Escobar

Desde que terminó el secundario y empezó a trabajar, Juan quería tener un emprendimiento propio. Celeste destaca con orgullo que su sobrino, con 20 años, asumió junto a ella la responsabilidad. Criado en Escobar desde pequeño, Juan eligió para vivir y desarrollarse el mismo lugar que amaban sus abuelos y sus padres.

Celeste rememora visitas al camping de la Mutual de Bomberos en el Paraná, frente al río, en su temprana infancia. Ambos coinciden en que Fabián también atesoraba recuerdos de El Cazador de esa época.

Toda la familia es oriunda de San Martín, pero desde esos tiempos elegían la naturaleza y la tranquilidad de Escobar para pasar sus fines de semana.

En 2005, Fabián y su esposa, Viviana, tomaron la decisión de mudarse al barrio Manny para criar a sus hijos en un entorno más agreste. Juan recuerda una anécdota que solía escuchar de su madre, sobre abrir las cortinas por la mañana y ver una vaca por la ventana, una realidad muy distante a la vida de departamento que habían dejado atrás. Con el tiempo, también sus abuelos se mudaron a El Cazador.

Mirar hacia adelante

Juan y Celeste siguen trabajando para que este proyecto crezca. El regreso de la cerveza artesanal y las picadas recupera el espíritu inicial y refuerza la invitación al encuentro, en una de las únicas opciones de esta zona de Escobar, sin necesidad de ir hasta el centro de la ciudad.

En los últimos años, el barrio parque El Cazador experimentó transformaciones importantes con diversos desarrollos, algunos masivos. Sin embargo, logra conservar cierta quietud y atmósfera residencial. Tal vez porque la naturaleza sigue siendo una de las grandes protagonistas del lugar. La identidad de este café contiene una parte de esa esencia.

Ya no abundan los lugares donde el tiempo para un café sea una excusa para la charla y la unión. Stollen recupera ese espíritu: invita a quedarse, a sentirse en casa y a compartir una comida casera sin apuro.

A futuro, proyectan sumar música en vivo en el patio, con la calidez de ese sector arbolado y al aire libre, que invita a quedarse sin mirar la hora. A eso se suma el valor de lo artesanal, lo casero, que Celeste sostiene con dedicación para cada comida.

Los visitantes dan fe de que no cambia la calidad y frescura de los productos. Todo se prepara en el momento, no hay nada prearmado, aunque eso demore unos instantes más. Un recordatorio de que tomar un café es también la tradición de juntarse y de recuperar tiempo de calidad, entre cosas ricas y momentos de conexión.

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