Olvidarse de todo durante un turno y dedicarse al placer y al goce no es algo que se dé todos los días. Dejando de lado los prejuicios socialmente instalados sobre ellos, los albergues transitorios son una buena opción para desaparecer del mapa por un rato.

Por FLORENCIA ALVAREZ
falvarez@dia32.com.ar

Al contrario de los hoteles de turismo, donde a todo el mundo le gusta exhibirse y ser mirado, los albergues transitorios se caracterizan por la discreción. Nadie quiere que lo vean ingresar, ni aunque vaya con su pareja y lejos esté de cometer actos de infidelidad. Es que se entra con un solo propósito y es mejor guardarlo entre la intimidad de dos.

Llegar, entrar y que haya lugar; no encontrarse con nadie conocido, decidir si serán uno, dos turnos o la noche entera, pagar, meterse por pasillos en penumbras apenas iluminados con tenues lucecitas rojas, hasta encontrar el número de la habitación indicada por el conserje; meter la llave -o la tarjeta magnética- y lograr abrir la puerta se convierte en todo un periplo. Los hombres son quienes generalmente se encargan de esos engorrosos trámites, intentando actuar con total naturalidad ante su acompañante. A ambos les late el corazón con más fuerza de lo normal, pero una vez adentro, la historia cambia.

De ahí en más, y hasta que se acabe el tiempo estipulado, la experiencia se convierte en uno de los únicos momentos de privacidad posibles de conseguir en estos días de vida moderna. Y, lo que es mejor, un momento sin interrupciones: sin teléfonos sonando, ni recibiendo mails, sin imágenes por la TV más que las que tienen el expreso fin de incentivar el acto sexual. No hay llegada del mundo exterior en un cuarto de telo.

Estos albergues, que brindan a las parejas la posibilidad de disponer de servicios de alojamiento por horas, tienen una acotada oferta en el partido de Escobar, pero que cumple con opciones para todos los gustos. Con un concepto casi de telo boutique, el moderno Bond, en Matheu, se destaca por su decoración minimalista, la arquitectura con habitaciones en dúplex, con hidromasajes en la planta baja y suites con terrazas privadas que tienen jacuzzis climatizados.

También están los más tradicionales como Escondi2, a metros de la ruta 25 y Panamericana; Deseos, en Garín; y Contigo, en Loma Verde. Estos últimos con una concepción más acorde a la idea convencional que se puede tener de un hotel alojamiento: espesas alfombras para amortiguar el sonido de los pasos, techos espejados, decenas de botoncitos que brillan en la oscuridad y diminutas ventanas en las puertas por donde la mucama seguramente pasará más tarde algo para tomar. Así se completan las opciones para quienes no disponen de un lugar para pasar un rato a solas con su pareja.

Gays sí, tríos no

Hasta no hace mucho, la pareja que entraba a un albergue transitorio debía estar constituida exclusivamente por dos mayores de edad de distinto sexo. Pero a partir de 1997 la legislación fue modificada para que puedan acceder personas del mismo género, rompiendo así con lo que se consideraban actitudes discriminatorias.

“Tenemos muchos clientes gays, tanto hombres como mujeres”, aseguran quienes regentean los hoteles escobarenses. Lo que no cambió es el tema de la edad: menores de 18 años no pueden entrar. Así como tampoco les permiten el acceso a más de dos personas juntas. “No quiero decir que no pase, porque a veces no lo podemos controlar, pero no está permitido. Entre más de dos personas pueden darse situaciones riesgosas, como que rompan un vidrio y los $175 que les cobré el turno no me alcanza ni para repararlo”, señala la gerente de Bond, quien prefiere no dar su nombre “porque mi hijo me mata”.

En otro aspecto que también coinciden los encargados de los diferentes hoteles es el de las prostitutas, a quienes sí se les permite la entrada porque no hay manera de saber que lo son, salvo que entren viarias veces en un día con hombres distintos. En ese caso, igualmente, no les pueden decir nada si pagan y ellas se están haciendo el día. Además, aseguran que ninguna se presenta vestida (o desvestida) de una forma tan escandalosa como para develar su profesión.

Otro de los mitos instalados es el de que hay que salir de la misma forma en que uno entró, de a dos. “Y es así, porque sino el otro se queda durmiendo, probablemente borracho, y no hay forma de sacarlo. Cuando pasa que una persona quiere salir sola le pedimos que vuelva y salga con el otro”, dice la encargada de Escondi2, Griselda Roldán.

Pero a pesar de ser un espacio donde las parejas van a relajarse y pasar un buen momento, hay ocasiones en que las cosas se descarrilan. Sonidos de goce exagerado que molestan a los vecinos, peleas y discusiones, porque cada uno se mete ahí adentro con sus historias a cuestas y puede pasar de todo. Hasta mujeres y hombres desesperados que llegan a la recepción a buscar a sus cónyugues con la firme idea de que están ahí con otra/o.

“Hay gente que llama por teléfono preguntando si está fulano o si se encuentra estacionado un auto con tal número de patente. Pero la discreción acá es absoluta, por teléfono no damos siquiera precios ni indicaciones de cómo llegar. No se da ningún tipo de explicación. Y si la persona insiste mucho, directamente le cortamos”, señala Roldán.

En Bond pasó que vayan señores o mujeres buscando a sus esposas o maridos, pero allí tampoco dan información de quién se encuentra en el hotel. “Primero que no lo sabemos, porque no hay un registro, y parte de nuestro trabajo es mirar sin ver. Si de casualidad llegamos a identificar a quién están buscando, interrumpimos a la pareja y le avisamos por teléfono, porque yo tengo que cuidar a mi cliente. Pero si no, le pedimos a la persona que espere afuera y una vez en la calle, que se arreglen”.

En cuanto a los ruidos demasiado molestos, los conserjes suelen tener que llamar a las habitaciones para pedir calma. Y más de una vez han tenido que recurrir a los agentes del orden público para frenar peleas que amenazaban con llegar a mayores.

Algunas estadísticas dejan entrever que los telos están en decadencia. ¿Será que los amantes han encontrado lugares menos explícitos y más románticos? ¿Será que ya no hay tiempo para encerrarse dos horas a hacer el amor sea donde sea? ¿O será que hay menos gente que encuentra con quien realmente quiere hacerlo?

Días de más acción

Según datos publicados por Albergues Online, el 4 de septiembre, Día de la Secretaria, los clicks en la web dedicada a dar información sobre telos recibe un incremento de visitas del 30%, convirtiéndose en una las fechas de más demanda. “Un número bastante significativo, que puede compararse con el de San Valentín o el Día de la Primavera”, aseguran.

Otro de los datos en los que coinciden quienes de una u otra manera están relacionados al movimiento de un albergue transitorio es que a la noche van las parejas estables y durante el día “los que están de trampa”.

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