Al sur de España existe un pueblo donde todos cobran el mismo sueldo y pueden tener su casa con 15 euros al mes. Gobernado hace décadas por la misma persona, es considerado el último oasis del comunismo.
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Por ALEJO PORJOLOVSKY
aporjolovsky@dia32.com.ar

Charles Fourier fue un pensador francés de comienzos del siglo XIX que soñó con una forma de vida atípica llamada Falansterio, donde todos los habitantes trabajen juntos en pos de la armonía y la felicidad colectiva. Casi doscientos años después, su idea floreció en Marinaleda, un pueblo del sur de España donde la utopía se volvió realidad.

No hay desempleados, las calles llevan nombres de próceres latinoamericanos, la policía no existe (porque no hay delitos) y todos pueden acceder a la casa propia. Esas son algunas de las particularidades de este terruño andaluz, ubicado a 100 kilómetros de Sevilla, donde la historia cambió a fines de los ‘70, cuando los vecinos comenzaron a tomar las decisiones.

Por entonces, un joven llamado José Manuel Sánchez Gordillo ganó la primera de sus diez elecciones a intendente (lleva 36 años en el cargo). Este peculiar maestro devenido en alcalde fue el principal artífice del oasis comunista de Europa.

En Marinaleda hace tiempo que se vive distinto a otros lugares de España, pero su popularidad aumentó en los años recientes: en plena crisis, con bancos en la quiebra y 4 millones de desocupados, el modesto poblado tiene el privilegio de contar con pleno empleo.

El Cortijo del Humoso, un campo de 1.200 hectáreas, es su joya. Ese predio perteneció históricamente a la familia de la difunta Duquesa de Alba y apenas era utilizado. Pero un grupo de vecinos, encabezados por el bueno de Sánchez Gordillo, tomó el lugar en los ‘80 y se mantuvo allí hasta que el gobierno regional decidió cedérselo. Un acto de justicia, aunque logrado de manera ilegal: “La ley es la dictadura del poderoso. No son neutras, ni quienes las aplican, y ponerse por fuera muchas veces cambia la sociedad”, se defiende el barbado dirigente.

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Desde entonces, el poblado entero trabaja en la producción y comercialización de vegetales de todo tipo, sin patrones ni dueños y con un sueldo de 1.200 euros que perciben todos, desde un sembrador hasta el mismísimo jefe comunal.

Las posibilidades laborales atraen a mucha gente, que también decide quedarse allí por las facilidades para obtener una casa. Cuando en Madrid o Barcelona las hipotecas rondan los 1.000 euros mensuales, en Marinaleda se puede tener el hogar propio con solo 15 al mes. Los únicos requisitos son aportar trabajo durante 400 días; el terreno, la mano de obra y los materiales los provee el municipio.

Pero no es todo color de rosa. Muchos son escépticos con esta forma de vida y plantean dudas sobre su sustentabilidad. “Sin privilegios sería un pueblo más del campo andaluz o español. Desde el punto de vista económico, es insostenible”, opina un dirigente de la zona.

Es cierto que la mayor parte de los ingresos proviene de fondos enviados de esferas más altas de poder, pero no es el único pueblo que los recibe e incluso obtiene menos que otros. Según el sitio Gobierto, ocupa el puesto 69 en el ranking de poblaciones pequeñas -hasta 5 mil habitantes- que más recursos perciben del Estado regional.

Otros critican el liderazgo de Sánchez Gordillo, quien desde la transición democrática prácticamente no tiene oposición electoral y obliga a partidos tradicionales del país, como el PP o el PSOE, a buscar candidatos afuera. “Si obtengo la mayoría absoluta, por algo será”, se defiende quien en la última elección ganó con el 72%.

Muchos creyeron que con la caída de la Unión Soviética, el comunismo comenzaba su despedida de un mundo cada vez más capitalista. Estaban equivocados, porque Marinaleda, con sus virtudes y defectos, es el claro ejemplo de que se puede vivir de otra forma. En ese pequeño pueblo andaluz, la utopía se puede tocar.

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