beto aguilar sobre un fondo amarillo
El líder de El Globo Infernal habla del lanzamiento del cuarto álbum de la banda garinense y de su regreso a los escenarios. “Estuve con los altibajos lógicos de un artista, pero esta vez no aflojo más”, afirma, motivado.

Cuando la pasión es más grande que cualquiera de las adversidades que puedan obstaculizar la carrera de 20 años de una banda, sin dudas que también puede hablarse de éxito.

El Globo Infernal es un proyecto musical comandado por Roberto “Beto” Aguilar (44), que está a punto de lanzar su nuevo disco, titulado Esquivando y compuesto por once canciones. Una de ellas, 100 años, ya está disponible en las plataformas digitales, junto a su respectivo videoclip.

El disco fue grabado en junio de 2022 en Woman Studio, de Emanuel Ortega, con Facundo Rodríguez como ingeniero de grabación y responsable de la masterización. La producción musical y mezcla estuvieron a cargo de Silvio Ottolini, en los estudios One Rock Music.

La banda surgió en 2002, en Garín. Su primera producción fue un demo de cuatro temas, que salió como disco no oficial. Después vinieron Funky mi dolor (2007), Digo lo que siento (2014) y En Vivo – Teatro de la Cova (2017).

Con casi 20 años de trayectoria, la agrupación llevó su música a reconocidos escenarios del circuito porteño y de Gran Buenos Aires. Actualmente, junto a “Beto” Aguilar (voz, guitarra) están Darío Casciaro (guitarra), Gonzalo Jiménez (bajo), Juan Torres Fernández (saxo) y Silvio Ottolini (batería).

Tapa del disco Invisibles
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Volver a empezar

Luego de una pausa obligada por los estragos de la pandemia, El Globo Infernal se reencarnó para darle forma a un nuevo trabajo de estudio. “El disco ya está grabado. Fue una propuesta mía a mi otro yo interno, que estaba parado, estancado. A veces uno no sabe cómo seguir y tomé la decisión de meterme en un estudio para registrar estas canciones que ya tenía. Las había trabajado en pandemia, que fue una época que me picó para el lado productivo”, cuenta el músico y compositor.

Fue ahí cuando se comunicó con Silvio Ottolini y le dijo que tenía 60 canciones. “Él tuvo la tarea de elegir las canciones, fue el productor musical del disco y también el encargado de la mezcla”.

Sobre la confianza que una agrupación deposita en manos de un productor, de técnicos y músicos sesionistas, el cantante y guitarrista es categórico. “Esta vez no me metí, por más que no coincida. Y quedó tremendo”.

“En todas las producciones que armé siempre estaba yo, en los cuatro discos. En este fue diferente, delegué todo. Me lo grabó Facundo Rodríguez, el ingeniero que tuvo a su cargo el sonido del disco Amapola del 66, de Divididos. También fue el responsable de la masterización. Tuve esa calidad y esa experiencia en la grabación”.

“En algún momento me pregunté si estaba a la altura. Y con todos los años que uno se viene preparando y molestando con esto, por inercia te la tenés que creer. Todo el equipo me ayudó mucho. Cuando lo terminé de escuchar quedé fascinado”, sostiene.

El arte de hacer canciones no es tan fácil como quizás muchos imaginan. Sobre este asunto, el líder de la banda también reflexiona. “Es muy difícil, pero creo que tiene que ser así. Recuerdo que en el conservatorio un profesor nos decía que teníamos que hacer una canción por día. Nunca le entendí el concepto, hasta el año pasado: todos los días tenés una historia que contar”.

Beto Aguilar con una guitarra roja sobre una pared de ladrillos rustica
Guitarra en mano. «Tengo ganas de tocar y volver a los escenarios, a ver qué pasa», comenta Aguilar.

Hacer un disco es como escribir un libro, me tiene que llevar a ese momento de mi vida. Estuve con los altibajos lógicos de un artista, pero esta vez no aflojo más. Esto viene de raíz. Mi mamá me dio la guitarra. Ella toca chamamé, de ahí viene la parte artística. Me pasó la guitarra y de ahí no paré. Tenía 11 años”, recuerda.

Antes de crear El Globo Infernal, el músico garinense tocó en Los Duendes, una banda de rock de la localidad. “La madurez me llevó a armar mi propio proyecto, mi propia identidad. Aunque nunca lo abandoné, por ser perseverante me costó”, apunta.

El Globo Infernal se estará presentando el sábado 13 de mayo a las 22 en The Roxy Bar & Grill (avenida Lacroze y Álvarez Thomas, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). “Vamos a adelantar algunos temas del disco. Será un show contundente y diferente a lo que veníamos intentando. Pasamos de hacer un teatro a un lugar más cálido”, anticipa.

“La madurez me llevó a armar mi propio proyecto, mi propia identidad. Aunque nunca lo abandoné, por ser perseverante me costó”,

“Seguramente tengamos un par de shows más así antes de la salida del disco. Tengo ganas de tocar y volver a los escenarios, a ver qué pasa”, describe con ansias sobre la cuenta regresiva a subirse nuevamente a las tablas.

Desde los 90, “Beto” viene batallando el under en zona norte y tiene autoridad y trayectoria suficientes para analizar la movida de este lado de la General Paz. “Veo que los que siguen se adaptaron al sistema y a las nuevas formas de trabajo. Hoy grabar es más fácil, pero lo más difícil es lo que viene después: la comercialización de tu disco, la venta. El que no hace, no se equivoca”, describe con ojo crítico el cantautor.

Cuando la banda irrumpió en escena, se convirtió rápidamente en referente del género funk en la zona. Hoy, con más música sobre las espaldas, la evolución es inevitable: “Me gusta el funk, pero utilizo las herramientas de la música, de los estilos”, concluye el músico, que con sus nuevas canciones viene a ofrecer su corazón.

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