Con el folklore como eje y nuevas propuestas musicales, estos espacios empezaron a multiplicarse y a consolidarse como un fenómeno cultural a nivel local.

Hay escenas que parecían haber quedado en el recuerdo. Una guitarra que empieza a sonar mientras el aroma de las empanadas invade el salón. Una pareja que se anima a bailar una chacarera entre las mesas. Chicos corriendo entre familias enteras, mientras un cantor improvisa una zamba y otro músico se suma con el bombo. No importa demasiado si ocurre en un club, un centro cultural, un bar o un predio al aire libre. Lo que importa es que, en distintos puntos del partido de Escobar, esas escenas volvieron a hacerse habituales.

En los últimos años, las peñas dejaron de ser acontecimientos esporádicos para transformarse en una de las expresiones culturales con mayor crecimiento. Belén de Escobar, Ingeniero Maschwitz y Garín conforman hoy un circuito que reúne propuestas con identidades muy diferentes entre sí, aunque unidas por un mismo espíritu: volver a encontrarse.

Detrás de ese fenómeno hay organizadores que, desde distintos lugares y con recorridos muy diversos, llegaron a una conclusión similar. La música fue la excusa; el verdadero objetivo era reconstruir espacios de pertenencia.

Ese renacer tiene nombres propios. En Garín, Fernanda Mores impulsa la Peña La Mores desde el microestadio municipal; en Belén de Escobar, Camilo Carabajal organiza La Peña del Hechicero en Brotal y Leo Llansó sostiene las noches de peña en Materia Gris; en Ingeniero Maschwitz conviven la histórica peña del Centro Cultural El Bondi, la Barretpeña de Leandro Barreto y Álvaro Siles en Museo Bar y la reciente Peña Ricotera de Emiliano Espíndola. Cada propuesta tiene su impronta, su público y su repertorio, pero todas comparten la misma vocación: ofrecer un espacio donde la música vuelva a convertirse en un punto de encuentro.

En los últimos años, las peñas dejaron de ser acontecimientos esporádicos para transformarse en una de las expresiones culturales con mayor crecimiento en el partido de Escobar.

Gente bailando y público en una peña de El Bondi.

Una por una

Peña La Mores nace principalmente desde la necesidad de generar un espacio cultural, artístico y de encuentro, pensado para todos los artistas, con el objetivo de promover y reivindicar nuestro folclore de raíz y contemporáneo, lleno de nuevas voces, danzas y poetas”, explica la cantora Fernanda Mores sobre el ciclo que desde hace tres ediciones se desarrolla en el microestadio municipal de Garín (boulevard Perón 450).

La palabra encuentro vuelve a aparecer apenas cambia el interlocutor. En Brotal (Juan Mermoz Sur 2080, Belén de Escobar), Camilo Carabajal impulsó La Peña del Hechicero con una idea muy parecida. “Nació con la idea de ofrecer una forma distinta de vivir el folklore: al aire libre, en contacto con la naturaleza y con un fuerte espíritu de encuentro. Queremos que cada persona se sienta parte de la peña, no como espectadora, sino cantando, bailando y compartiendo nuestras tradiciones”, explica su mentor, hijo del legendario Cuti Carabajal.

Fernanda Mores cantando.

La misma definición aparece, con otras palabras, en Noche de Peña, el ciclo que Leo Llansó organiza en el Club Cultural Materia Gris (Rivadavia 250, Belén de Escobar). “Surgió a partir de la primera que hicimos con Locros del Barrio (su banda). Queríamos generar algo con una frecuencia que en principio fue bimestral y después lo hicimos mensual”. Más allá de la periodicidad, hay una idea que resume el sentido de la propuesta: “Es un espacio de encuentro, de compartida, de familia, de amigos, de música”.

Que tres organizadores distintos, en tres espacios diferentes y sin relación entre sí utilicen la misma palabra para definir sus proyectos difícilmente sea una casualidad. Más bien parece responder a una necesidad de época.

Camilo Carabajal en La Peña del Hechicero.

Cada propuesta tiene su impronta, su público y su repertorio, pero todas comparten la misma vocación: ofrecer un espacio donde la música vuelva a convertirse en un punto de encuentro.

Esa sensación también atraviesa la historia de la peña La Mejor Hasta Ahora, que se realiza en el Centro Cultural Comunitario El Bondi (El Dorado 1518, Ingeniero Maschwitz). “La peña nació en los primeros años de El Bondi, cuando recién entramos. La primera la hicimos el 9 de julio de 2011, cuando firmamos el acta de posesión frente a un escribano público y frente a todos los vecinos que habían ido a esa tremenda peña que armamos. Después quedó agendada todos los 25 de mayo. Es uno de los eventos que más identidad le da al espacio. Atravesó todos estos años con diferentes personas o grupos que estuvieron haciéndose cargo”, comenta Gabriela Pérez de Simone, una de las responsables.

No es casual que muchas de estas experiencias hayan cobrado un nuevo impulso después de la pandemia. De Simone reconoce esta tendencia, aunque también advierte sobre las dificultades que implica sostener este tipo de iniciativas. “La vida de hoy atenta contra los espacios de encuentro social o más comunitario”, señala.

Leo Llansó tocando la guitarra en una peña.

Paradójicamente, esa misma reflexión parece explicar el crecimiento del movimiento. Cuanto más escasean los lugares para compartir, mayor valor adquieren aquellos que todavía permiten reunirse alrededor de una mesa, una guitarra o una pista de baile. “Buscamos recuperar el valor de reunirnos cara a cara. Además de la música y la danza, proponemos un espacio para conversar alrededor del fogón, tocar la guitarra y abrir el micrófono a quien quiera sumarse. Cada edición también rinde homenaje a grandes referentes de nuestra música popular, porque creemos que mantener viva esa memoria es parte de nuestra identidad”, afirma Carabajal.

Más que un espectáculo, las peñas parecen haberse convertido nuevamente en un lugar de pertenencia. Y ese, probablemente, sea el verdadero motivo de su crecimiento.

Gente bailando en una peña de El Bondi.

Más escenarios, más artistas, más público

Si el primer rasgo que une a las peñas escobarenses es la necesidad de generar espacios de encuentro, el segundo tiene que ver con la creación de nuevos escenarios para los artistas. Detrás de cada edición hay un trabajo sostenido que busca ofrecer oportunidades a músicos, bailarines y compañías de danza. Ese fue el punto de partida de La Barretpeña, que desde hace tres años se realiza en Museo Bar (Bolívar esquina La Plata, en Ingeniero Maschwitz).

“La Barretpeña nació hace aproximadamente tres años, una idea mía y de Álvaro Siles, dueño del Museo Bar, pensando en generar un espacio donde haya música folclórica argentina y pensando en la cantidad de músicos y bailarines, es un núcleo muy grande en todo el partido de Escobar”, cuenta el músico Leandro Barreto.

Leandro Barreto tocando la guitarra.

La respuesta del público y de los propios artistas terminó superando las expectativas iniciales. “Viendo la ausencia de espacios cotidianos para esas expresiones artísticas, decidimos hacerla una vez por mes y desde ahí ya no paramos. Todos los meses había una Barretpeña en Museo Bar. A partir de este año la empezamos a hacer dos veces al mes”, remarca.

La experiencia no es un caso aislado. En Garín, Fernanda Mores también fue testigo de ese crecimiento. “Estoy muy feliz de poder realizar la tercera edición de Peña La Mores. Es un encuentro que nació para celebrar nuestras raíces y que, año tras año, sigue creciendo gracias al acompañamiento del público y de los artistas”, afirma. Ese crecimiento, además, permitió ampliar la propuesta. “Nuevamente bajo el lema ‘Si se calla el cantor’, el 8 de agosto vamos a compartir una noche con grandes referentes del folklore como Diego Arolfo, Néstor Garnica y Paola Medina, además de muchos músicos, ballets y compañías de danza que le darán vida a una verdadera fiesta popular”.

Más allá de la presencia de figuras reconocidas, la intención sigue siendo la misma: que el escenario sea compartido por artistas consagrados y por quienes construyen diariamente la escena cultural local.

En Noche de Peña, Leo Llansó también apuesta a esa combinación. En cada edición del ciclo que organiza en Materia Gris fueron pasando Camilo Carabajal, Fede Toledo, la China López, Locros del Barrio, Tamara Pone, Hernán Rojas y Fernanda Lojo, entre otros, artistas que conviven con clases abiertas de danza y propuestas pensadas para el disfrute colectivo. “Buscamos distintos formatos, siempre priorizando que sea algo que se pueda disfrutar y compartir en familia, con los niños, con amigos”, resume Llansó, dejando en claro que el objetivo trasciende el espectáculo para convertirse en una experiencia compartida.

En Escobar, la peña ya no es únicamente un lugar donde subir a un escenario. Es también un espacio donde aprender a bailar, compartir una comida, conversar entre vecinos y descubrir nuevos artistas y ver a otros de renombre. Quizás por eso cada propuesta fue encontrando su propio público y consolidando una identidad particular.

La evolución de La Barretpeña refleja claramente ese proceso. Lo que comenzó como un ciclo para artistas locales hoy también abre sus puertas a referentes nacionales. “Desde este año estamos haciendo la Barretpeña Especial, donde viene un artista consagrado, un artista nacional de renombre. Estuvieron Demi Carabajal, Bruno Arias y Micaela Chauque. Tenemos ganas de seguir trayendo más artistas al pueblo”, destaca Barreto. Pero el crecimiento no parece detenerse allí. “Estamos con la idea de hacer algún tipo de festival grande o algo por el estilo”, adelanta el músico y organizador.

La tradición se reinventa

Si durante décadas la palabra peña remitía casi exclusivamente al folklore, las experiencias que hoy conviven en Escobar demuestran que ese formato también puede abrirse a nuevas expresiones sin perder su esencia. El mejor ejemplo es La Peña Ricotera, una propuesta impulsada por el músico y docente Emiliano Espíndola que también encontró su lugar en Museo Bar. Allí, el cancionero de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota reemplaza a las chacareras y zambas, pero el espíritu participativo sigue siendo exactamente el mismo.

“Todos los años hago una muestra con mis alumnos donde tocamos música de autor y con una banda en vivo. El año pasado me pareció propicio hacer las canciones del disco Oktubre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Un mensaje combativo, unas letras profundas y una instrumentación copada. Como salió también la presentación con la banda, hicimos algunos shows como grupo. A principios de este año surgió la idea de hacer La Peña Ricotera”, relata Espíndola.

Lejos de tratarse de un recital convencional, la propuesta apuesta a la construcción colectiva del espectáculo. “Tiene un formato muy parecido a las jams que hacía en otros ciclos. Hay una banda principal que abre y cierra el show, y hay una lista de temas. En el medio van pasando distintos cantantes, guitarristas, bajistas, vientistas, bateristas, todo tipo de músiques que se quieran sumar a interpretar la lista de temas que tenemos para ofrecer en cada peña”.

El concepto vuelve a enlazarse con lo que planteaban los organizadores de las peñas folklóricas: la participación del público ya no se limita a mirar. “La lista va variando, pero siempre hay mucha injerencia en los temas del disco Oktubre. La idea es compartir, generar un lugar donde haya un feedback y armar un show especial. Esto no es un tributo a los Redondos, es como una ofrenda, una reversión de temas de los Redondos, donde el público también es parte del show”, explica el músico y docente.

Aunque los repertorios sean distintos, esa búsqueda no difiere demasiado de La Peña del Hechicero. “La propuesta sigue creciendo porque la gente encuentra un lugar donde el folklore se vive de manera participativa, acompañado por una gastronomía que combina sabores tradicionales con una mirada actual”, explica Carabajal. “No hacemos una peña para que vengan a mirar; hacemos una peña para que vengan a vivirla”, remata.

En tiempos atravesados por la inmediatez y las relaciones virtuales, las peñas recuperan algo que parecía estar perdiéndose: el valor del encuentro. Y mientras haya una guitarra dispuesta a sonar, una pista abierta para bailar y una comunidad con ganas de reunirse, todo indica que este movimiento cultural todavía tiene mucho camino por recorrer.

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