El Secretario de Proyección Institucional del Municipio habló con DIA 32 de su pasado en el pattismo y de su vuelco hacia los derechos humanos, de sus ambiciones políticas y su afinidad con Sandro Guzmán.
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Por ARIEL J. SPADARO
aspadaro@dia32.com.ar

Luis Patti transitaba la mitad de su segundo mandato en la Intendencia de Escobar cuando Germán Maldonado (34) ingresó en 2001 a la planta de personal municipal y comenzó a militar en política.

Cuatro años después, ya en plena gestión de Silvio González, había ascendido a director del Centro de Atención al Vecino. Y en 2007 integró la lista de candidatos a concejales del Paufe, en la elección que consagró intendente a Sandro Guzmán, quien al asumir lo nombró subsecretario de Infraestructura.

A mediados de 2009 tuvo una nueva misión: ocupar una de las 14 bancas del bloque oficialista en el Concejo Deliberante. Fue hasta 2011, cuando Guzmán premió su lealtad creando un área a su medida: la Secretaría de Proyección Institucional. Hoy los afiches con su precandidatura a concejal mantienen empapelado el distrito y hacen que su nombre sea mencionado a la hora de hablar de posibles herederos del proyecto político oficial.

¿Quién es Germán Maldonado? ¿El que formó parte en las gestiones pattistas o el que participa de los espacios por la memoria, la verdad y la justicia? ¿Cuál es tu razón de verdad?

Yo empecé a militar cuando el peronismo local lo encabezaba Luis Patti, lógicamente con una falta de conocimiento de lo que fue la dictadura, sumado a que si alguien decía que había sido torturador, consultaba a mis padres y a otros adultos que me decían: “Y sí, pero todavía no se sabe… Fue una guerra”. Así que cumplía mi trabajo porque necesitaba el dinero y militaba prácticamente por fuera de lo que era el Paufe.

Al ir creciendo en la militancia fui uno de los que más problemas tuvo con Patti, desde enviarme trasladado de un lugar a otro del Municipio, darles categoría a todos los empleados menos a mí, hasta llegar al punto de amenazas. Ahí pude ir formando mi propia opinión y así fui consolidando qué fue lo que es o lo que dicen que es, porque llegué a vivirlo en carne propia con las amenazas que describí, no solo de parte de él sino de algunos que estaban con él que me amenazaban constantemente con que “no salgas a hacer política, este barrio no se toca, no hables, no entregues mercadería de acción social”.

Peor aún fue el hostigamiento a partir de que Sandro Guzmán me colocó en la lista de concejales. Pero cuando se tomó la decisión de conjunto de pasar al kirchnerismo fue un gran alivio para mí. A partir de los programas gubernamentales que apuntaban a los Derechos Humanos, vimos que en Escobar faltaba generar conciencia al respecto y surge con algunos compañeros de la juventud e instituciones intermedias la idea de crear un proyecto que se dominó “Hagan Correr la Voz”, para que a los jóvenes no les pase lo mismo que le pasó a mi generación y a otras.

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A partir de tus aspiraciones de volver a ser concejal, de los dos años que estuviste en el Concejo Deliberante ¿podés mencionar tres proyectos o actividades que hayas presentado?

He presentado muchísimos proyectos, aunque las ordenanzas fueron siempre en conjunto. Mi labor no se diferenció de mis otras actividades en el Ejecutivo. Nunca me quedé sentado esperando reclamos de los vecinos, siempre salí a recoger las inquietudes. En la Comisión de Seguridad que me tocó presidir he llevado a las autoridades policiales y a los funcionarios municipales a conversar con la gente. Siempre fue mi función articular.

¿Te considerás un funcionario que solo obedece y no mira lo que pasa a su alrededor o ante alguna situación que no compartís te comprometés, incluso con opinión?

Soy totalmente corporativo y orgánico, pero considero que tengo una entidad propia, mi punto de vista. Ahora, con el Intendente tengo una afinidad, él es quien conduce el partido donde yo estoy. Es mi jefe, por supuesto, pero cuando veo que algo no está bien o falta hacer no me quedo esperando una directiva sino que se lo comento y lo planteo en las reuniones de gabinete.

No sos el único que lanzó su precandidatura dentro del peronismo. ¿Qué opinión te merecen los otros posibles postulantes?

Luis Carranza fue compañero mío de bancada y tiene una gran trayectoria política. Hugo Cantero es un buen referente para aprender sobre la doctrina peronista. Y a Sebastián Rey lo considero un compañero con algunas similitudes, por sus inicios en instituciones intermedias y porque también tuvo que padecer al pattismo. Hoy articulamos muchas actividades y puedo decir que es un amigo.

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“El Club de Pibes es algo ajeno a la política”

La bandera de la Secretaría de Proyección Institucional del Municipio es el Club de Pibes, una agrupación de aspecto militante pero que según Maldonado -a quien llaman “el capitán”- no tiene nada que ver con la política partidaria y apunta a la inclusión social.

Sus actividades van desde salidas didácticas con grupos de chicos y abuelos a eventos recreativos en los barrios, aunque también es común verlos en actos oficiales.

¿Qué es el Club de Pibes?

Es un programa netamente municipal, totalmente ajeno a la política. Lo integran jóvenes voluntarios que tienen una gran vocación de servicio social y comunitario. En Escobar nos conocemos y, si bien muchos de ellos son parte de la juventud peronista, bajo ningún punto mezclan la tarea del Club con la militancia política.

Si son voluntarios, ¿entonces no están rentados por el Municipio?

La mayoría no. Hay algunos que pertenecen a la Oficina de Juventud, que es un de las áreas que tengo a cargo. Ellos son los que coordinan y están en el armado del programa. Hoy tenemos entre 35 y 40 voluntarios activos.

En los últimos folletos que repartieron casa por casa decía que hay más de 1.700 familias adheridas, menos de la mitad que habías declarado en diciembre a otro medio. ¿Decayó el programa?

No, no. Por el contrario. En las adhesiones se suman las familias enteras con el grupo familiar… Muchas veces salieron distorsionados los datos por errores de imprenta, o del área de prensa, o mismo de la Oficina de Juventud y a veces tomaban que son 1.800 familias, pero son mayores que pueden participar, y al haber una estimación del grupo familiar, entonces son más; y también pasa con las instituciones intermedias que por ahí se sumaba el presidente de una comisión, en nombre de ella, luego otros miembros de la comisión que vienen, que apoyan…

La palabra “inclusión” es el término que más repiten en este proyecto, pero solo notifican eventos de esparcimiento. ¿Cuál es el beneficio o paso próximo de inclusión que debería encontrar una familia que se adhiere al programa?

A través de las diferentes actividades culturales y recreativas que generamos buscamos encontrar problemáticas de algún integrante de la familia y en el momento que se detectan lo trasladamos a los profesionales. Por ejemplo, detectamos chicos que no van a la escuela y ahí le dimos intervención a Desarrollo Social para ver qué sucedía y que los ayuden.

¿Cuáles son los programas concretos que han articulado con las instituciones escolares, a sabiendas de que concentran a niños y jóvenes y conocen sus realidades?

No, principalmente se articula con instituciones intermedias, lógicamente que el programa está abierto, pero muchas veces las actividades se plantean fuera de los horarios escolares. Igualmente, cuando hicimos la primera actividad, que fue llevarlos al teatro y hacer talleres literarios, se invitó a las escuelas comentándoles cuál era el programa y para que las siguientes actividades de teatro las pudieran realizar los mismos docentes dentro de la escuela, como un taller o un trabajo práctico; y creo que solo se hizo en un colegio. Nos resulta más fácil y accesible trabajar con instituciones intermedias, que son las que más necesitan apoyo del Municipio y las que más voluntarios aportan voluntarios para colaborar.

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