En un territorio cada vez más presionado por el avance de emprendimientos inmobiliarios, La Cañada de El Cazador emerge como un refugio inesperado de biodiversidad. Allí, en un paisaje donde conviven humedales, pastizales y urbanizaciones en expansión, se registra una de las mayores concentraciones de aves de toda la provincia de Buenos Aires.
El dato no es menor: más de un centenar de especies fueron identificadas en este rincón de Belén de Escobar, incluyendo ejemplares poco frecuentes en la región como el atí -un gaviotín de gran porte-, la esquiva garza bruja y cuatro variedades de carpinteros.
El relevamiento fue realizado por el Club de Observadores de Aves (COA) “Pava de Monte”, que desde hace una década trabaja en el estudio y la conservación de la avifauna local. Ese registro, cargado en la plataforma internacional eBird, ubicó a esta reserva ambiental como el hotspot con mayor cantidad de especies (109) del Gran Buenos Aires y dentro de las quince más destacados del país, en un listado que incluye a la Reserva Ecológica Costanera Sur (145), el Parque Nacional Iberá (125) y El Impenetrable (116), entre otros sitios.
Un reconocimiento que no solo pone en valor la riqueza ornitológica de Escobar, sino que también enciende una señal de alerta sobre la necesidad de preservar estos ambientes frente al avance urbano.

Un club para poner en valor lo propio
Los clubes de observadores son grupos de socios de la Asociación Aves Argentinas, que colaboran a nivel local con la conservación. Para eso, realizan acciones para la educación ambiental, la lucha contra el tráfico de fauna y la protección de los hábitats. En el país hay más de ochenta.
El COA de Escobar había sido creado bajo la órbita de Aves Argentinas cuando, por el año 2015, la fotógrafa María del Castillo comenzó a impulsar actividades junto a la veterinaria Cynthia Guevara y con ayuda del COA Carancho, ubicado en el barrio porteño de Palermo. La entidad tiene una estructura horizontal, cuenta con un consejo de administración de dieciocho personas y noventa miembros.

El grupo no tiene un espacio físico ni maneja fondos, los motiva el entusiasmo y también la preocupación por las aves locales. Cada dos o tres meses se reúnen para organizar su trabajo y eventos. Su primera salida de observación abierta al público fue en marzo de 2016.
Martín Oyarzábal (555) es el actual coordinador del COA. Oriundo de General Pacheco, cursó el secundario en Escobar y siempre se mantuvo cerca del Paraná, donde practica remo hace décadas. El ingeniero agrónomo le cuenta a DIA 32 que las actividades de este COA incluyen censos de población, salidas de observación, charlas en instituciones educativas y colaboraciones con otras entidades locales en la conservación o restitución de flora que contribuye a sostener el hábitat para las aves.

El grupo no tiene un espacio físico ni maneja fondos, los motiva el entusiasmo y también la preocupación por las aves locales.
Han trabajado en conjunto con Germinar ONG, Fundación Temaikèn, la Reserva Natural Educativa Ingeniero Maschwitz, la Reserva Puertos y Fundación Humedales, entre otras.
Para las salidas de observación y censos de aves acuáticas, suelen ir al predio de Radio Ciudad que, si bien está en Tigre, contiene especies que distribuyen su hábitat alrededor del límite de este partido con Escobar. En esos censos han podido ver ejemplares de pato Cutirí, Jacana, Tachurí Sietecolores y del imponente búho Ñacurutú.

Gran Día de eBird
Las actividades del club también incluyen los Gran Día de eBird. Se trata de un evento mundial de observación de aves organizado por un destacado proyecto internacional del Laboratorio de Ornitología de la Universidad estadounidense de Cornell “eBird”.
Estas jornadas suceden dos veces al año: en mayo y octubre, cuando la avifauna presenta más actividad. Durante el último Gran Día, en el partido de Escobar se registraron 137 especies y 109 en la Cañada de El Cazador.

La zona, que se encuentra rodeada por grandes desarrollos urbanísticos, demuestra una biodiversidad ornitológica destacada en el territorio bonaerense. En la plataforma ebird se posicionó como el punto con más especies (hotspot) del Gran Buenos Aires y a nivel nacional quedó entre los quince primeros lugares.
Los registros presentan una pequeña parte de la situación ornitológica local, donde habitan más de 200 especies de aves. Entre las que se observaron ese Gran Día se encuentran algunas muy representativas de la zona, como el biguá, el chimango y la calandria. También se vieron ejemplares de tijereta, el pequeño suirirí amarillo y el vistoso pato sirirí pampa.

Durante el último Gran Día de eBird, en el partido de Escobar se registraron 137 especies y 109 en La Cañada de El Cazador.
Oyarzábal (55) advierte que en el partido de Escobar-así como a nivel nacional- las zonas protegidas ocupan un porcentaje reducido del territorio, muy por debajo de las recomendaciones internacionales. “Lo malo es que estamos escasos de áreas naturales protegidas, lo bueno es que si vimos 109 especies es porque las condiciones naturales para esas especies están”, analiza.
Además, señala que “la urbanización es un proceso imposible de parar, lo que hay que empezar a ver es cómo se urbaniza. Hay teorías para crear biocorredores urbanos y hacer las ciudades un poco más amigables con la fauna”.

Conocer para cuidar: el valor de difundir lo local
Durante estas jornadas, la observación es dinámica, porque el objetivo es avanzar para registrar la mayor cantidad de especies en un solo día. En octubre hubo más de treinta participantes recorriendo Escobar. Con binoculares, libreta y guía de campo en mano es posible descubrir una riqueza natural que muchas veces pasa inadvertida.
Incluso, para los más experimentados, el oído puede cumplir un rol clave: muchas especies pueden identificarse por su canto sin necesidad de verlas. En estos encuentros también participan fotógrafos, ilustradores, naturalistas y coleccionistas, que buscan sumar un nombre nuevo a sus registros.
Las actividades son públicas -con inscripción previa- e invitan a locales y visitantes a recorrer el territorio desde otra experiencia. Oyarzábal, que es un apasionado por las aves desde su infancia, comenta que hay personas que registran numerosas especies avistadas en sus propias casas. En cuanto a sus experiencias, destaca al rayador o “pico tijera”, un ave de paso, y a la acuática “espátula rosada”, que debe su nombre a un pico ancho y plano.
Las personas interesadas en sumarse al COA de Escobar pueden contactarse con la entidad a través de sus cuentas de Instagram y Facebook.

Un territorio clave para la diversidad
Además de su participación en el COA, Oyarzábal forma parte de la Reserva Natural de Maschwitz y es coautor, junto al veterinario Juan Alberto Claver, de una guía local de aves editada por Eudeba en 2025. La publicación reúne cerca de un centenar de especies presentes en la reserva, con información e ilustraciones que facilitan su identificación y forma parte del esfuerzo por difundir el conocimiento en la comunidad.
La Reserva de Maschwitz conserva un ambiente de pastizal y humedal en una extensión de veintitrés hectáreas. A ella se suman otros espacios donde la biodiversidad prevalece, como la Reserva Puertos, El Talar de Belén -con talares y humedales- y la Reserva Ambiental de La Cañada de El Cazador, ubicada al pie de la barranca.
Esta última constituye un caso particular: es un corredor natural de aproximadamente 50 hectáreas, circundado por grandes extensiones de humedales. Pero, a su vez, está rodeado por el barrio El Cazador y por urbanizaciones en desarrollo como El Naudir, El Cazal y Amarras de Escobar. Aun así, mantiene condiciones que permiten la presencia de una notable diversidad de aves.
Oyarzábal considera que es posible mejorar la conservación local con distintos abordajes. Por ejemplo, favorecer especies nativas de árboles y plantas que generen un hábitat propicio. “Convertir las zonas urbanizadas, barrios periféricos como El Cazador o Parque Belén, o mismo Maschwitz, que tiene todavía zonas de casa-quintas. Perfectamente se podrían ir adaptando con el tiempo a ser una zona amigable para la fauna y la flora silvestre”, señala.
“No se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”, dice la frase atribuida a Leonardo Da Vinci. En ese contexto, el trabajo del COA Pava de Monte resulta clave: a través de la observación, el registro y la difusión, el grupo contribuye a visibilizar la biodiversidad e impulsar su conservación.



