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UNA ESCOBARENSE EN CARACAS

Viviendo en un polvorín

Macarena Maciel es una joven escobarense, comunicadora social y militante política, que se radicó en la capital de Venezuela para apoyar la revolución bolivariana desde su trabajo en Telesur. “La manipulación mediática que hay es muy grande”, le cuenta a DIA 32.

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Por ALEJO PORJOLOVSKY
aporjolovsky@dia32.com.ar

Una distancia de 7.216 kilómetros es la que separa a Caracas, capital de Venezuela, del partido de Escobar. Ese trayecto fue el que recorrió arriba de un avión -en rigor, desde Ezeiza- Macarena Maciel (27), una joven comunicadora social que en abril inició su aventura en el país latinoamericano que está en boca de todos.

Recibida en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y militante de Patria Grande, llegó al país caribeño por una pasantía para aplicar sus conocimientos trabajando en las redes sociales de la señal Telesur, mientras vive en un complejo habitacional ubicado sobre las montañas.

“La gente acá es súper amable, alegre, te hacen sentir como en casa y te ofrecen ayuda”, sostiene en una entrevista vía Skype con DIA 32 desde su circunstancial morada, tras finalizar su jornada laboral.

Mucho se habla de lo que pasa en el país gobernado por Nicolás Maduro y la situación política y social que se vive allí, con denuncias cruzadas entre oficialismo y oposición, desabastecimiento, manifestaciones, muertes y tensión en el ámbito internacional. Una trama mucho más compleja de lo que suelen mostrar en los principales medios argentinos.

“Hay una situación muy complicada, que es producto de una guerra económica en contra de Venezuela”, señala Maciel. Así y todo, afirma que “con el sueldo uno puede vivir y los alimentos se consiguen”. Y comparte con esta revista su mirada ideológica, política y social sobre la convulsión que se está viviendo en la tierra de Simón Bolívar.

¿Qué tan ciertas son las noticias de la actualidad de Venezuela que se muestran en Argentina?

La manipulación mediática que hay es muy grande. Acá hay un plan desestabilizador en connivencia con los medios internacionales, sobre todo en los últimos meses. Las imágenes que llegaban a Argentina eran muy terribles: violencia, titulares que hablaban de un golpe de Estado y, sobre todo, muchas de ellas mostraban al victimario como víctima. En las protestas opositoras se veía humo y fuego, pero quienes generaban esas situaciones eran ellos mismos, que trancaban las calles, llevaban armas de fabricación casera y prendían fuego.

¿Cómo es el clima social? ¿Se vive en una situación caótica constante?

La verdad es que venimos de unos meses de mucha violencia, donde vos tenías dos caras de Caracas: por un lado, un pueblo pacífico con una vocación de diálogo y calma; por el otro, focos de violencia puntual más en el este, que son las zonas de una clase media-alta. También en los estados fronterizos con Colombia, donde hay pueblos intervenidos por el paramilitarismo. En gran parte del país uno ve una Venezuela que funciona con normalidad.

En lo personal, ¿cómo evaluás al gobierno de Nicolás Maduro?

Es un gobierno que en este momento está resistiendo a un ataque internacional desde la derecha nacional y orquestado por el imperialismo. Le está haciendo frente a una guerra de cuarta generación o híbrida, que ataca desde distintos frentes y no en el bélico como en una tradicional. Maduro tomó una decisión muy inteligente que es la de convocar a una Convención Nacional Constituyente para ponerle un freno a esta escalada de violencia opositora que se desató en abril, pasar a la ofensiva y llevar a la derecha a entablar un diálogo. Yo creo que es un gobierno que está haciendo lo posible para que en Venezuela triunfe la paz.

¿Encontrás puntos negativos en el gobierno?

Sí, que todavía no pudo darle una respuesta concreta a los problemas cotidianos de la gente. La situación económica es una de las principales a resolver en este momento. Es fundamental intentar generar la mayor cantidad de instancias de participación popular posibles, pero la verdad es que la escalada de violencia tan fuerte que se vivió en los últimos meses marcó la agenda. Siempre hay cosas que mejorar y perfeccionar, pero eso se tiene que llevar a cabo en un contexto de estabilidad.

¿Qué tan grande es la “grieta” venezolana?

Acá el chavismo y el antichavismo es muy claro. En muchos lados yo tengo que tener cuidado de decir dónde trabajo, no andar con el carnet de Telesur o con una remera de Chávez porque el odio que hay es muy grande y se dan hechos de violencia.

¿Cómo son las protestas opositoras?

Yo he pasado por barricadas, cerca del lugar donde trabajo, que queda en el Este. Incluso era cómico, porque veías a la gente trabando todos los accesos con troncos o autos y jugando a la paleta, sentados. A diferencia de Argentina, donde protestan los trabajadores, acá lo hace la gente de clase alta, que vive bien, dice “abajo la dictadura” y los ves haciendo un picnic mientras protestan y la gente no puede llegar a su trabajo. Otra metodología son las “guayas”, un alambre que atraviesa las calles de una punta a la otra para cortarle la cabeza a motorizados. Ya no les importa ni siquiera a quiénes están lastimando, porque quieren generar una situación de caos y violencia que para los medios internacionales se vende perfecto.

¿Vos decís que la oposición busca tirarle muertos al gobierno?

Es parte de un plan de desestabilización. Es un gobierno que no pueden voltear ni derrocar por la vía democrática, porque pierden, y entonces buscan generar un escenario de crisis para que eso justifique una intervención militar o una pérdida de legitimidad total del gobierno. Quieren generar una crisis económica y desabastecimiento de productos básicos, es todo parte del mismo plan, un “golpe suave”.

¿Cómo es la experiencia de trabajar periodísticamente en ese contexto?

Muy formativa e interesante. Por momentos es una locura. Hay que adaptarse a este ritmo de trabajo, sobre todo en un medio internacional, donde todos los días hay una noticia nueva y también uno viene bombardeado incluso de los fake news (noticias falsas) porque te cambian la agenda. Uno aprende muchísimo trabajando en esta situación y, sobre todo, exige un compromiso y una responsabilidad muy grande.

¿Se extraña Escobar entre tanto revuelo?

Sí, se extrañan los afectos, los amigos. Una de las cosas que más se extrañan también es la comida, acá hay otras cosas, otras costumbres. Hay carne, pero no se compara. Igual, estoy muy bien acá. Sobre todo por la gente, que es lo más lindo que tiene Venezuela.

 

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