Nació en la pobreza y, siendo ama de casa y catequista, logró convertirse en una de las primeras diputadas del país, por orden de Evita. “Fui una mujer más, del montón”, afirma. Acaba de cumplir noventa años.
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Por Juan Pablo Ruiz

juampifreak@gmail.com

Debo haber estado tocada por la mano de Dios, porque yo era una muchachita humilde, sencilla y a lo que he llegado, ¿no?”, reflexiona Elena Juárez de Cigluitti al mirar su vida en retrospectiva. Con 90 años recién cumplidos, esta reconocida y querida vecina le abrió las puertas de su casa a DIA 32 para recordar sus orígenes, su relación con Eva Perón y su actuación como legisladora provincial.

Nacida en Salta y de cuna muy humilde, a los 10 años vivía con su familia en un conventillo de Palermo y, dada la necesidad, ya trabajaba a destajo. Pero su suerte empezaría a cambiar de joven, cuando se casó con un militar que la trajo a vivir a una quinta de Garín: el suboficial Osvaldo Cigliutti.

En 1949, con tan solo 24 años y por mediación de su esposo, quien por entonces cumplía funciones en la secretaría privada del presidente Juan Domingo Perón, fue elegida para coordinar y organizar el trabajo de las llamadas “censistas” como subdelegada en el partido de Pilar. El objetivo era afiliar mujeres al flamante Partido Peronista Femenino. Lo hizo tan bien que la propia María Eva Duarte, ya en su letargo, la nombró personalmente como candidata a diputada provincial para los comicios generales de 1951, donde se estrenó el voto femenino obligatorio y Perón fue reelecto.

Cuando habla de Evita, a Elena se le ilumina el rostro: “No sé si por mi manera de ser o qué, le caí bien. En todas las reuniones quería que me sentara al lado de ella. ‘Y vos, “Ñata”, ¿no querés nada?’, me decía. Yo siempre le contestaba que no. Tenía prohibido por mi marido pedirle o aceptar algo, cosa que hacían todos porque ella daba sin problemas”. Hoy lamenta no haberle respondido alguna vez: “Una foto con usted”.

Durante su estadía en la Legislatura (1952/55) gestionó grandes obras para Garín: el boulevard Presidente Perón, la Escuela Nº5 y el “camino de entrada” a la localidad, hoy avenida Belgrano. En 1955 la Revolución Libertadora que derrocó al Perón la envió presa al penal de Olmos.

Tiempo después retomaría la función pública: fue consejera escolar en el primer gobierno municipal de Escobar (1960/62) y en 1973 integró de la Secretaría de Acción Social durante la Intendencia de Alejandro del Carmen Burgueño.

“Fue una época muy linda de mi vida. Siempre digo que debo haber estado tocada por la mano de Dios, porque yo era una muchachita humilde, sencilla y a lo que he llegado, ¿no? Es como una película mi vida”, reflexiona Elena, que terminó volviendo a los quehaceres domésticos en la casa de sus suegros y a la crianza de su único hijo, Edgardo Cigliutti (70), su “guía”.

Lo que nunca cambió en ella es su profunda religiosidad. De hecho, hace 71 años que concurre de forma ininterrumpida a la parroquia Santa Teresa, donde fue una de las primeras catequistas y recibió al célebre padre Perna, pionero sacerdote de Garín. En la actualidad va a misa todos los sábados y domingos y lee las intenciones. “Hice de todo en esa parroquia”, confiesa.

Sus 90 años la encuentran en buena forma. Lúcida, activa y radiante. “Lo único que tengo es que me cuesta caminar. Pero de las rodillas para arriba, gracias a Dios, estoy bien, no tengo nada”.

Pese a todo lo vivido, ella no pierde la humildad y se define como “una mujer más, del montón”. Su currículum, sin embargo, la desmiente.

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