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FOLKLORE SIN FRONTERAS

Abrazo de danzas

Alegría, variedad y color son algunos de los atributos del Ballet de Proyección Universal, que está festejando 25 años. “Ver bailar a mis alumnos es una gratificación enorme”, afirma su directora.

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Por SOFIA MORAS
smoras@dia32.com.ar

Recordar un camino transitado con esfuerzo y dedicación transforma la mirada de Emilia Martina Occhipinti, quien vive con gran emoción el 25º aniversario del Ballet Municipal de Proyección Universal de Escobar, del que está a cargo desde el 22 de marzo de 1993.

Cuando empezó, el conjunto apenas tenía seis integrantes y era únicamente de folklore argentino. Pero desde la Dirección de Cultura le propusieron ampliar los horizontes e interpretar danzas de distintos países. Así surgió la idea de darle “proyección universal”, abarcando de todo un poco. “Hoy tenemos flamenco, can can, candombe uruguayo, algo de Paraguay, carnavalito, baile mexicano, mambo y más”, repasa Occhipinti.

A lo largo de sus presentaciones también fueron sumando números musicales vinculados a grandes mujeres de la historia argentina, como Manuela Pedraza, Juana Azurduy y Alfonsina Storni.

Actualmente, el ballet tiene catorce integrantes de distintas edades, que ensayan no menos de dos veces por semana. “La cantidad de personas va variando. Convocamos a partir de los 12 años, sin límite de edad. Hay bailarinas que están desde los comienzos y es muy emocionante, porque he compartido con ellas una vida”, le cuenta la profesora a DIA 32.

La preparación para el festejo del miércoles 5 -a las 20.30- en el Seminari se vive con mucha ansiedad. El número “Abrazo latinoamericano” abrirá el espectáculo con alegría, variedad y color, en sintonía con el objetivo de “integración cultural de los pueblos” que caracteriza al grupo desde sus orígenes.

Además, “Pochi” convocó a ex miembros del ballet para presentar un número especial: “Tienen tanta emoción que no se puede explicar. Nos reencontramos después de 20 años”, anticipa, entusiasmada. La velada también contará con invitados especiales y algunas sorpresas.

El balance de estos 25 años es positivo por donde lo mire: “De mis alumnos y de los padres siempre recibí un apoyo constante, no hay palabras para explicar cómo acompañan: son ellos los que planchan y almidonan las enaguas, los que están presentes”, destaca.

“En todo este tiempo tuve muchos directores de Cultura y todos me respetaron y me dieron un lugar. Recibimos cantidades de premios, menciones y reconocimientos. Ver bailar a mis alumnos es una gratificación enorme. Y hemos tenido la suerte de tener un muy buen público, es emocionante verlos disfrutar, te llena de ternura.”, asegura Occhipinti, agradecida.

De punta en blanco

Rosana Barbarisi, Sofía Bianchi, Sofía Cejas, Lucila Conde Buades, Martina Cortés, Iris Cruz, Viviana Demarco, Liliana Giachetti, Monserrat Meynet Tanco, Karen Palavesino, Brenda Ponce, Priscila Portillo, Sofía Strauss Rueda y Jonathan Schneider son los integrantes del ballet que dirige Emilia Occhipinti.

EMILIA OCCHIPINTI

Amante del ballet

Empezó a bailar cuando tenía 5 años. Y a los 12 viajaba cuatro veces por semana a Capital para ensayar. En 1978 abrió su academia. “Me gusta bailar, pero disfruto más la docencia”, señala.

Con el apoyo incondicional de sus padres, Emilio Occhipinti y Nélida Mazzuchini, “Pochi” comenzó a tomar clases de danzas cuando apenas tenía 5 años. Desde entonces fue descubriendo lo que terminaría por convertirse en su gran pasión.

A los 12 ya viajaba cuatro veces por semana a ensayar en Capital Federal, acompañada incansablemente por su madre. Y a los 16 se animó a dar sus propias clases, en clubes y salones de la zona, mientras se perfeccionaba como docente: “Fueron muchos años de sacrificio”, recuerda.

La imagen más representativa de este camino de compromiso se ve plasmada en su Estudio de Danza, sobre la esquina de Estrada y Bernardo de Irigoyen. Allí también está su casa, donde vive desde los 18 años. El espejo, la barra, las fotos, los premios, los diplomas y reconocimientos cuentan la historia de este salón, que fue construido en tres etapas: lo inauguró en 1978, lo amplió en 1984 y hace tres años agregó la última parte.

“Amé siempre la danza y desde muy chica tenía la idea de enseñar. Me gusta bailar, pero disfruto más de la docencia”, confiesa “Pochi”.

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