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GARIN, AL ROJO VIVO

Asesinato y conmoción

El brutal crimen de Carlos Peker, ultimado por la espalda por tres delincuentes que entraron a robar en su comercio, indignó y movilizó a los vecinos. Hubo marchas en reclamo de justicia y seguridad.

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Por DAMIAN FERNANDEZ
dfernandez@dia32.com.ar

A Carlos Alberto Peker (62) le faltaba media hora para bajar la persiana del minimercado y no volver a levantarla hasta la otra semana: al día siguiente viajaría con toda su familia a Mar del Plata para descansar unos días y, de yapa, ver jugar a uno de sus tres hijos en un torneo de fútbol. Pero nada de esto pudo ser. Minutos antes de las 20, tres delincuentes armados ingresaron al local de la calle Fructuoso Díaz 950, él se resistió a ser asaltado y uno de ellos le disparó a sangre fría por la espalda. La bala ingresó por la nuca, salió por la boca y le provocó la muerte en el acto.

El trágico hecho ocurrió el jueves 5 y conmocionó a la comunidad de Garín, porque Peker era uno de los comerciantes más antiguos y conocidos de la ciudad. A pesar de tener un carácter fuerte, era muy querido por los vecinos y sus clientes de “Todo Novillo 2” lo consideraban una suerte de psicólogo, al que le comentaban sus problemas mientras hacían las compras. Además, era uno de los pocos que todavía fiaban.

Tras ultimarlo cobardemente, los delincuentes sustrajeron la caja registradora y se escaparon en un Peugeot 504 color negro hacia una peligrosa villa situada entre los barrios Cri Cri y Bedoya, distante unas diez cuadras de la escena del crimen. Allí fue detenido, minutos después del asesinato, un joven de 17 años. Su nombre es Daniel Ramón Hernández, tiene antecedentes penales y vive en el barrio Cabot.

Los efectivos que lo capturaron dijeron que “se mostraba alterado” y llevaba en su poder una suma de dinero que sería parte del botín sustraído en el negocio de Peker.

Cuatro días más tarde, y tras una serie de allanamientos, la Policía arrestó en una casa de Benavidez, partido de Tigre, a otro presunto integrante de la banda. El sujeto, que estaba escondido debajo de una cama, fue identificado como Fabián Andrés Ríos, tiene 23 años y está acusado de ser el autor material del asesinato.

Las fuentes consultadas lo calificaron como “un delincuente peligroso, con un frondoso prontuario”. De hecho, había salido de un penal bonaerense en libertad condicional -por otra causa de homicidio- un día antes del sangriento robo al local de Peker.

Desde entonces, Hernández se encuentra alojado en un Centro de Recepción de Menores en la ciudad de La Plata, en tanto que Ríos está alojado en la Unidad Penitenciaria Nº21 de Campana, ambos a la espera del juicio oral. El tercer miembro de la banda sigue prófugo, aunque los investigadores confían en que no por mucho tiempo más. “Ya fue identificado y estamos buscándolo intensamente”, aseguró un vocero policial.

La causa fue caratulada “homicidio calificado ‘criminis causae’ en concurso ideal con robo doblemente calificado por el uso de arma de fuego, en lugar poblado y en banda, agravado por la intervención de un menor” y está en la órbita de la UFI N°6 del departamento judicial Zárate-Campana, a cargo del fiscal Martín Zocca.

Mientras tanto, la comunidad garinense todavía llora la partida de “Carlitos”. Las dos marchas realizadas para reclamar justicia y seguridad demuestran que este caso abrió una nueva herida, que difícilmente cicatrice con el mero paso del tiempo.

EL DOLOR DE LA ESPOSA DE PEKER

“Destrozaron a una familia”

Tristeza, indignación e impotencia. Esos son algunos de los sentimientos que atravesaron y envuelven a María Cristina Martínez, la viuda de Carlos Alberto Peker, tras su inesperada y espantosa partida, la cual la obliga a seguir criando sola a sus tres hijos: los mellizos Gabriel y Agustina (18) y Ramiro (12).

“Carlos era muy querido, muy bueno, espero que lo recuerden bien. Destrozaron a una familia muy unida. Tengo unos hijos maravillosos que me dejó”, expresó la mujer en declaraciones televisivas, rodeada de muchos vecinos y allegados.

No era la primera vez que su esposo era víctima de la inseguridad. “En 2002 le entraron a robar y le pegaron un tiro, al poco tiempo le pasó lo mismo con una bala que lo rozó y lo quemó. Y en enero de 2004 me fueron a robar a mí y le pegaron cuatro tiros en las piernas. Fue su dolencia hasta hoy porque nunca quedó bien. Pero él seguía trabajando, era su vicio”, reveló Cristina, quien llevaba veinte años de matrimonio con Peker.

Consultada sobre la resistencia que su marido opuso ante el accionar de los malvivientes, lo cual terminó costándole la vida, ella fue categórica: “Seguro se habrá dado vuelta para agarrar un machete que tenía ahí. Siempre se resistía, decía que cuando le entraran a robar no se la iban a llevar de arriba”, confió Cristina, quien maneja un negocio -“Todo Novillo”- ubicado a tres cuadras y media del de su marido y fue corriendo hasta allí cuando le avisaron lo que había pasado.

“Cuando vine estaba de rodillas, como rezando”, concluyó la viuda de Peker, con todo el dolor a cuestas y suplicando que, al menos, los asesinos paguen por el inconmensurable daño que causaron.

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