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UN NUEVO LUGAR PARA EVENTOS Y GASTRONOMIA EN MASCHWITZ

La fiesta inolvidable

Nacido de una antigua casona que perteneció a Hugo del Carril, La Finestra ofrece un sinfín de variantes para disfrutar del mejor festejo. El restaurant, rodeado de un bellísimo jardín, no solo es un placer para el paladar sino para los ojos.

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Por FLORENCIA ALVAREZ
falvarez@dia32.com.ar

Por fuera, el interminable murallón es una gran incógnita. Sobre sus paredes blancas se lee: “La Finestra- Eventos-Restaurant”, pero no hay indicios de lo que sucede adentro. Por eso, cuando de noche sus puertas están abiertas recibiendo a la gente que llega a las fiestas, es imposible no desviar la mirada para al menos entrever de pasada los jardines iluminados.

Pero el enigma se devela con sólo traspasar los portones que están sobre la Colectora Este al 2500, a 300 metros de la ruta 26, en Ingeniero Maschwitz.

Aún siendo las 10 de la mañana, dentro de La Finestra hay un gran movimiento. El estacionamiento está repleto de automóviles, hay gente por todos lados buscando su ubicación en las mesas y las camareras se apuran con bandejas cargadas con medialunas, tortas y otras delicias. Acaba de comenzar un desayuno de trabajo organizado por una empresa de turismo que vino desde Capital con todo su staff y clientes.

En el lugar, de más de 10.000 m2, funciona un distinguido restaurant -abre de jueves a sábado, mediodía y noche, y domingos al mediodía- y un salón de eventos donde se realizan casamientos, fiestas de 15, cumpleaños y eventos corporativos.

Celeste López es la responsable de que todo funcione a la perfección. Cuenta que el proyecto surgió un par de años atrás y, que después de pasar por distintos procesos, abrieron las puertas en abril de 2011. “Mi hermano -Eugenio, el dueño- es de la zona y detectó que había ausencia de un producto como este. En el ramal Pilar hay muchas opciones pero para este lado había muy poco. Le quisimos dar a la gente la posibilidad de tener un lugar diferente, familiar, para poder disfrutar de una buena comida”, explica.

El origen del nombre se debe a una ventana que hay en el frente de la casa y que se repite en varios lugares. Finestra significa ventana en italiano, y como el hijo del dueño estudia ese idioma en la Dante Alighieri de Escobar, ni bien la vio propuso ponerle ese nombre al complejo y así quedó.

La antigua casa, que fue restaurada y acondicionada para convertirla en lo que ahora es el restaurant, originalmente perteneció al artista Hugo del Carril. Luego pasó por otros dueños hasta finalmente llegar a las manos de López, quien no tenía experiencia en el rubro. Sin embargo, eso no le impidió crear un espacio atractivo, fuera de lo común, con ambientes diferentes en galerías que dan al jardín y varios salones privados que reciben a grupos de entre 8 y 60 personas. Estos sitios están destinados a quienes quieran disfrutar de un almuerzo o una cena sin tener que compartir con otras personas un gran salón comedor.

“La gente viene acá y libera a sus hijos en el jardín, donde hay una plaza de juegos. Además, tenemos un playroom cerrado con Playstation, juegos didácticos y dos niñeras que se ocupan de los chicos y que ya conocen a los hijos de nuestros clientes. Por otro lado, en los diversos ambientes tenemos LCDs para que los padres puedan ver lo que hacen sus hijos en el playroom sin necesidad de levantarse a cada rato”, detalla Celeste.

Paladares exigentes

Georgie Sander es el chef encargado del restaurant y del catering. Afirma que se esmeran por ofrecer un servicio de primer nivel dando cursos a las camareras para que estén permanentemente informadas y actualizadas sobre los productos.

“Brindamos una cocina de autor con las variantes de pastas caseras, carnes a la parrilla y en sartén, también una gran variedad de pescados y mariscos como los ítems más importantes del menú. Tratamos de elaborar todo acá y somos muy metódicos buscando los productos que el mercado nos va ofreciendo”, señala.

La carta suele modificarse cada tres o cuatro meses a lo sumo. Los platos se pueden acompañar con una gran variedad de etiquetas de vinos que se conservan en una cava propia que está a disposición de los clientes para que puedan pasar, consultar las etiquetas y elegir su vino. “Contamos también con la colaboración de un sommelier que nos ayuda a guiarnos para maridar la bebida con los platos. Hacemos mucho hincapié y mucho esfuerzo en dar un servicio personalizado”, continúa Sander.

Al mediodía ofrecen un menú ejecutivo por $65 con dos o tres opciones para elegir. Ambos aseguran que el promedio por persona, incluyendo un vino de buena calidad, entrada, plato y postre es de $130 si se desea ordenar a la carta.

“Todo nuestro menú y la cocina de autor tira hacia lo mediterráneo, más precisamente a lo italiano, pero los platos están adaptados al gusto argentino”, explica el chef.

La hora de festejar

Al contrario de lo que sucedió con el restaurant, donde se adaptó la casa original, el sector de eventos se hizo completamente a nuevo, desde cero. Tiene capacidad para 300 personas sentadas, equipamiento para fiestas y cualquier tipo de actividad que requiera de un espacio amplio, si bien en el restaurant también se hacen eventos de menor volumen de gente. El salón también sirve para jornadas corporativas de muchas personas.

La piscina es parte del salón de eventos y se puede contratar como un ambiente más para tomar fotografías, armar livings alrededor o realizar los brindis pertinentes a cada ocasión.

“Personalizamos mucho nuestros planes de presupuestos. Intentamos hacer la fiesta que el cliente quiere, no la que a nosotros nos resulte mejor. Les preguntamos qué les gustaría comer, en qué momento, si desean otros servicios como shows, fuegos artificiales, cantantes, escenario. Ofrecemos el combo completo para que en el momento de la fiesta, que resulta un gran esfuerzo económico, el cliente pueda disfrutarla y estar tranquilo. Que los de la fiesta se dediquen a comer y bailar y nosotros nos estresamos”, bromea Celeste.

La mayor parte de la gente que organiza sus fiestas en La Finestra es de la zona, aunque también vienen de otros lugares como Belgrano y Villa Urquiza, ya que el acceso por Panamericana es rápido y directo.

Para los lugareños, este sitio pensado para el disfrute de los sentidos, rodeado de una parquización estupenda, una amplia carta con opciones para todos los gustos y un servicio de primer nivel, está apenas a un paso.

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