Juan Pablo Santroni es nutricionista y empezó a estudiar teatro buscando la forma de desestructurarse al comunicarse con sus pacientes. Pero le tomó el gusto y pronto se subió a los escenarios. “Me encanta hablar de mi suegra, aunque sea un tema trillado”, admite.

Todos los veranos, Juan Pablo Santroni (34) tomaba cursos para reforzar la parte técnica de su profesión de nutricionista. Pero en enero de 2012 decidió que era hora de comenzar alguna capacitación que le diera más herramientas para mejorar la interacción con sus pacientes. A partir de ahí, su vida dio un giro por entonces impensado.

“Estaba entre hacer la carrera de chef para sacar ideas de recetas y preparaciones o tomar algún curso de stand up comedy y así ponerle un poco de humor a las charlas nutricionales”, cuenta a DIA 32 el médico escobarense. Finalmente se decidió por la última opción, porque “necesitaba desestructurarme un poco”.

Hizo dos cursos: el segundo era anual e incluía desde guión humorístico hasta coaching personalizado, pasando por puesta en escena, entrenamiento actoral y ejercicios de improvisación, todo de la mano de la actriz y comediante Belén Caccia. Este año siguió en la escuela Hacé Teatro, pero tomando clases de teatro y composición de personajes con el profesor Alejandro Ojeda.

Poner un primer pie sobre las tablas y comenzar a hacer sus shows como “standapero” no fue tan difícil. En septiembre llegó al escenario del Paseo La Plaza, cuna del stand up argentino, y a partir de ahí continuó con presentaciones semanales por diversos teatros under, pubs y bares de Capital. Pero también es posible verlo acá nomás, en el bar Bohemia -Mitre al 600-, donde volverá a estar el 8 y 23 de noviembre con el ciclo rotativo Escobar de Risa.

En este tipo de espectáculos, la idea es ofrecer al público monólogos de opinión de cualquier tema sobre el cual se pueda emitir un juicio. “A mí me encanta hablar de mi suegra, aunque sea un tema trillado, y de cosas comunes: mi mecánico, las mujeres y sus comportamientos, los supermercados, las publicidades, los miedos o las cosas que me molestan”, detalla.

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El formato de estos shows, por lo general, consta de un presentador encargado de romper el hielo, seguido por varios “standaperos”, quienes desarrollan rutinas que pueden durar entre 8 y 15 minutos. A diferencia de otro tipo de espectáculos de humor, en el stand up comedy no se cuentan chistes.

El género explota las observaciones cotidianas y hace humor con eso. “Se trata de concentrar las situaciones humorísticas, compactarlas para lograr un material corto pero intenso: premisa, pie, remate”, explica.

En cuanto a la conexión que se genera con el público, el médico-artista dice que es algo diferente y difícil de explicar: “Tiene que ver con la resonancia, que es muy característica de este género. Si yo hablo de lo complicado que es entender la letra de los doctores, abrir un paquete de pañuelitos descartables u orinar en el baño de un colectivo de larga distancia que circula por una avenida llena de lomos de burro, en el momento en que la persona que me escuchó esté pasando por esa situación se va a acordar de lo que dije y seguramente esboce una sonrisa. Esa es la conexión especial de la que hablo”.

Para alguien que no está acostumbrado a exponerse en público, recibir críticas es todo un ejercicio, pero él las toma de forma constructiva y a partir de ellas intenta mejorar sus performances. Sobre los planes a futuro, adelanta que en diciembre hará algunas presentaciones sorpresa en shows privados, que seguirá con los ciclos en Bohemia y que de ahí para adelante “iré hacia donde me lleve este viaje, que como bien me dijo mi primer coach, es un viaje de ida”.

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