La actriz garinense Erika Véliz integra un grupo clown que se dedica a recorrer los institutos pediátricos para alegrarle el día a cientos de chicos que están internados y pasando un mal momento. “Desde que hago este trabajo siento que estoy completa”, afirma.

Por FLORENCIA ALVAREZ
falvarez@dia32.com.ar

El primer pensamiento al ver un niño en un hospital es que es un lugar injusto para él. Esa cotidianidad con la enfermedad, el dolor, la incertidumbre, la sangre de los análisis continuos, los olores a alcohol, los bips constantes de los monitores, el sonido de metales de las bandejas, son parte de las imágenes y sensaciones del mundo hospitalario. Nada que ver con una plaza, los amigos, los gritos, las risas, la escuela y los juegos. Definitivamente, un sitio donde un chico no debería estar.

Por eso, desde la asociación civil Alegría Intensiva se proponen llevar alegría a los niños enfermos u hospitalizados, a sus familiares y al personal médico y no médico, a través del arte clown. “El objetivo es mejorar la experiencia hospitalaria en los ámbitos pediátricos”, explica a DIA 32 Erika Véliz (36), integrante y coordinadora de la ONG.

Alegría Intensiva fue creada en junio de 2008 por iniciativa de dos jóvenes médicos, Andrés Kogan y Mariano Rozenberg. Al enterarse de la existencia de Doutores da Alegría, en Brasil, ambos galenos cayeron en la cuenta de que en los hospitales argentinos un proyecto similar marcaría una gran diferencia en la calidad de internación de los niños enfermos. Desde su nacimiento, esta agrupación compuesta por actores y clowns ya divirtió a unos 40.000 niños y 45.000 adultos, mejorando así la estadía de miles de pequeños pacientes internados en instituciones pediátricas.

Haciendo reír

Desde que en 1998 Robin Williams encarnó en el cine la historia de Patch Adams, el médico que promulgaba la alegría, surgieron en todo el planeta cada vez más organizaciones de payasos profesionales o voluntarios que se dedicaron a reconfortar a chicos enfermos. Pero fue a partir de 1986, cuando empezó funcionar la Clown Care Unit del Big Apple Circus de Nueva York -compuesta hoy por 90 payasos en 17 hospitales- que esta práctica comenzó a dispersarse con mayor intensidad.

Muchos de los alumnos del Big Apple Circus regresaron a sus países de origen y empezaron sus propias ONGs. De allí surgieron Doutores da Alegría en Brasil y Le Rire Médecin en Francia, que a su vez inspiraron PallaSOSpital y Pallapupas en España; Bolaroja en Perú, Alegría Intensiva y Payamédicos en Argentina, Die Clown Doktoren en Alemania y Dream Doctors en Israel, entre otros.

Véliz señala que el trabajo de un payaso en esos ámbitos es poner su ingenuidad al servicio del juego, llegando a transformar el lugar de internación en distintos escenarios, entre ellos una selva, un castillo de princesa, un recital, un desfile, y todos aquellos lugares donde un niño quisiera estar por un rato.

“El humor es muy importante y efectivo para ayudar a quienes atraviesan una etapa de internación, por eso es importante que cada uno tome conciencia de eso para poder trasladarlo, inclusive a sus hogares y a sus actividades cotidianas. A través de la risa y el juego, los niños pueden expresar sus aspectos saludables aun padeciendo enfermedades graves” asegura la actriz, clown y modelo publicitario, vecina de Garín y madre de dos adolescentes.

Es algo que suena fácil y hasta lógico, pero no es sencillo llevarlo a la práctica. Cada chico que ocupa una cama de hospital atraviesa por una enfermedad diferente, la siente distinto, la transita a su manera. No todos tienen ganas de seguirle la corriente a un grupo de payasos que irrumpe en la habitación tratando de sacarlos por un instante de su realidad.

“El niño siempre es nuestra brújula, él manda. Con el primer contacto visual que hacemos vamos registrando de a poquito si está triste, si está durmiendo, jugando, aburrido o con ganas de que le suceda algo distinto a lo que le viene pasando. Es ahí donde los clowns entran a jugar, la sonrisa es un adorno más. Los niños nunca pierden las ganas de jugar, ni siquiera cuando están enfermos o internados. Por eso la respuesta que recibimos siempre es buena”.

Fuerza entre todos

Erika coordina un equipo de payasos que trabaja en el Hospital de Pediatría de Malvinas Argentinas. La rutina consta de recorrer salas de espera y salas de internación durante varias horas. Al final de la jornada, cuando se quitan el escudo de la nariz roja, hasta ellos necesitan un poco de contención, ya que son concientes de que las realidades que se viven dentro del hospital son muy fuertes.

El psicólogo de Alegría Intensiva es Federico Musicman, quien los ayuda recordándoles incansablemente que los niños necesitan payasos que transformen sus días, no personas que se pongan tristes. Para eso ya tienen a sus familias y seres queridos.

“Desde que hago este trabajo siento que estoy completa, que pongo todo mi saber, mi talento, mi formación de muchos años al servicio de los demás, y eso es lo que más me gusta”, afirma la artista, cada vez más involucrada en su hermosa y alegre labor.

Reírse es salud

De acuerdo a un estudio realizado por Doutores da Alegría en Brasil entre casi 600 profesionales de 13 hospitales, el 89% cree que después de la presencia de los payasos los niños colaboran más con su trabajo, el 85,4% que presentan evidencias clínicas de mejora, el 78% que se alimentan mejor y el 74% que aceptan más los procedimientos médicos. Además, el 90% cree que el trabajo realizado por los payasos aumenta la confianza de las familias en la mejora de los niños y genera que jueguen más con ellos. Los médicos opinan también que el trabajo del payaso mejora su propia relación con los pacientes: los hace jugar, buscar otras formas de aproximación, verlos como niños.

Cómo ayudar

Cualquier persona puede ser socio de Alegría Intensiva donando $50 por mes a través de la pagina web: www.alegriaintensiva.org.ar o escribiendo a info@alegriaintensiva.org.ar. El aporte de la gente es esencial para que los payasos continúen visitando más hospitales.

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