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CHRISTIAN SANCHO

“Uno recibe lo que da”

Radicado en Maschwitz hace cinco años junto a su familia, el modelo y actor rosarino habla de su carrera y de su participación en Bailando por un sueño. “Soy un afortunado en vivir de lo que me gusta”, afirma.

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Por SOFIA MORAS
smoras@dia32.com.ar

A un par de horas de viajar a la provincia del Chaco, donde distribuirá distintas donaciones conseguidas a través de su participación en Showmatch, Christian Sancho (42) recibe a DIA 32 bajo la arboleda de una placita ubicada frente a su casa, en un barrio cerrado de Ingeniero Maschwitz. En 2012, mientras terminaba de filmar la novela Dulce Amor, ya había resuelto mudarse allí junto a su mujer, Vanesa Schual, y sus hijos Camille (16) y Gael (7).

Agradecido por la profesión que le tocó, dice que disfruta de explorar cada propuesta que se le presenta, tanto en televisión como en teatro o cine, y nunca abandona su faceta de modelo que tantas puertas le abrió. Asume cada etapa como una nueva posibilidad y declara que el deporte le salvó la vida en muchos aspectos.

Es un viajero incansable, que asegura haber tenido la suerte de recorrer varias veces la Argentina de punta a punta. Nada como el mate y la ruta para este galán rosarino, que además es hincha fanático de Newell’s.

-¿Por qué elegiste este lugar para vivir?

-Me gusta tener la plaza frente a mi casa y la posibilidad de que mi hijo crezca de una manera más parecida a la que me críe yo en Rosario. Gael era un chico de departamento en Capital, mientras que hoy, en vez de quedarse jugando a la play, sale a hacer deporte, a andar en bicicleta. Tiene una banda de amigos del barrio con los que se tocan el timbre para salir a jugar. Además, soy más bien casero, me gusta hacer un asado, ir a comprar el pan, tomar unos mates con amigos y disfrutar el día a día.

-¿Viniste a Escobar por alguna razón en particular?

-Tener la salida acá cerca para ir hasta la casa de mis viejos, en Rosario, está bueno. Es muy tranquilo este lugar, lo disfruto sobre todo cuando no trabajo. De hecho, Escobar tiene acceso al río, que es algo que a mí me gusta mucho. Rosario es una ciudad donde se vive en base al río y también lo pensé por ahí, para que cuando mi hijo sea un poco más grande tengamos esa posibilidad de disfrutarlo juntos.

-¿Te vienen a visitar tus familiares y amigos o tenés que ir vos?

-De vez en cuando vienen mis amigos, que me recriminan que vivo muy lejos. ¡Yo les digo que ellos viven lejos! Pero en verano vienen, la pileta hace que cualquier cosa esté cerca. La realidad es que uno lo disfruta también porque te da la posibilidad de ser anfitrión en un lugar que a una gran cantidad de personas le cambió la vida. Muchos que vivían en Capital, vinieron a visitar, a tomar un mate y les gustó tanto que se terminaron mudando. Creo que eso habla de que cuando uno tiene ganas de cambiar el estilo de vida, establece prioridades.

-Hoy te vas para Chaco, ¿tenés una rutina con muchos viajes?

-Viajo mucho por el interior: Rosario, Córdoba, Mendoza, San Juan, Formosa, Tierra del Fuego, Neuquén. Viajo por todo el país. A veces voy en avión y a otros lugares voy en auto. La ruta es como una terapia, también llegar al aeropuerto. Para mí el viaje empieza cuando salís de casa. Me gusta mucho el combo de viaje y laburo, lo agradezco. Lo mejor que le puede pasar al hombre es viajar. Y si lo combinás con el trabajo, es un gran placer.

-Aparte, conocés el país…

-Sí, tengo la suerte de haber dado la vuelta 4 ó 5 veces por Argentina y puedo decir que tiene de todo: paisajes hermosos y lugares alucinantes. Es bueno conocer donde uno vive, y las raíces de lo que uno tiene. Ojalá que la gente se la juegue cada vez más por el turismo argentino.

-¿Cómo te recibe la gente en las distintas provincias?

-Muy bien, con mucho cariño y mucha felicidad. Recibí mucho afecto mientras hice novelas. Y este año con Showmatch es muy fuerte lo que siento, la llegada del programa es impresionante. Uno recibe lo que da y la verdad es que la gente siempre tiene buena onda conmigo, es un ida y vuelta. Tengo un trabajo muy placentero, no lo descuido. Un tipo que hace y vive de lo que le gusta, es un afortunado.

-Me imagino que a través de los sueños, el programa genera muchas redes en todo el país…

-Sí, nosotros fuimos no solo a ayudar a mi sueño, que es una escuela del Impenetrable, El Sauzalito, sino a varios lugares más que tenían necesidades. A raíz de la gran cantidad de donaciones que tuvimos decidimos repartirlas. Fue alucinante porque se acoplaron muchas marcas. A veces con una palabra en un programa de televisión, en 20 segundos uno puede ayudar a muchísima gente.

-¿La misión solidaria del Bailando te la asignaron o la elegiste vos?

-Tuve la posibilidad de elegirla. Había conocido un grupo de personas en Rosario que estaba recolectando zapatillas usadas para llevar, justamente, a Sauzalito. En ese entonces hice un video que logró un gran alcance. A partir de eso me contacté con esta gente y me dicen que el colegio ya estaba terminado, pero que sería ideal hacer un playón para que los chicos puedan jugar. Entonces pensé, ¿por qué no crear un playón recreativo? A mí el deporte me ha salvado la vida en muchos aspectos. La idea fue darles eso a los chicos: que una hora de su día sean felices jugando al fútbol, al básquet, haciendo danza, jugando al vóley. Llevar algo que los forme. El deporte te va generando convicción, fuerza de voluntad, saber tomar decisiones a corto plazo, te guía. Y eso es lo que quise llevar yo, una posibilidad para salir adelante.

-¿Fue difícil la decisión de participar en Showmatch?

-El sueño fue el motor, fue la manera de convencerme de ser parte del reality y levantarme todas las mañanas para ir a bailar. Mi mujer me incentivó mucho, me ayudó a tomar la decisión. Yo no había bailado en mi vida, era hacerlo por primera vez a los 42 años. Pero si hay ganas, no hay límites. Cuando pasan los años uno se va metiendo en un lugar de confort del que más vale salir.

-Dentro de la variedad de cosas que hiciste en tu carrera, ¿qué es lo que más rescatás de cada medio?

-La televisión te ayuda a resolver una situación a corto plazo, sea una escena o un capítulo. Es muy dinámica, te da entrenamiento. A mí me enseñó mucho. El teatro es un proceso que va de 0 a 1000, vas encontrando al personaje con el correr de los ensayos, igual que con el baile. Ni te cuento la diferencia entre la primera función y la número 50. Vas subiendo la vara. El cine es precisión, es más tiempo de espera, filmás muy poco por día, es otro laburo. Todos los procesos los disfruté mucho. Incluso el de modelo, porque me dio la posibilidad de viajar, de encontrarme con mucha gente, culturas, idiomas, cuestiones que uno las agradece con el correr del tiempo. Por eso nunca lo dejé de hacer, aunque me recomendaran que no las hiciera más, no lo voy a dejar porque es algo que me hace bien y al día de hoy sigue siendo exitoso.

-¿Cuáles fueron los trabajos que más te gustaron?

-En televisión me gustó hacer el unitario Sutiles diferencias (2010), donde hice de enfermo de VIH. Tiene escenas muy logradas. Fue un personaje importante para mí porque implicaba contar algo muy difícil. En teatro, lo que más me gustó fue hacer una obra de Shakespeare, Antonio y Cleopatra (2013). Éramos un elenco enorme en escena. Fue alucinante, con un teatro isabelino de mil personas lleno. Me dio la posibilidad de hacer un clásico pero bajarlo a tierra. Súper minucioso, de mucho estudio, con un contenido emocional muy grande. Fue un gran desafío y también muy placentero.

-¿Cómo proyectás tu carrera?

-Yo no descarto ninguna opción. A partir de lo que me pasó este año, la vida me volvió a enseñar que uno siempre tiene que explorar lo nuevo. A mí me gusta mucho el deporte, entonces haría algo que sea en base a eso. Creo que lo que estamos haciendo hoy en día con Showmatch es contarle a mucha gente lo que uno puede hacer con el deporte. Todas esas previas del programa tienen un porqué y parten de la generosidad de Marcelo, que es un tipo que hace mucho por el deporte en la Argentina. A veces el programa es juzgado desde la banalidad, el chisme, los problemas, pero mi caso está juzgado desde otro lugar. Y yo lo agradezco mucho. Significa que el mensaje es claro, más allá de la diversión que se genera a partir del duelo entre Marcelo y yo, se trata de la posibilidad de contarle a mucha gente que el deporte es fundamental en la vida.

Una trayectoria ascendente

Christian Sancho empezó trabajando como modelo y llegó a representar a importantes marcas, tanto en Argentina como en Estados Unidos y Europa. Hasta hoy, continúa desarrollando esta faceta. Su trayectoria como actor de televisión comenzó en el año 2000, con Los buscas de siempre. Luego participó en distintas novelas: Provócame (2001), Rebelde Way (2003), Floricienta (2004) y Casados con hijos (2005), entre otras. En 2006 integró el elenco de Mujeres de nadie y a fines de ese mismo año protagonizó la novela Padre Coraje en México. También actuó en Botineras (2010), el unitario El paraíso (2011), la comedia Los Únicos (2011) y la novela Dulce amor (2012). En cine, algunas de las películas en las que participó son: Peligrosa obsesión (2004), Bañeros III todopoderosos (2006), Socios por accidente 2 (2015) y Buscando Nirvana (2017). En teatro también tiene una gran trayectoria: 5 gays.com (2006), Vidas privadas (2012), Antonio & Cleopatra (2013), Hércules (2016), Hombre viajando en Taxi (2016) y Los Corruptelli (2016-2017)

Enfermo de Lepra: Su pasión por Newell’s

“Newell’s es una pasión, es el fútbol”, afirma Sancho, hincha fanático del equipo del Parque de la Independencia. Como todo leproso, sueña con ver jugar a Lionel Messi “aunque sea un partido” con la camiseta rojinegra. Y también con que Maximiliano Rodríguez -hoy en Peñarol (Uruguay)-, de quien es amigo, pueda cerrar su carrera en el club. “Tengo esa ilusión, que se le reconozca el esfuerzo y el sacrificio que hizo y le den la posibilidad de terminar el cuento de la mejor manera, con un final feliz”, señala.

También habla del presente de la institución: “Estamos en un momento difícil porque se fueron todos los ídolos. Es como que tiraron la casa abajo y hay que empezar de nuevo, ladrillo por ladrillo, con algo que no tiene cimientos. Ojalá podamos recuperar la identidad futbolística que tantas felicidades nos dio”, añora Sancho, que confiesa haber visto al equipo de sus amores desde todas las ubicaciones existentes en el Coloso Marcelo Bielsa.

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