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RUBÉN BARREIRA

Andanzas de un escobarense en Madrid

A los 17 años se mudó a Capital Federal y forjó una notable carrera artística: produjo grandes espectáculos, fue director del teatro Margarita Xirgu y acaba de inaugurar un centro cultural en la capital española. Pero no se olvida de sus raíces.

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Por DAMIAN FERNANDEZ
dfernandez@dia32.com.ar

Entre 1984 y 2001 dirigió el centro de formación artística Ditirambo, creado por él mismo en la emblemática Casa del Teatro de Buenos Aires. Luego, desde 2002 hasta 2012, condujo el famoso teatro catalán Margarita Xirgu. En el medio trabajó con el diseñador de moda Roberto Piazza, fue representante del actor uruguayo Fernando Peña y, de la mano del extinto canal de televisión Fashion Network, trajo al país al famoso modisto español Paco Rabanne, con quien tejió una gran relación. Por todo esto y mucho más, Omar Rubén Barreira González (58) logró convertirse en un personaje conocido en el ambiente artístico. Pero antes de que eso suceda, fue un chico más de Belén de Escobar.

Sexto y último hijo de una pareja de inmigrantes -“gallegos de Vigo, Orense y Mondoñedo”, dice- que llegaron a la Argentina escapando de la Guerra Civil Española, este hombre rubio y de ojos claros nació, se crió y vivió hasta los 17 años en una casa ubicada en la calle Yrigoyen al 400, a dos cuadras de la plaza central. “¡Cómo olvidarla! Pegada estaba la cochería de Rovitti. Enfrente aún vive mi prima hermana, Lía Barreira. Es un barrio que está muy presente en mi recuerdo”, le cuenta a DIA 32 desde Madrid, donde acaba de abrir un nuevo centro cultural.

Hablar de Escobar a la distancia le moviliza recuerdos, nostalgia y algunas tristezas, golpes de la vida. Como la muerte de su padre, en 1971, que lo empujó a salir a trabajar para colaborar con la economía familiar. “Tuve una infancia muy dura, pero mi mejor recuerdo fue a los 16 años, cuando aprendí el oficio con el señor Gaytán en GayFer, el bazar que él tenía con Ferrari en la Tapia de Cruz, al lado del Boca de Tigre”, confiesa.

Esa accidental trayectoria laboral, que lo obligó a terminar “de noche” sus estudios primarios -fue a la escuela N°2 y luego al Belgrano-, también incluyó experiencias en una verdulería y limpiando los vidrios de varios locales de la avenida Tapia de Cruz, como Casa Domenech y el bar El Cafetal, “que estaba al lado de una señora a la que le decían ‘la vieja Araya’, que vendía cohetes para las navidades”, evoca, con una memoria envidiable.

También pasó varios años en el cuartel de bomberos voluntario. “Primero fui la mascota: me vestían de bomberito y me ponían sobre el Pontiac 1958 en los desfiles que se hacían en Escobar. Me llevaba mi hermano Ángel Antonio, quien en 1965 murió fulminado poniendo el alumbrado público en Villa Vallier. A los 12 años volví a las filas de los bomberos, ya con adolescentes. Para esa época nos mandaban a apagar incendios de campo”, cuenta sobre esa “experiencia enriquecedora”, de la cual guarda un “recuerdo imborrable”.

CAMBIO DE HÁBITOS

Sin embargo, su vocación no tenía nada que ver con el servicio público. Su llamamiento llegaría unos años después, mientras cursaba los estudios secundarios en el Instituto General Belgrano. “En mi familia no había nadie ligado al mundo del arte, pero la muerte de mi padre me movilizó mucho y desde los 16 años tuve interés en ver teatro: cuando iban compañías al Seminari, siempre compraba un boleto por mi cuenta”, señala. A esa altura, sabía que en Escobar no tenía futuro.

A los 17 años se mudó a Capital Federal con la idea de estudiar en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). Pero al segundo año se dio cuenta de que la había pifiado feo. “En esos tiempos de la dictadura militar yo era chico, no tenía información… El trato que recibíamos los aspirantes era tremendo y renuncié”, revela. Más tarde comprobó que no hay mal que por bien no venga: tras su dimisión, se radicó definitivamente en suelo porteño y gracias a ello pudo abrirse paso y comenzar, años después, una ascendente carrera artística.

Aunque no volvió a vivir a Escobar, el ahora exitoso productor teatral todavía conserva muchas amistades de aquella época: Jorge Álvarez, Fernando y Graziela Sureda, Gustavo Rodríguez y Jorge Fernández, por citar algunas. “Con todos ellos me escribo por Facebook. En el caso de Fernández nos escribimos seguido, pues fue mi referente en los bomberos y me conoce de la primera hora”, asegura.

“Añoro el Escobar de los 70. Me vienen a la mente las fiestas de la flor, los tilos de la plaza en Navidad y su bello aroma, los carnavales por la calle principal, sacar la silla a la puerta y hablar con los vecinos hasta tarde… Lo llevo muy en mi corazón”, concluye, emocionado, al recordar una parte importante de su vida.

UN PRESENTE DE PELÍCULA

Tras disfrutar de algunos años sabáticos en Mar del Plata, apenas interrumpidos por una breve gerencia en el Art Hotel, y “cansado de esperar que el país cambie”, Barreira decidió emigrar junto a su pareja a España, donde se estableció hace 14 meses. Aterrizó en Las Palmas de Gran Canaria, luego se trasladó a Alicante y, finalmente, recaló en Madrid, donde en marzo pasado inauguró Ditirambo Arte.

“Es un sueño cumplido tener mi empresa en Madrid y dar extensión a un proyecto tan probado en Argentina. Aquí todo está a la vuelta de la esquina. Hacer cosas potentes es más fácil, aunque no por ello se debe descuidar la calidad de lo que se hace”, remarca, al tiempo que se muestra igual de feliz por haber estrenado su nacionalidad española: “Como dice mi amigo Fernando Sureda, los hijos de los inmigrantes estamos retornando a la tierra de nuestros padres”.

En el flamante centro de formación artística, emplazado en el histórico “Barrio de las Letras” -allí vivió, entre otros, Miguel de Cervantes- de la capital española, se brindarán cursos de actuación y moda “de alto nivel”. Por caso, la vestuarista de la famosa serie televisiva Game of Thrones, Christine Boyle, realizará un workshop entre el 24 y 26 de mayo. Además, Barreira se dará el gusto de producir la obra teatral Doble o nada, del actor argentino Miguel Ángel Solá y su pareja ibérica, Paula Cancio, entre otros espectáculos.

“Estamos tratando de posicionarnos como una empresa joven en Madrid, que produce buenos artistas argentinos y, en otros casos, produce textos con españoles. Aquí, Cultura y los distintos entes dan ayudas para que los elencos españoles viajen por el mundo. Pues, vamos a aprovecharlos”, concluye, totalmente entusiasmado, este escobarense de exportación.

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