Hace casi una década el ex cantante de Los Pericos forjó una identidad propia que lo llevó a recorrer otros caminos: un exitoso programa de TV, tres discos y cientos de recitales. Actualmente vive en Loma Verde y habló de todo con DIA 32.
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Por Redacción

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Por FLORENCIA ALVAREZ
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Podría ser como el título de una de sus canciones: Tarde gris, pero no es una tarde, es una mañana gris en Loma Verde. El cielo está encapotado, amenaza llover y aunque el viento lo vuela todo no impide que Bahiano (50) llegue a bordo de su Transalp 650. Campera de cuero negra, jeans y unas coloridas zapatillas, se saca el casco y pide disculpas por haberse demorado: “No me habían confirmado bien la hora de la entrevista”, explica.

Como en toda primera cita, los momentos iniciales son tensos. Cuenta que vive en el Haras Santa María desde hace tres años, que antes había pasado doce meses en Maschwitz y analiza que aquí todo se mueve a un ritmo más lento que en la gran ciudad. “Loma Verde es muy siestero, hay que acostumbrarse a los horarios cortados para poder conseguir las cosas que se precisan”.

Para él, que se considera nómade -como el nombre de su segundo disco solista- el tiempo transcurrido en este lugar sería suficiente si no fuera por la estabilidad y las raíces que están echando dos de sus tres hijos. “Si estuviera solo, ya me estaría moviendo. Mi naturaleza es así, necesito cambiar de escenografía. Pero al tener familia uno tiene otros condicionamientos”, admite.

Tampoco hace vida social en el pueblo, aunque sí utiliza servicios como bancos, supermercados y mecánicos de la zona. Dice que cada vez se compromete menos para ir a eventos y a las diferentes actividades a las que años atrás lo tenía acostumbrado su profesión de músico. “Ahora selecciono qué hacer y qué no hacer”, sostiene.

Separado de Los Pericos hace ocho años, hoy el cantante y compositor está parado en otra vereda. Alejado de las presiones y del deber cumplir una cadena de obligaciones que parecían no tener fin, decidió sacarse la mochila de los hombros y seguir su camino en solitario. Grabó tres discos –BH+, Nómade y Rey Mago de las Nubes, donde interpretó versiones de canciones latinoamericanas-, dio 700 shows en Argentina y Latinoamérica, se puso al frente del exitoso programa de televisión MP3 y ganó tres premios Martín Fierro. Además, creó su agencia de producciones Jojooy e hizo varios programas de radio.

Fernando Hortal, alias Bahiano, comienza a soltarse a medida que la charla avanza, tanto que por momentos hay que interrumpirlo y obligarlo a cambiar de tema. “Es que a veces hablo mucho”, se disculpa, sonriente.

Compromiso con la cultura

La imagen de un músico está más asociada a la nocturnidad y a la bohemia que a la vida en familia en un barrio privado. ¿Te sirve el lugar como inspiración?

Esa es la fantasía de la gente que cree que estoy todo el día cantando y que en mi habitación tengo una cama en forma de guitarra y micrófonos. La inspiración tiene que ver con un estado, con lo que te está pasando y con el talento que uno tenga para plasmarlo en canciones. No todos los días aparece la inspiración, me tienen que pasar cosas realmente importantes para que pueda componer. Para mí las canciones son procesos, una vez que las escribo, las grabo y las plasmo, es como un acto liberador.

¿Cómo te llevás con tu popularidad?

Hay días en que te levantás y no tenés problema en mostrarte, con lo que eso implica, que son miradas, pensamientos, dimes, diretes, acercamientos, alejamientos, todo por un simple gesto. Porque todo está minimizado en gestos: un día te vieron pensativo y ya dicen que tenés mala onda, titulares muy sólidos por los diez segundos en que te cruzaron. Pero yo no tengo problemas con lo que soy, no uso disfraces ni personajes para salir a la calle.

Por acá hiciste dos recitales, en Maschwitz y cuando Sandro Guzmán asumió su segundo mandato. ¿Tenés una relación fluida con el Intendente?

Me lo cruzo, porque somos vecinos. Lo vi en varias oportunidades y tuvo la deferencia de invitarme a participar de su reasunción, así como a un aniversario de Maschwitz. Como a mí me gustan las motos, también me invitó muchas veces a participar de los eventos que se hacen en Garín el Día del Niño, donde él sube a tocar la guitarra. Todavía no fui, sería lindo ir a compartir con los motoqueros, pero las aglomeraciones de gente no me gustan.

¿Te cierra tocar en situaciones que se mezclan con la política?

Yo toco para la gente, hago hincapié en la gente y no en el embanderamiento político. Los que van a ver un concierto gratuito no necesariamente son partidistas. Mi rol en la sociedad tiene que ver con lo cultural y lo artístico.

¿Eso siempre lo tuviste así de claro?

No, eso lo fui aprendiendo con los años y también con las relaciones y con tener contacto con diferentes escenarios. Ninguno es igual al otro. Lo que vos proponés arriba de un escenario lo decodifican distinto en cada lugar. Hay gente que va a escuchar y otra que va a hacer pogo…

¿Cuándo empezó tu gusto por las motos?

Hará unos diez años, lo que pasa es que hay edades, más que nada para cuidarte vos de la moto. Cuando sos más chico te comprás la motito y hacés cagadas. Para mí es un cable a tierra, un momento en el que puedo estar solo.

También te dedicaste mucho tiempo al atletismo, ¿cómo fue esa experiencia?

Hice triatlón durante seis años, hasta me estaba preparando para un Ironman. Entrenaba de lunes a lunes, pedestrismo, ciclismo y natación en aguas abiertas. He participado en olímpicos en Carmelo, en Uruguay; La Paz, en Entre Ríos, corrí siete maratones de 42 kilómetros y otras tantas de 21 y de 10.

¿Qué pasó que dejaste?

Dejé porque fueron seis años en los que ya casi no quería salir de gira, quería ir a entrenar, me estaba yendo para el otro lado. Mientras viajaba con Pericos entrenaba, corría con 0 grado o con 30 grados en diferentes países. Era mi lucha interna, iba pensando cosas y limpiando la cabeza. Ahora tengo otros tiempos, así que ya no estoy tan exigido.

Gracias a la música

En 2004, después de 17 años, te fuiste de Los Pericos. ¿Sentiste que fue como empezar de cero?

En cierta forma sí, porque hay gente que pareciera que no te conoce. Se preguntaban: ¿y qué va a hacer ahora? Y, ¿cómo qué voy a hacer? Lo mismo que vine haciendo durante años. Yo ya no siento que tenga que demostrar nada, sí estoy obligado a mejorar y a proponer cosas interesantes con estándares acorde a tantos años de experiencia. Pero al principio sentí que estaba como un pez koi, nadando río arriba. La industria misma te hace sentir el peso, te quiere cobrar el haberte ido.

¿Qué cosas extrañás por no seguir siendo parte?

Lo único raro fue pararme en el escenario con otra gente, eso al principio, pero soy bastante sociable y logramos tener una buena convivencia. Es una lástima que haya pasado lo que pasó, pero es lo mismo que puede pasar con cualquier matrimonio. Es un fondo de comercio. Yo tenía otros palos artísticos y mis ideas, llegó un punto en que tuve ganas de hacer lo mío.

¿Qué significa la música en tu vida?

La música me abrió un camino. Cuando era chico vivía enfermo, tenía neumopatía aguda y problemas bronquiales, siempre estaba internado, me fui curando con la natación a los 13 ó 14 años. Por eso no tenía mucha relación con otros chicos. Tuve una infancia medio entre algodones, entonces la música me permitió exteriorizar, sentirme bien conmigo y a su vez me abrió otras puertas que quizás, desde otro lugar, no iba a traspasarlas nunca. Así que le estoy más que agradecido. Por eso digo que me tienen que pasar cosas para que pueda transmitir desde una canción.

Tus padres se habrán puesto contentos de que descubrieras la música…

Nooo, al principio mis viejos querían que yo hiciera otra cosa. De hecho, había empezado a estudiar arquitectura en la UBA, un par de años también estudié mecánica dental. Ellos me decían que me buscara algo, que la música no era para vivir de ella. Pero la primera vez que me vieron en Badía y Compañía no lo podían creer, se pusieron re contentos cuando hasta una semana antes me tiraban una mala onda total. La caja de vidrio cambia todo tipo de cabeza.

A partir de haber recorrido Latinoamérica con MP3, ¿cómo ves los procesos políticos y civiles que se están dando en varios países del continente?

Es otra Latinoamérica de la que se veía cuando la conducción administrativa de un país pasaba por una elite. Yo estuve trabajando en la Venezuela chavista y en la no chavista, y las diferencias son marcadas. Las clases populares, las no tan pudientes, tienen más conocimiento de cuáles son sus derechos como ciudadanos. No puedo puntualizar, porque dependiendo de a quien tengas enfrente las opiniones son distintas. Muchas veces el reflejo no es lo que dice tal o cual diario sino que la realidad es la que se ve in situ con la gente. A mí me gusta escuchar las dos partes.

¿Y cómo ves la situación en Argentina?

No me gusta la confrontación, ser de un lado o del otro, no todos somos iguales, no todos pensamos igual, no todos tenemos la misma absorción de ideas, no a todos nos criaron de la misma manera, entonces marcar tanto para un bando o para otro, no me parece acertado. Creo que también es otra Argentina, que hay más posibilidades para los que en otro momento no han tenido demasiado y eso me parece bien. Para mí los pilares fundamentales son la salud y la educación, después todo se dará solo.

La última pregunta, ineludible en estos días: ¿Qué te provoca el hecho de que el nuevo Papa sea argentino?

Es impactante lo que transmite al mundo. Nosotros somos argentinos y estamos acostumbrados a verlo. Pero ver las reacciones de otras personalidades, de otro tipo de gente, de otras culturas, es loable, más allá de la opinión que cada uno tenga de Bergoglio. El anterior papa no causó eso, Juan Pablo II, sí. Viene con un plan de reestructuración dentro de la Iglesia, hay que ver si lo dejan. Hay vientres inflados en el mundo y el oro no es compatible con lo que se profesa. Los gestos de austeridad que está teniendo Francisco son importantes.

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