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A 29 AÑOS DE LA GUERRA DE MALVINAS

“Nosotros arrastramos al país a la democracia”

El escobarense Juan Carlos Monti vio a la muerte a los ojos, pero sobrevivió para contarlo y dar testimonio. “Si hubiéramos ganado, capaz que todavía gobernarían los militares”, analiza el ex combatiente en un diálogo profundo con DIA 32.

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Por MARCOS B. FEDERMAN
mfederman@dia32.com.ar

Juan Carlos Monti es un hombre con los pantalones bien puestos, seguro al hablar y sin pelos en la lengua. Su encuentro con DIA 32 se dio marcado por la vorágine con la que vive. Sentado en un banco de la plaza que homenajea a sus compañeros caídos en Malvinas, “el Tano” se soltó para conversar un largo rato y libremente sobre su experiencia en la guerra de 1982 y los senderos que abrieron esas vivencias.

Con una perspectiva profunda y amplia, comprende los hechos que marcaron su vida y le asignaron el rol que ocupa entre los ex combatientes y la sociedad en general. En la actualidad es el encargado de la política social del Centro de Veteranos de Escobar, del que fue presidente.

Durante la entrevista, su teléfono suena y vuelve a sonar. La gente lo llama porque es un referente y el camino que recorrió es largo.

En relación a otros tiempos, ¿la situación del veterano de guerra hoy es mejor o peor?

Hoy, a 29 años, podemos decir que estamos en una mejor situación. En los últimos 8 o 9 años, mejoramos más del 100% en todo sentido, a nivel municipal, provincial y nacional.

¿A qué atribuye esta mejoría?

Entre otros motivos, por la falta de comunicación entre los veteranos. De eso me di cuenta caminando la provincia. Al tiempo que nosotros nos organizábamos mejor, asume Kirchner, que en su discurso de apertura de sesiones del Congreso dijo: “Vengo con aires malvineros desde el sur”. Cuando escuchamos eso pensamos que por fin había llegado un presidente que se iba a ocupar de nosotros. Pero, por el contrario, empezó a hablar de los derechos humanos y de las Madres de Plaza de Mayo. Quizás el gobierno de Kirchner consideraba que reivindicar la gesta de Malvinas era reivindicar a la Junta Militar. No podía, en su capacidad, discernir, separar lo que era una cosa de la otra. Y en ese olvido quedaron inmersos el tema Malvinas y los veteranos de guerra.

Kunkel y los 120 días

– ¿Cómo se corrigió ese olvido?

– Como presidente del Centro de Veteranos, yo había prometido que si los “aires malvineros” no llegaban hasta Escobar, los íbamos a ir buscar. Y es lo que hicimos. Empezamos a reunirnos los presidentes (de los centros de veteranos) de toda la zona norte, nos pusimos de acuerdo y empezamos a pedir entrevistas en la Casa Rosada. Ahí nos recibió el secretario de la Presidencia, Carlos Kunkel, que hoy es diputado. Pero después de 3 meses de discusiones y desacuerdos, decidimos cortar con las relaciones, que llegaron a ser muy ásperas.

En un momento, el señor Kunkel dijo que él tenía la particularidad de ser tan veterano de guerra como nosotros, porque había peleado contra una dictadura. Entonces le hicimos entender que había una diferencia muy grande entre Montoneros y nosotros: ellos tenían las manos manchadas con sangre de argentinos y nosotros no. Nosotros habíamos combatido contra un imperio, contra un invasor. Y vimos el resultado que dio todo eso.

Entonces decidimos mostrar con hechos lo que pretendíamos. Le dijimos que a partir de ahora no íbamos a hablar más hasta que nos reciba un ministro o el presidente, y que nos íbamos a tomar la Plaza de Mayo. Y durante 120 días acampamos en la plaza.

– ¿Qué se resolvió después de esos cuatro meses de acampe?

– Con el tiempo y la organización logramos muchas cosas. Conseguimos leyes y reformas que favorecieron nuestros derechos. La Constitución Nacional declara que las Malvinas son argentinas, la Constitución Provincial dice que “los veteranos de guerra tendrán prioridad en Vivienda, Salud y Trabajo”. Logramos una ley nacional que dice que el 1% de todos los empleados estatales debía ser un veterano de guerra. Después logramos que el 10% de los porteros de las escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires puedan ser veteranos. Y en los distintos municipios logramos que el 3% de la planta de empleados municipal sean también veteranos.

– ¿Se cumplen las leyes que obligan al Estado a emplear veteranos?

– Después de mucho tiempo, se cumple. Hoy todos los veteranos de guerra están empleados, con trabajo genuino.

La situación local

– ¿Cómo es la relación con el intendente Sandro Guzmán?

– Tengo una anécdota con él. Pero primero te explico que nosotros somos veteranos de guerra y nos vamos a morir veteranos de guerra. Los políticos no. Aquellos políticos a los que les va bien, como a Sandro, van creciendo. Me acuerdo de haber hablado con él cuando fue concejal y en las discusiones que teníamos me decía “yo no tengo el poder”, porque “el poder” pasaba por otro lugar. Después fue secretario de Hacienda y de Gobierno, hasta que llegó a intendente. Entonces, apenas lo vi después de que asumió, le pregunté: “¿Y ahora quién tiene el poder?”.

Más allá de la anécdota, creo que hemos tenido una relación de diálogo. A lo largo de los años aprendimos a conocernos. En todo este tiempo yo también estuve recorriendo la provincia y conociendo a muchos otros intendentes. Estuve en La Plata, Ensenada, Lanús y en un montón de lugares más. Siempre discutiendo problemáticas de los veteranos de guerra. En unos casos se solucionaban, en otros a medias y en otros nada. Y llegué a la conclusión de que, dentro de todo, el intendente Sandro es el más “malvinero” de todos. No digo que todo fue causa y efecto de las decisiones de él, digo que estuvo en todos los gobiernos de Escobar. Porque cuando estaba Patti, Sandro también estaba en el poder. Entonces, si las decisiones las tomó Patti, Sandro fue parte de esas decisiones. Si después cambió de ideas o modificó su pensamiento político, es otra cosa. Pero él siguió la línea malvinera.

– ¿Dónde se ve esa línea malvinera del distrito?

– Mirá… cuando hablás con los políticos, pidiendo leyes u apoyo, eventualmente molestan dos causas: el tema político y el tema económico. Digo el tema político porque a veces les restás puestos de trabajo y ellos no pueden responder a quienes han trabajado políticamente a favor de ellos. Y el tema económico porque se traduce en las arcas del Municipio. Acá, después de discusiones, Sandro nos dijo que sí. Y decirnos que “sí” se ve en recordar que tenemos en Garín un polideportivo que se llama “Islas Malvinas”, donde hay un tanque suplementario de un avión que combatió en Malvinas, hay una plazoleta con el nombre de “Crucero Belgrano”, tenemos la plaza de veteranos de guerra y nuestro propio edificio, del cual somos los dueños, lo cual es muy poco común. Y es el edificio de veteranos de guerra más grande de la República Argentina, con más metros cuadrados. Además, como regalo del 2 de Abril, nos dio la dirección del camping municipal en el Paraná de las Palmas, que tendrá el nombre de “Puerto Argentino”.

El gobierno de Kirchner consideraba que reivindicar la gesta de Malvinas era reivindicar a la Junta Militar. No podía, en su capacidad, separar una cosa de la otra.

Las marcas de la guerra

– ¿Eran demasiado chicos para ir a Malvinas?

– La guerra siempre la hacen los jóvenes, no la gente grande. En ningún país del mundo mandan a los viejos a combatir. Mandan a los jóvenes, por una cuestión de resistencia, de aptitud, de vista, de todo. Acá no se entendió porque no éramos un país guerrero. Pero si vamos a la historia, en la época del Virreinato, cuando Güemes hace la guerra de guerrillas en Salta, el primer soldado que cae de sus filas tenía 12 años de edad.

– Cómo integrante de la Armada, ¿estuvo cerca del hundimiento del crucero Belgrano?

– Yo estaba en el barco que iba al costado del Belgrano, porque lo íbamos custodiando. Mi barco recibió el impacto de un torpedo, pero por suerte no explotó al choque. Saltaron remaches y entró agua, pero no nos hundimos.

– ¿Cómo fue ese momento?

– No me voy a olvidar más. Estaba durmiendo y el barco se movía mucho por el oleaje. De golpe y porrazo se escuchó una detonación muy fuerte. Se sintió olor a pólvora y enseguida ocupamos nuestros puestos de combate.

– ¿Y su barco qué hizo cuando el Belgrano se hundió?

– La orden que tenían los comandantes de los barcos era que, ante la eventualidad de que cualquiera fuera herido de gravedad, el resto tenía que abandonar la zona y tratar de salvaguardar su tripulación. Tanto el comandante del “Piedrabuena”, que era la custodia de estribor, como nosotros, desobedecimos esas órdenes y fuimos a las zonas del hundimiento para buscar sobrevivientes. Durante 24 horas no encontramos a nadie por el oleaje jodido de ese mar.

– ¿Cómo lo marcó esa experiencia?

– A partir de ese momento, las noches comenzaron a ser insoportables, porque el encierro del barco es desesperante. Si estás en tierra tenés para dónde salir corriendo, porque tenés el espacio. En cambio, en un barco estás encerrado en un cuarto que es de hierro. Las noches se hicieron largas, interminables. Dormíamos de día o cuando podíamos y a la noche nos quedábamos memorizando el camino para salir corriendo en caso de una emergencia, desde abajo hasta la cubierta. Un barco tiene 20 metros de altura y hay muchas escaleras, pasadizos y compuertas por donde pasar hasta llegar arriba. Y después rogar que tu balsa se abra. Porque yo he visto como balsas que no se abrían por falta de mantenimiento.

– ¿Cuánta diferencia había entre la Armada inglesa y la argentina?

– La diferencia era abismal. Ellos tenían cañones que tiraban 1.800 tiros por minuto y los nuestros tiraban 11. Pero no es sólo eso. Los barcos que usaban los ingleses eran de la OTAN. Estados Unidos los apoyaba, los franceses no nos vendieron los aviones que nos habían prometido, los hermanos chilenos aportaban radio y comunicación. Yo me pregunto: ¿Contra cuántos países peleamos?

Perder en un país exitista

– ¿Cómo fue el regreso al continente después de haber perdido?

– Fue muy frustrante. Porque Argentina es un país exitista. Cuando es el Mundial de fútbol somos todos DT. Y yo me imagino que en la guerra eran todos generales, contando los aviones que se caían como si fueran goles. El sur del país vivía la guerra, pero el resto no sabía nada de lo que pasaba, más allá de los comunicados de la Junta Militar, que por ende no sabías si decían la verdad o mentían.

– ¿Cuál es el balance de la guerra?

– A las dos partes les fue mal. Murieron argentinos e ingleses. Ambos países tienen la misma tasa de suicidios. Ahí es donde yo siempre discuto con los que son de ultraizquierda y los que sólo hablan de los derechos humanos. Nosotros no somos militaristas, queremos ver las cosas objetivamente. Ellos dicen: “Estos militares fueron unos soretes. Unos garcas, asesinos, hijos de puta”. Yo no niego eso, tienen razón. Mandaron a la guerra a los muchachos y murieron 649 soldados. ¿Pero por qué vino la democracia? Porque los militares perdieron el último eslabón que les quedaba para sostenerse en el poder. Porque si se ganaba la guerra de Malvinas, capaz que hoy estaba la dictadura todavía. Pero no. Perdimos y arrastramos al país hasta la democracia.

Ahora… el tema es el siguiente: estos dictadores hijos de puta mandaron a la muerte a 649 hombres. Pero hoy, en democracia, ya llevamos 1.300 suicidios. Entonces, yo pregunto: ¿Quién mató más y quién fue el asesino más cruel?

Recordar el heroísmo

“En una guerra aparece lo mejor y lo peor del ser humano. Lo peor ya sabemos que existe. Todo el mundo lo sabe. Cualquiera que haya visto una película de la Segunda Guerra Mundial o de Vietnam vio las bajezas del ser humano. Pero hay que tratar de recordar Malvinas a través de los hechos heroicos, que hubo y fueron muchos”.

“Me acuerdo del cabo Ibañez, compañero de la Prefectura. Era maquinista, como yo. Pero él estaba en una lanchita mucho más chiquita que la mía. Su lancha tenía 60 metros de largo, nada más. Y con una ametralladora de la Segunda Guerra volteó un avión de última generación como era el Sea Harrier. ¡Ese tipo logró bajar al avión que había hecho mierda su lancha! Porque la lancha ya estaba encallada, habían muerto un montón de personas. Y él, sin ser ametralladorista, sacó el cadáver de su compañero y volteó el avión con unas pocas balas que le quedaban. Esos hechos son los que queremos resaltar”.

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