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A 3 AÑOS DE UN HECHO QUE MANTUVO EN VILO AL PAIS

El caso Gerez: la duda eterna

A fines de diciembre de 2006, el albañil que declaró contra Patti estuvo en cautiverio durante 48 horas. Desde entonces, los interrogantes sobre "quiénes" y "por qué" siguen abiertos, en una causa que se encamina al olvido.

Por CIRO D. YACUZZI
cyacuzzi@dia32.com.ar

Jueves 28 de diciembre de 2006. Es el Día de los Santos Inocentes, pero en la comisaría 1ra no hay ánimo para hacer chistes. A las 7.30 de la mañana, Mirta Praino -una militante del peronismo sanfernandino hasta entonces desconocida en Escobar- denunció que su pareja, Luis Angel Gerez, había desaparecido la noche anterior en el barrio Lambertuchi. El último en haberlo visto, a las 21.30, fue su amigo Jorge Altamirano, de cuya casa había salido para comprarle cigarrillos y conseguir algo de cambio.

La noticia, recogida en la seccional por este periodista apenas una hora después, todavía no circulaba en los medios nacionales, pero ya todo el gobierno provincial estaba movilizado y en alerta máxima. Con el recuerdo vivo de Julio López -borrado del mapa tres meses antes, tras haber contribuido con su testimonio al encarcelamiento del represor Miguel Etchecolatz-, se agigantaba el temor de que la extrema derecha tuviera en sus manos la suerte de otro testigo en causas de lesa humanidad.

Gerez, el 20 de abril de ese año, había declarado en la Cámara de Diputados que Luis Patti participó de una sesión de torturas a la que fue sometido, en 1972, cuando tenía 16 años. Junto a otras cuantas, esa acusación cooperó para que el ex intendente de Escobar no pudiera asumir en su banca de legislador.

Ese mismo jueves 28, ya casi entrada la noche, la capital nacional de la flor entró en ebullición. Los compañeros de Gerez en la agrupación justicialista “Pensar Escobar”, con el actor “Paco” Fernández de Rosa a la cabeza, clamaban por la aparición con vida del albañil, junto a Madres de Plaza de Mayo y figuras políticas como Cristina Alvarez Rodríguez, Emilio Pérsico y Luis D’Elía, con quienes marcharon por el centro de la ciudad.

Viernes 29 de diciembre. La mañana siguió agitada, con decenas de periodistas y miles de policías poblando las calles. Por la tarde, una multitud participó de una movilización que pasó a la historia como la más grande que haya tenido lugar en Escobar. Entre los manifestantes no había distinciones ideológicas: convivían en distintas columnas pattistas, peronistas, radicales, organizaciones de izquierda y vecinos independientes. Aunque no todos estaban convencidos de lo que estaba pasando, nadie podía mirar hacia otro lado ante una situación así.

El entonces presidente Néstor Kirchner, que solo había usado en una ocasión la cadena nacional, le habló al país a las 21. Acusó de la desaparición de Gerez a “grupos paramilitares y parapoliciales” y consideró al hecho como un intento de desestabilización institucional.

Cuando el mensaje presidencial finalizó, apenas si hubo tiempo para que los canales repitieran sus pasajes más salientes. Es que la historia ya tenía final feliz: en una oscura calle de Garín, Luis Gerez había aparecido.

Tres años después, todo sigue como en aquellos tórridos días de verano. Quiénes y por qué lo secuestraron, los dos vértices principales de la investigación, permanecen con interrogantes abiertos de par en par. Y más aún: es inminente que la fiscalía archive la causa, al no haber podido avanzar en ninguna dirección.

Para la opinión pública dos hipótesis quedaron en pie: o lo secuestraron por su declaración contra Patti para intimidar a otros testigos de delitos de la dictadura; o fue una operación política del kirchnerismo pergeñada por un puñado de dirigentes locales y provinciales. De todos modos, a casi nadie parece importarle esta verdad por la que tantos se rasgaron las vestiduras y que quizás nunca aparezca. La duda eterna, probablemente, sea el veredicto final del caso Gerez. ¿Será mejor así?

PARA EL FISCAL FLORES, EL CASO DEJA MUCHAS DUDAS

“No se sabe qué pasó”

La causa por la desaparición del albañil va camino al archivo, sin que ningún interrogante se haya dilucidado. Dicen que la declaración de la víctima no colaboró a profundizar la investigación.

La conclusión del caso Gerez, para el fiscal Facundo Flores, se resume a cinco palabras: “No se sabe qué pasó”. A pesar de las miles de fojas con testimonios, escuchas telefónicas y allanamientos que dan cuerpo al obeso sumario judicial, la verdad no aparece. Y quizás no aparezca jamás, ya que la causa va camino al archivo.

El destino final del expediente depende de la decisión de la fiscal Andrea Palacios. Si bien los cuatro fiscales escobarenses trabajaron a la par durante los primeros meses de la investigación, era ella quien se encontraba en turno el día que Mirta Praino denunció la desaparición de Luis Gerez en la comisaría 1ra. Palacios -ahora en Zarate- ya habría completado todas las diligencias pendientes para dar por cerrado el caso, por lo que se prevé inminente su pase a archivo.

“Al no poder probarse la autoría ni los extremos de la denuncia, es el curso natural procesal de la causa”, explicó a este medio la fiscal Irene Molinari. Y Flores, con quien recibió a Dia 32, agregó: “Ya se chequearon todas las líneas investigativas que había y no se determinó nada. Ahí se estancó la causa”.

Así como Palacios y Paula Gaggiotti, Molinari y Flores se las vieron complicadas durante el caso Gerez. No solo por la carga de trabajo, el desvelo y la desacostumbrada exposición mediática que les implicó, sino porque sus iniciales sospechas sobre el entorno del albañil -fundadas en escuchas telefónicas- casi los conducen a un juicio político impulsado por el kirchnerismo bonaerense.

Ya lejos de aquellas vorágines, Dia 32 consultó a los fiscales sobre sus impresiones del resonante y misterioso caso que no lograron resolver.

¿Se comprobó al menos que se haya tratado de un secuestro?

Flores: Digamos que los elementos aportados por la víctima no pudieron ser acreditados en la investigación. No se sabe qué pasó. Había un montón de cosas que no cerraban y nada de lo que decían se pudo acreditar.

¿Cuáles fueron los principales obstáculos que enfrentaron para profundizar la investigación?

Molinari: Los datos muy inciertos y poco precisos aportados por la propia víctima respecto de lo que sucedió.

Flores: Y la imposibilidad de obtenerlo de otro modo. Estuvimos un mes y medio buscando información en el lugar donde dijo que lo levantaron, pero no encontramos nada. Tampoco se pudo encontrar el lugar del cautiverio ni ninguna vinculación política; no le hicieron ninguna referencia del por qué ni fue un secuestro extorsivo, porque no le pidieron plata a la familia. Si a vos no te dicen por qué te secuestran, ¿qué sentido tiene? Además, el contexto político tampoco ayudó a la investigación ni a la credibilidad del hecho.

¿Se podría pretender de un secuestrado una declaración más precisa?

Flores: La gran cantidad de secuestros extorsivos que hubo en los últimos cinco años demuestra que el aporte que hacen las víctimas para encontrar el lugar de cautiverio y a los autores es fundamental, ya sea mediante reconocimiento de voces y lugares.

¿Cómo se puede comprender que un caso que tanto movilizó al gobierno nacional quede así, en la nebulosa?

Flores: Si vos tenías varias verdades, ¿cuáles le interesaban más al gobierno? Una, las otras no. Nosotros estamos atados a la información que se pueda obtener o que nos puedan traer. Todas las líneas investigativas que había se chequearon y no se determinó nada.

Esta nota continúa en:

Luis Gerez: “Yo tuve la suerte que no tuvo Julio López”

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