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MAURO MARTÍNEZ

El gimnasta escobarense que echa raíces en Houston

Está viviendo en Estados Unidos desde hace seis años, se casó y formó una familia. Trabaja de lo que le gusta, está bien económicamente y por ahora no piensa en volver al país. “El deporte abre puertas impensadas”, afirma.

Por JAVIER RUBINSTEIN
jrubinstein@dia32.com.ar

Siempre se exigió al límite, se perfeccionó y buscó limar hasta el más ínfimo aspecto técnico en una actividad súper detallista. Así fue como un día Mauro Martínez (30) se encontró a nueve mil kilómetros de distancia de su ciudad natal y comenzó a trazar su vida en Estados Unidos, adaptándose a sus costumbres y sabiendo disfrutar de un país que lo cobijó como un ciudadano más.

Poco después de cumplir los 20 años comenzó a buscar su ideal como gimnasta y se tomó un avión para entrenar en Norteamérica, adquirir nuevos conocimientos y mejorar aún más. Su primer viaje fue en 2011, después de haber competido en los Juegos Panamericanos. En ese entonces, el objetivo era entrenar fuerte en un gimnasio donde da clases uno de los mejores entrenadores estadounidenses de gimnasia deportiva.

“Vine con la idea de entrenar cuatro semanas, nada más. No hablaba inglés. Me gustó mucho el sistema de entrenamientos y me terminé quedando dos meses. Volví para Argentina un tiempo y regresé otros cinco meses en 2012”, le cuenta a DIA 32 desde Houston, en Dallas, al sur de los Estados Unidos, donde se radicó hace seis años y es feliz.

Al principio fue yendo y viniendo entre un país y otro. Y también atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida: la muerte de quien era su novia, Aldana Carraro, por una enfermedad terminal. Fue en 2015 y estuvo a punto de dejar el deporte. Pero finalmente siguió y pudo salir adelante.

“Yo estaba en la Selección Argentina y con el dinero de las becas del ENARD y la Secretaría de Deportes me costeaba los gastos de pasajes y comida. Vivía en la casa de un amigo que tenía un gimnasio y surgió la idea de empezar a trabajar, así que me hice la visa de trabajo y empecé a dar clases a los chicos de la escuelita y a preparar al equipo femenino para las competencias”, repasa. En 2016 salió campeón sudamericano en salto, brillando en Perú, en un pico de su carrera como deportista de selección.

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Felices los tres

En el comienzo de 2017 conoció a Valentina Malzoni (24), una gimnasta uruguaya que integra la selección de su país. “Vino a Houston con la idea de entrenar y ver cómo era la vida acá y empezó a dar clases en el mismo gimnasio que yo. Así comenzamos la relación, fue amor a primera vista. Me enamoré ni bien la vi y sigo estando tan enamorado como el primer día”, confiesa, detallando un amor que va más allá de los gimnasios.

Valentina y Mauro se casaron al poco tiempo y en mayo de 2018 nació Noah, el primer hijo de la pareja. “Es un loco, todo el día hace gimnasia. Estoy súper contento en lo personal, teniendo a ellos se hace más llevadero el día a día. Con mi familia hablamos seguido, la tecnología facilita mucho todo. Las dos familias ven al nene siempre”, sostiene.

Como vive al norte de Houston y no en el centro de la ciudad, eso le permite tener más verde, menos tránsito vehicular y muchos más parques para que su hijo corra y juegue. “Acá se dice que el tiempo es dinero y se vive más acelerado que en Argentina, se trabaja mucho. Un punto en común es la camaradería que hay a la hora de entrenar”, compara.

A nivel deportivo, desde el Mundial 2017 en Canadá no volvió a competir para la Selección, pero sigue entrenando y está a la espera de otra convocatoria. Su deseo es integrar el equipo argentino en el Mundial que se hará en octubre, en Japón.

“No tengo pensado retirarme. Quiero estar en los selectivos para el Mundial. Y si no se da, sigo representando al gimnasio donde trabajo, que hace torneos internacionales. La última vez que competí fue en febrero de 2020”, cuenta, con un dejo de nostalgia.

Por lo menos a corto y mediano plazo, el matrimonio no tiene planeado tomar un avión de regreso a la Argentina. Están muy bien para pensar en volver. Y más en este contexto de pandemia que complica todo.

“Antes tenía la idea de estar un tiempo, juntar dinero e invertir poniendo un gimnasio en mi país. Ahora que formé una familia cambié de idea y no queremos volver. Estamos muy cómodos, trabajamos de lo que nos gusta, en un lugar que es como mi segunda casa”, asegura, decidido en su postura.

Mauro es un eterno agradecido a sus padres por apoyarlo en todo y brindarle la contención que necesita, a miles de kilómetros de distancia. Y también arenga a los jóvenes a practicar deporte: “A los chicos jóvenes me gustaría decirles que se animen, que le metan pilas al deporte, porque mi sueño era ser gimnasta de elite y competir en mundiales y lo pude cumplir. La gimnasia me cambió la vida, el deporte abre puertas que uno jamás esperaría”, asegura.

Con perseverancia, coraje y capacidad, Mauro construyó una nueva vida en Estados Unidos. Otro escobarense que apostó fuerte y el destino le jugó un pleno que él supo aprovechar muy bien.

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FICHA PERSONAL

Un gimnasta de elite

En 2004, con solo 13 años, se consagró campeón en el Sudamericano de Ecuador, siendo el mejor participante infantil en salto. Al año siguiente fue medalla de oro en los Juegos Bonaerenses, en Mar del Plata. Fue integrante de la Selección Argentina en mundiales, copas del mundo y juegos panamericanos, siempre logrando medallas, podios y varios títulos dentro de la gimnasia deportiva.

Su padre, Pablo Martínez, fue una gran influencia en su carrera. Fue su primer entrenador, primero en el Club Independiente de Escobar y después en el polideportivo municipal Luis Monti.

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