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SALVADOR RIZZO

“La política no era para mí, hay que tener dos caras”

Tras enfrentar a Patti en 1995 como candidato radical, se alejó de la actividad partidaria. Sus recuerdos de la Fiesta de la Flor, del Escobar de ayer y las circunstancias de la vida.

Por ARIEL J. SPADARO
aspadaro@dia32.com.ar

Llegando a su casa céntrica sobre la calle Belgrano, en Belén de Escobar, recibe a sus visitas en la puerta con la misma ansiedad de aquel pibe que alguna vez fue citado para jugar en primera.

Su recibidor habla por él. Una larga estela de fotos familiares, acompañadas de colecciones de fascículos educativos, y varios libros donde se destacan las Selecciones de Reader’s Digest, Historia de la República Argentina, de Editorial Sopeña, y La importancia de vivir, de Lin Yutang. Con emoción, abre un abanico de fotos blanco y negras sobre el escritorio, y allí reviven el “Tono” Lambertuchi, Enrique Deppe y Luis Brussi, entre otros recordados escobarenses.

Si bien Salvador Rizzo es conocido por su candidatura a intendente en 1995 y su trayectoria en la Fiesta de la Flor, la mitad de su vida estuvo signada por el fútbol: jugó hasta la cuarta categoría del Club Tigre y, ya instalado en Escobar, defendió los colores verdinegros de Independiente. También fue el número cinco y capitán del seleccionado de la Liga Escobarense.

Nació un 18 de noviembre de 1926 en San Femando, finalizó el secundario en el Nacional de San Isidro y entre 1946 y 1949 viajó a Córdoba a realizar la carrera aeronáutica.

Lleva muy bien puestos sus 82 años y se toma unos segundos para responder a cada pregunta de DIA 32.

¿Cómo llega a instalarse en Escobar?

Vine a trabajar en 1951, por recomendación, para “Los dos cuñados” (Rizzardi-Torres). Ellos eran tamberos pero habían decidido cambiar de rubro y poner una ferretería con corralón de materiales frente a la plaza de Escobar. Seis años más tarde me instalé definitivamente acá. Me casé y comencé a participar socialmente, en los clubes, ayudando en una escuela y en la Fiesta de la Flor.

¿Recuerda el puntapié inicial de la exposición?

Uhh… Había que crear la Fiesta de la Flor y lo propusieron a Brussi. Entonces me vino a buscar y me dijo: “Tenés que venir conmigo, porque nos necesitan y no queda otra, hay que agarrar”. Así llegamos: Brussi presidente y yo como vicepresidente, fuimos a poner el hombro. Las primeras presentaciones de la Fiesta fueron inolvidables. Tuvimos buenas y malas, pero don Luis siempre encontraba la vuelta para seguir adelante.

¿Nota que se perdió la pasión o la identidad entre los escobarenses y la Fiesta de la Flor?

Ya no encuentro la misma pasión en el nativo de Escobar. Si bien tuvo su evolución, hace muchos años que no ofrece ninguna novedad. Entonces, los capitalinos se interesan porque una vez por año ven flores, pero los de acá no quieren volver a ver lo mismo que el año pasado. Tal vez levantaría un poco el interés trayendo un número artístico especial. Ya en nuestra época, cuando ponían algún arreglo repetido le decíamos a Brussi: “Don Luis, no pongamos esto que la gente ya lo vio”. Suele ser un negocio para las parrillas o algún otro puesto, pero ya no es como antes.

Entonces, ¿falta dinero o ingenio?

Falta gente que sume otra visión, aunque se nota la carencia de recursos para mantenerla, esa es otra gran verdad. Y ni hablemos de interesados en sumarse a la comisión para trabajar. La culpa más grande no es de los que están.

¿Por qué para los escobarenses debería ser importante la Fiesta de la Flor?

Es una gran posibilidad para unir el turismo y la actividad económica. Ni que hablar del empuje que les daba a los floricultores locales. Cuando Brussi quiso ponerla en el predio actual, se le preguntaba por qué no quería instalarla en la Panamericana, que era la otra opción, y contestó: “Cuando la gente nos visite, va a recorrer todos los comercios y a conocer nuestra ciudad”. Hubo muchos que se opusieron, esa decisión se ganó por un solo voto de diferencia.

Camina y hace memoria, mientras en la radio se escucha la propaganda de AM 740 Cooperativa y, pegadito, canta Julio Sosa Nostalgias con la orquesta de Franccini y Pontier. Abre otra caja y exhibe unas calcomanías de la campaña radical de 1995 y una boleta con su candidatura a intendente. Allí aparecen guardados sus recuerdos políticos, que lo obligan a contar sobre su incursión partidaria.

«En 1991 me eligieron presidente del Comité. Ya en el ‘92 y hasta el ’93 pasé a ser secretario, bajo la presidencia de Roberto Gaitán, que era de la otra línea interna. Ese año las cosas no estaban muy claras, el radicalismo se venía desmoronando y decidí renunciar. Pero en el ‘95 llegó la elección presidencial y un día me vino a ver Roberto Costa, que me dijo: ‘No encontramos el candidato a intendente y vos como presidente del Comité dejaste una muy buena impresión’. Y así terminaron promoviéndome para ocupar la candidatura. Era una oportunidad posible, porque el intendente Valle se venía cayendo, pero después decidieron poner a Patti y nos tapó. Ya se veía por la propaganda que en poco tiempo la gente lo seguía a muerte. En la campaña, la gente de la otra línea me criticaba: ‘Nunca nombrás a Patti, tenés que darle con todo, porque es la forma en que la gente se va a dar cuenta de que este no puede ser intendente’. Les contesté que haría mi campaña con lo que pensaba hacer yo, no basándome en lo que hizo mal el otro.

¿Se arrepintió de haber aceptado aquella candidatura?

Fue terrible como sufrí esa campaña. Si bien tenía cierta prevención de la vida partidaria, llegué a convencerme de que la política no era para mí, porque no tengo esa pasta. Hay que tener dos caras. Había militantes que se proclamaban radicales a ultranza y sin embargo ni se movían ni te daban una mano. Te dejaban solo.

¿Dónde caracteriza el ejemplo de que “hay que tener dos caras”?

Cuando íbamos a un barrio y te decían: “Con fulano de tal, que es justicialista, trata de ser así y así, porque ese tipo tiene tanta gente en el barrio y lo podemos llegar a convencer…”. Te venían con cosas que no estaban en mi forma de ser, ni de tratar a la gente.

¿No le queda latente la posibilidad de volver al partido?

No, sobre todo cuando Costa se juntó con Posse para aparecer como «radical K”. Nunca más. Pero mi corazón siempre va a ser radical.

¿Cómo toma, siendo radical, que su hijo Gustavo haya llegado a un cargo público con una boleta peronista?

Cuando armábamos las listas, él formaba parte de nuestros candidatos a consejeros escolares. Pero está bien que cada uno tenga su idea y, además, como tiene un parentesco con “Larry” Biaggioni, pienso que a la larga lo convenció. Lo prefiero como profesor de educación física, porque veo que se rompe el alma y me duele cuando es criticado. Pero, lamentablemente, la política es así.

Viendo la realidad de su partido, ¿en qué condiciones estratégicas piensa qué debería presentarse y cuáles serían, a su criterio, los límites de una alianza?

Las últimas elecciones muestran que el radicalismo, solo, no saca el 2%. Me gustaría que vaya Stolbizer con Carrió. Por derecha veo un poco a De Narváez, que no me disgusta. Y por el otro lado me gusta Hermes Binner. Ese socialismo es bárbaro. Priorizaría radicales con socialistas; con ellos, yo haría un frente.

¿Qué político, escobácense o no, rescata de su juventud, cuál de la actualidad y en qué referente se ve reflejado?

De mi época el que más me impresionó fue Ricardo Balbín. En la actualidad… acá en Escobar no hubo renovación (tarda en contestar). Margarita Stolbizer, esa es la mujer de ahora. Y reflejado, sin dudas, me veo en Raúl Alfonsín.

¿Sintió algo especial ante el deceso de Alfonsín?

Si, la verdad que lo que se vio después de fallecido… Parecía que no estaba tan arraigado como cuando vivía. Varias personas que no eran del partido reconocieron al demócrata cabal, integro, honesto. ¿Qué presidente terminó su mandato y no lo citaron alguna vez en un juzgado? Tenía convicciones propias y se la jugó ante los intentos de golpes militares y en La Rural, cuando le gritaron de todo. Por supuesto que también tuvo errores.

¿En qué escala de calidad pone a los políticos actuales en comparación con los de su época?

No veo, en ninguno de los niveles, que hayan mejorado mucho. La mayoría de los partidos están divididos y perdieron identidad.

¿Las ideologías murieron o están maquilladas detrás de la conveniencia mediática?

Están, quedan políticos que tienen su corazón puesto en las bases de la filosofía de sus partidos. Pero creo que el sistema político actual que utilizan los partidos no va a traer mejorías para el país.

Usted se estableció en Escobar antes de que fuera distrito, ¿con qué intendente se queda de todos los que conoció?

Caigo siempre en lo mismo: los radicales fueron malos administradores, pero los más decentes. Para mí fue (Alberto) Ferrari Marín, por su honestidad y la claridad que había en cada una de sus actuaciones, buscando darle a Escobar una estructura acorde con el crecimiento del partido.

¿Y a quién ubicaría segundo en su ranking de mejores intendentes?

Podría ser Antonio Lambertuchi.

¿Qué tenían esos intendentes que no tienen los de ahora?

Eran épocas distintas, antes había pocos recursos. Esta gente puede hacer mucho más. Antes no se contrataban servicios de limpieza, por ejemplo. Se pensaba más en el bienestar de la población. Así era.

¿Cómo ve al Escobar de hoy?

Pienso que con la Intendencia de Patti se mejoró mucho en estructura, caminos. Yo pensaba que este muchacho Guzmán, que fue su secretario de Gobierno, iba a ser lo mismo. No digo que no haga, pero veo que hace mucho menos. Y teniendo en cuenta el aumento de los impuestos, creo que pueden hacer más. Noto muy suda a la ciudad. Pero Escobar me gusta. En los 53 años que estoy acá, ha progresado una barbaridad. Sinceramente no me iría a otro lado. Me encanta este lugar.

¿Por dónde avizora que podría encontrarse un futuro mejor para Escobar?

En el turismo. Hay que mejorar el camino al Paraná, como tienen la mayoría de los distritos ribereños. No solo la costa del Paraná, también visitar El Cazador. Tendríamos que tener una Dirección de Turismo que forme guías y prepararnos para el mini turismo, con recorridos a to­dos los atractivos que poseemos. Creo que contaríamos con una base de ingresos importante.

¿Cuál fue la persona, fuera de su entorno familiar, por la cual más sufrió su pérdida?

Brussi, fue un hermano y un padre para mí. Estuvimos veintitrés años juntos y sabemos lo que sufrimos con la Fiesta de la Flor. También me dolió la partida de Enrique Deppe.

Detrás de su trayectoria, ¿hubo algún proyecto personal o familiar que no pudo concretar?

Si, desde que falleció mi esposa lo único que desearía es que mi hija, que vive en Buenos Aires, estuviera radicada acá. Por suerte tengo a mi otra hija conmigo…

¿Qué mensaje le gustaría dejarles a las generaciones venideras?

(Se sienta y en su cara se refleja el último haz de sol que entra por la ventana) Que trabajen con optimismo en cualquiera de las actividades en las que se involucren. Que traten de mejorar e inculcar a sus hijos una moral que diste mucho de la de esta época. Que intenten apoyar de buena fe las gestiones de las autoridades que gobiernen, para que sientan el respaldo de su gente y así mejoren sus condiciones de vida. Y que sean muy unidos, así Dios, seguramente, hará de este pueblo de Belén que nos comportemos como verdaderos hermanos.

La entrevista concluye y don Salvador sigue abriendo cajas mágicas de donde brotan fotos de una época brillante, de un Escobar que ya pasó y espera volver a florecer.

CUESTION DE GUSTOS

Un equipo de fútbol: Tigre.

Un canal de televisión: Soy el rey del zapping. Todo lo que sea fútbol, seguro.

Una AM o FM: Radio 10 y Continental.

Un diario: Clarín. También leo La Hoja de Escobar, El Mensajero y ahora DIA 32.

Un libro: Aparte de La Biblia… Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Un músico: Soy loco por el tango y el folclore. Me encantan Los Nocheros y el Chaqueño Pallavecino. Y las orquestas de Troilo, Pugliese y Di Sarli.

Un lugar de Escobar: La plaza principal.

Un deseo: Que mis hijos alcancen la mayor felicidad posible.

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