¿Quién necesita ir a un safari en África cuando el partido de Escobar se está convirtiendo, lentamente, en el set de filmación de Jumanji? En las últimas semanas, muchos vecinos dejaron de preocuparse por los perros callejeros para empezar a mirar de reojo hacia los matorrales: un puma suelto y un jabalí con ínfulas de peatón revolucionaron la tranquilidad de dos barrios. Pero esos dos recientes casos no son los únicos ni mucho menos.
Las insólitas apariciones de estos animales dejaron a los testigos debatiéndose entre llamar a la Policía, retener el aliento o filmar el próximo video viral de TikTok. El chatbot municipal ya está evaluando cambiar el logo de Flora por el de National Geographic.
Los carpinchos, por su parte, buscan lotes en los barrios privados, pero los elevados precios los llevaron a investigar precios por las inmediaciones de las plazas de Garín y Maschwitz, donde fueron vistos con perplejidad por los vecinos. Incluso, uno de esos simpáticos roedores pareció intentar subirse a un colectivo en la propia terminal de la línea 60.
Lo que hasta hace algunos años hubiese parecido una anécdota excepcional, hoy empieza a convertirse en una escena habitual. El avance urbano sobre humedales y áreas silvestres, la proliferación de barrios privados y los cambios en los ecosistemas empujan cada vez más a la fauna hacia sectores habitados. En Escobar, donde todavía sobreviven grandes corredores naturales conectados al Delta y al río Luján, este fenómeno dejó de ser una rareza para transformarse en una postal cada vez más frecuente.
El último refugio de la fauna nativa
En 2020, con la cuarentena en su fase más estricta, sin vehículos ni personas por las calles, en los centros urbanos de todo el mundo se vieron asombrosas postales de bichos exóticos. Sin ir más lejos, en el Conurbano bonaerense se fotografiaron desde carpinchos, comadrejas, serpientes y zorros hasta monos. De hecho, en enero de 2021, una cámara de seguridad detectó a un capibara de enormes proporciones caminando por una vereda en Maquinista Savio.
Con la pandemia allá lejos y en el tiempo, en 2025 hubo una especie de ola de apariciones de estos agradables animalitos. En una madrugada de mayo, uno de ellos fue visto deambulando en soledad por la avenida Tapia de Cruz, frente al Concejo Deliberante de Escobar. Y en diciembre pareció que salieron a hacer las compras navideñas: varios ejemplares se pasearon por los centros comerciales de Garín y Maschwitz y hasta por la terminal de la 60, en la Colectora Oeste.

“En los ámbitos de los barrios privados hay una sobrepoblación. Si bien se les ha generado un espacio de protección, el animal no tiene un predador natural, tiene disponibilidad de agua y comida y está en una zona segura. Cualquier especie con esas condiciones, se reproduce y crece la población, encontrando que los espacios naturales no son suficientes. Por lo tanto, empiezan a tener contacto con las zonas urbanas”, explica a DIA 32 el veterinario Cristian Pisaco, director de Zoonosis del Municipio.
A esta altura del partido, los carpinchos no son novedad. Ya es sabido que desde tiempos inmemorables han habitado la zona de humedales y que ese es su hábitat natural, del que poco a poco van siendo expulsados por el avance inmobiliario.
Lo curioso fue la aparición de un puma, registrado por una cámara de seguridad el domingo 10 de abril en el perímetro del country Náutico Escobar, que dejó asustada a los habitantes de esa urbanización del barrio El Cazador. El operativo de rastreo no pudo dar con el felino, que desapareció como por arte de magia. Una situación casi idéntica se había dado en octubre de 2024 en el Club Privado Loma Verde, con un puma que nunca más volvió a ser visto.
“El puma es una especie autóctona que cuenta con presencia nacional. Su aparición en zonas urbanas de la región como Escobar, Pilar o Moreno se debe principalmente a la existencia de un gran corredor biológico. Escobar limita y se anexa a una franja natural muy grande de conservación que incluye el Delta del Paraná, el río Luján, sus bañados y la Reserva Nacional Ciervo de los Pantanos. Este gran corredor les permite a los animales moverse, alimentarse y reproducirse libremente”, señala Pisaco.
“La aparición de pumas en zonas urbanas se debe a la existencia de un gran corredor biológico que les permite a moverse, alimentarse y reproducirse libremente”, afirma el director de Zoonosis, Cristian Pisaco.

A veces, la quema de pastizales o los incendios expulsan a la fauna silvestre de sus hábitats naturales impulsándolos a las zonas urbanas. Según el veterinario, siempre existieron estas apariciones esporádicas y fugaces, solo que hoy su presencia queda mucho más documentada debido a la proliferación de cámaras perimetrales en los countries. “Estos encuentros son casuales, el animal no busca cazar dentro de los barrios, su tendencia natural es huir de los humanos”, aclara.
Pero mientras todo el mundo hablaba del puma, incluso en los medios de comunicación nacionales, dos días después se produjo otra asombrosa aparición: un jabalí paseándose manso y tranquilo por la calle Mermoz, muy cerca del predio de Zoonosis, en el barrio Las Lomas. Ahí la sorpresa fue mayúscula.
Especie foránea
Según trascendió, quienes inicialmente advirtieron la presencia del jabalí fueron unos chicos del barrio. Tras el susto, sus padres rastrearon el área y un vecino logró sacarle una foto que sirvió para dar aviso a las autoridades. Al ser la primera vez que se divisa esta especie en Escobar, el Municipio activó un protocolo de búsqueda y captura junto a la Dirección de Flora y Fauna bonaerense y la Policía Rural para trasladarlo a un lugar seguro. Sin embargo, al igual que con el puma, no pudieron encontrarlo.
La hipótesis principal es que el jabalí sería víctima de mascotismo. Criado ilegalmente desde cachorro como mascota, el tema es que cuando crecen y muestran sus hábitos salvajes en perímetros cerrados se vuelven incontrolables, por eso los liberan o terminan escapándose. “No es una especie autóctona. El jabalí es una especie invasora y exótica introducida en Argentina a principios del siglo XX, por lo que Escobar no es su hábitat natural”, detalla Pisaco.
El desplazamiento de la mancha urbana y los cambios ambientales transformaron a Escobar en el escenario de constantes e insólitos hallazgos de fauna silvestre en los últimos años.
Otro aspecto que resalta el funcionario es que este jabalí estaba solo, cuando estos mamíferos se mueven habitualmente en grupos. Ver a un ejemplar solitario en esta región refuerza la idea de que “alguien lo trajo a Escobar”.
El jabalí representa un riesgo ambiental por ser exótico. Al no tener predadores en la zona y contar con alimento y un entorno favorable, se reproducen y expanden sin control biológico, alterando el ecosistema local. Podría reaccionar de manera muy agresiva si se siente acorralado o en peligro, a diferencia de otras especies silvestres.

“El avance del ser humano sobre los espacios naturales reduce el hábitat de los animales. Dado que Tigre y Escobar representan los últimos bolsones verdes del conurbano bonaerense antes de llegar a la Capital, se vuelve indispensable aprender a tener una convivencia respetuosa con la fauna que habita la zona”, advierte Pisaco.
El desplazamiento de la mancha urbana y los cambios ambientales transformaron a Escobar en el escenario de constantes e insólitos hallazgos de fauna silvestre en los últimos años. Esta tendencia cobró fuerza en 2018, cuando severas inundaciones arrastraron serpientes venenosas a las zonas ribereñas, desatando el temor de los vecinos. También se tornaron frecuentes en los últimos años las apariciones de lobos y elefantes marinos, generalmente extraviados por enfermedades, cerca del Paraná. Incluso, un ejemplar llegó a pasearse por las calles de El Cazador en junio de 2020, cuando todavía regía un fuerte aislamiento obligatorio por el Covid-19.

Por ese entonces también se consolidó la problemática de las ardillas de vientre rojo en Loma Verde; una especie exótica e invasora originaria del sudeste asiático que, tras multiplicarse de forma descontrolada a partir de ejemplares introducidos hace décadas en Luján, hoy provoca serios dolores de cabeza a la Cooperativa Escobar Norte al masticar y destrozar el tendido eléctrico y de fibra óptica. Sin predadores naturales, su expansión es incontenible.
En distintos momentos, también llegaron a verse zorritos deambulando en distintos lugares. El último caso conocido ocurrió el año pasado en Ingeniero Maschwitz. Pero también se reportaron avistamientos en Matheu, cerca del predio de Ymcahuasi, y en Belén de Escobar.
La hipótesis principal es que el jabalí sería víctima de mascotismo. Cuando crecen y muestran sus hábitos salvajes en perímetros cerrados se vuelven incontrolables, por eso los liberan o terminan escapándose.

En marzo de 2025, agentes de Prevención Municipal y de Zoonosis rescataron en la ribera del río Paraná a un ciervo de los pantanos que presentaba una fractura de tibia. Gracias al rápido traslado y tratamiento en Temaikèn, este imponente animal de 150 kilos -declarado Monumento Natural bonaerense y en peligro crítico- logró evolucionar favorablemente para regresar a su hábitat.
En definitiva, entre carpinchos que quieren tomarse el colectivo, pumas jugando a las escondidas, ardillas que cortan el wifi y jabalíes paseando por las calles, Escobar se convirtió en un safari vecinal. Así que, al sacar la basura, por las dudas, el consejo es mirar hacia los costados, llevar la cámara del celular bien lista… y un buen par de zapatillas por si hay que salir corriendo.
