Uno de los máximos sueños de un futbolista profesional es jugar un Mundial, vivir esa sensación de ponerse la camiseta de su país y tratar de darle felicidad a un pueblo entero. Este año Escobar tuvo a Nicolás González como parte del equipo subcampeón y al arquero matheuense Máximo Leguizamón de sparring del plantel dirigido por Lionel Scaloni.
Pero también hubo alguien que fue y vino dos veces de Estados Unidos, que hizo su trabajo de manera excepcional, palpitando con cada gol y sufriendo la tristeza de la final perdida ante España. Vecino de Ingeniero Maschwitz, Pablo Elías (45) viajó como fotógrafo, acreditado por la FIFA, para retratar cada jugada y cumplir con otras tareas, especialmente encargadas por medios que lo contrataron para el campeonato del mundo.
Nacido en Boulogne (partido de San Isidro), Elías se mudó a Maschwitz en 2018, justo después del Mundial de Rusia, que también cubrió como fotógrafo freelance (independiente). Desde que conoció la localidad, donde vive con su esposa y sus tres hijos, se enamoró de su tranquilidad y armonía. “Nos encanta el pueblo, la comunidad. Es increíble, me encanta cómo se vive”, le cuenta a DIA 32.
Futbolero desde chiquito e hincha de River, junto a su padre y su hermano viajó como hincha a Alemania 2006 para alentar a aquella Selección Argentina que dirigía José Pékerman y en la que debutaba un tal Lionel Messi. Esa experiencia lo marcó y los mundiales pasaron a ser una meta personal cada cuatro años.

Periodista deportivo y fotógrafo
Una vez que terminó el secundario, decidió estudiar periodismo. Mientras tanto, se fue a Estados Unidos y a Centroamérica, solo. Tenía 22 años y quería experimentar trabajar en el exterior como parte de un crecimiento profesional.
“Allá conocí a un argentino que vivía de la fotografía. Cuando volví al país me recibí de periodista deportivo y empecé a estudiar fotografía. Tuve a Tony Valdéz como profesor y me marcó en el tema de fotoperiodismo. Trabajaba en un sitio deportivo del Club Almagro y en otros medios zonales. Una vez cubrí un partido de rugby, llevé una cámara analógica y saqué fotos, hasta que una salió publicada. Cada vez que cubría algo también hacía fotos. Una vez salió otra en El Gráfico, sobre el rugby en la cárcel, y me encantó”, explica sobre su evolución del periodismo a la fotografía deportiva.
Con experiencia en disciplinas como el rugby, el tenis, el boxeo y especialmente el fútbol, logró acreditarse en la Asociación del Fútbol Argentino. En paralelo, trabajaba como fotógrafo de revistas zonales. Se aproximaba el Mundial de Brasil 2014 e hizo la gestión para conseguir su credencial y poder viajar.
“Me acuerdo que me llamó Ernesto Cherquis Bialo (vocero de la AFA en aquel momento) para confirmarme que me acreditaban. A los dos días me enteré que sería padre por primera vez. Mi hija nació en septiembre, justo después del Mundial. Fueron las dos mejores noticias que recibí en mi vida”, confiesa, recordando el momento con emoción.

Sobre aquel trabajo en Río de Janeiro, agrega: “Fue una experiencia espectacular, me quedé hasta el final. Tenía que cubrir a las mujeres de los jugadores, los familiares y algo de fútbol”.
Cuatro años más tarde llegaría Rusia 2018, su tercer Mundial y el segundo como fotógrafo acreditado. Fue una vivencia que disfrutó, sorprendido por la infraestructura que había en el país. “Al ser prensa tenía hasta los trenes gratis, en primera clase, fue una muy linda experiencia”, señala.

Grito ante Inglaterra y abrazo con Messi
Aunque es fotógrafo freelance, para viajar a Norteamérica fue patrocinado por la cerveza Quilmes. Su función era sacar fotos y hacer filmaciones para una publicidad de la marca. Además, tenía trabajos pedidos de dos agencias de noticias, una argentina y otra de Georgia. “Allá fueron surgiendo cosas, también trabajé para la revista Hola, que me pidió fotos de famosos y de las mujeres de los futbolistas. Eso surge en el momento”, sostiene.
Buscando alojamientos económicos a través de las aplicaciones, Pablo Elías tuvo dos estadías en Estados Unidos. La primera incluyó los partidos de Argentina ante Austria y Jordania, en la fase de grupos, ambos en Dallas, y el de 16avos de final frente a Cabo Verde, en Miami. Después regresó a Maschwitz, vio por tele los duelos ante Egipto y Suiza, saliendo a festejar a la plaza Mitre, cerca de su casa, con su familia. Después voló de nuevo para la semifinal ante Inglaterra (Atlanta) y la final con España (Nueva Jersey).
“La verdad es que o sos fotógrafo o sos hincha. En el momento de un gol tenés que estar sacando fotos, no podés gritarlo. Eso sí, contra Inglaterra los grité con todo, porque si perdíamos nos volvíamos. Dar vuelta ese partido fue la máxima alegría”, declara.
Entre tantas coberturas se dio algunos lujos, como poder saludar a Messi, Dibu Martínez y Scaloni. “En la sala de prensa lo abracé a Messi, una locura. Pude estar ahí de casualidad, fui un privilegiado”, agrega.

“La verdad es que o sos fotógrafo o sos hincha. Eso sí, contra Inglaterra los grité con todo. Dar vuelta ese partido fue la máxima alegría”.
También aprovechó para recorrer y sorprenderse con ciudades, caminar, tomar colectivos y usar mucho el Google Maps para no perderse. “Cuando no había partidos para cubrir y estaba libre, salía. En Dallas conocí pueblos que me encantaron. Me saqué ese estigma de que el yanqui es estricto. Son ignorantes de dónde queda Argentina en el mapa, pero no son malos. Se interesaban en que era fotógrafo y cuando les decía que era argentino quedaban locos. La policía es muy estricta, en la cancha, en la calle”, sostiene.
En la final, cuenta, fue el partido en donde más controles de seguridad hubo y debió pasar, por los protocolos y las personalidades importantes que fueron. “Estaba (Donald) Trump, el rey de España (Felipe VI), la reina Letizia y no te dejaban cruzar la cancha. Tenía que elegir si sacaba fotos en la entrega de la copa o donde estaba Messi llorando. Estaba el servicio secreto apostado alrededor”, afirma.
“En la sala de prensa lo abracé a Messi, una locura. Pude estar ahí de casualidad, fui un privilegiado”.
“Hubo encontronazos con los de la FIFA porque no podía ser que el presidente sea más importante que el partido mismo. Yo sin querer le pegué con el pie de la cámara a uno de seguridad privada y me miró mal, le dije que estaba muy cerca nuestro y me empezó a ‘agitar’ en inglés como diciendo ‘ojo conmigo’. Después traté de bajar un poco el enojo porque a la primera te llevan preso”, explica, sobre aquel episodio, con el nerviosismo que le implicó.
Todavía con las emociones a flor de piel, el reportero gráfico maschwitzense valora la posibilidad que le dio su trabajo de poder cubrir su tercer Mundial, estar dentro de las canchas, rodeado de verdaderas figuras del fútbol y sacando fotos espectaculares. “Me siento afortunado de hacer lo que me gusta y ganar plata. Hay que laburar bastante, moverse, dentro y fuera del estadio, pero se disfruta un montón”, confiesa, feliz de haber hecho foco en su objetivo, una vez más.





