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JUAN MANUEL SCENNA

Una nueva vida, junto al mar

Cansado de la rutina y el desgaste laboral, hace cuatro años se fue a vivir a Brasil junto a su esposa y sus tres hijos. Vendió todos sus bienes en Escobar y construyó posadas para turistas en Praia do Rosa. “Creo que no volvemos más”, sostiene, adaptado y feliz.

Por JAVIER RUBINSTEIN
jrubinstein@dia32.com.ar

Cuántas personas sueñan con dejar sus trabajos, mudarse a una playa brasileña y vivir de rentas? Muchas, seguramente, pero pocas se animan a hacerlo realidad. Un escobarense dejó todo y se atrevió a una nueva vida, en otro país y lejos de sus afectos, pero con su mujer y sus tres hijos como sostén emocional.

Durante una década Juan Manuel Scenna (39) tuvo la concesión del predio de tenis de Sportivo Escobar, daba clases y alquilaba las canchas. Después fundó Scenna Tennis, donde él mismo construyó las tres canchas, los vestuarios y la recepción.

Su gran anhelo era una realidad, pero a lo largo de los años fue perdiendo la efervescencia y estar con la raqueta en la mano ya no lo seducía como antes. Quería un cambio rotundo de vida, algo que finalmente consiguió a 1.700 kilómetros de su Escobar natal, cuando con su esposa Marianela Palleiro (37) decidieron irse a probar suerte a Brasil.

“Estábamos muy cansados. Más allá de que el tenis fue algo que siempre me gustó, no era lo que quería para mi vida. Laburaba de lunes a lunes dando clases, estaba 15 horas por día en las canchas y no podía disfrutar de nada. Tenía mucho desgaste físico y mental. Con Marianela teníamos la idea de cambiar de vida, mudarnos a la playa y siempre nos gustó Brasil”, le cuenta “Juayta” a DIA 32.

La hora de partir

Con el proyecto madurado en su cabeza, a mediados de 2016 viajó y alquiló una posada en forma anual para poder explotarla comercialmente. Durante unos meses lo acompañó su madre, Adriana Lalli. Hasta que en diciembre de ese año llegaron sus tres hijos y su mujer. La familia se completaba y la experiencia brasileña recién comenzaba.

“La idea era buscar una forma de vida. En julio de 2015 habíamos venido a ver cómo era el panorama en el invierno y conocimos a alguien que alquilaba posadas. Nos dijo que no era imposible vivir de eso, nos explicó cómo era el laburo y vimos que el sueño se podía dar”, recuerda sobre esa primera época como foráneos, entre los morros y el mar.

Los escobarenses están ubicados en Praia do Rosa, un pueblo turístico que se encuentra en Imbituba, localidad de unos 50 mil habitantes, en el estado sur de Santa Catarina, a 70 kilómetros de la turística isla de Florianópolis.

“Es muy tranquilo, está lleno de morros, con paisajes muy lindos. Hay varias lagunas y distintas playas para poder recorrer. Estamos a tres cuadras del centrinho y a 10 minutos del mar”, detalla “Juayta”, contando las particularidades de su lugar en el mundo.

Claro que en el medio tuvo que resignar cosas, desembolsar sus ahorros y cruzar los dedos para que las cosas funcionen comercialmente. “Tuvimos que pagar un año de alquiler por adelantado para que nos den las posadas para alquilar. En realidad veníamos a Brasil a hacer cualquier cosa, habíamos pensado poner un negocio o dar clases de tenis, porque era lo único que sabía hacer, hasta que se dio esto”, resume.

Negocio rentable

Durante los primeros dos años en Praia do Rosa alquilaron una posada y al tercero rentaron otro predio, por la gran demanda que había. Ahí el matrimonio tomó la decisión de quedarse a vivir definitivamente en el país de la arena clara, las aguas transparentes y las caipirinhas bien frías.

“Decidimos poner en venta nuestra casa en El Cazador e invertir todo acá. Con esa plata compramos un terreno y construimos las cabañas a nuestro gusto. Las inauguramos en el verano pasado y al ser dueños se hace más redituable el negocio”, cuenta Scenna. Su predio turístico tiene tres cabañas para seis personas, dos para cuatro, pileta y estacionamiento propio.

La vida familiar era lo que más dudas le generaba al matrimonio. Otro país, otro idioma y costumbres distintas no eran fáciles de asimilar de entrada. Sin embargo, nada de eso fue un obstáculo. “Un poco les costó a los chicos, pero se hizo más fácil porque enseguida arrancaron el colegio y se adaptaron. Ellos habían estudiado portugués en Escobar, igual que nosotros, así que lo fuimos llevando bien. Por acá está lleno de argentinos y se habla mucho español también”, afirma.

Un cambio positivo

No solo la familia mejoró su estilo de vida sino que a nivel económico también las expectativas fueron superadas, teniendo una estabilidad que no lograba encontrar en nuestro país.

“Económicamente nos ha ido mucho mejor y hay otra calidad de vida. De estar dando clases 12 horas por día a laburar poco y nada, yo hago el mantenimiento y Marianela la limpieza. Tres meses al año estamos a full y los otros nueve laburamos los fines de semana. El resto disfrutamos de la playa y yo surfeo todos los días. No hay comparación posible con la vida en Escobar”, confiesa el ex tenista y entrenador.

Juan Ignacio (15) jugaba tenis tres veces por semana pero dejó y se enganchó con el surf, deporte que practica todos los días. Agustín (12) juega al fútbol, como lo hacía en Cazadores de Escobar, y habla perfectamente el portugués. Mientras que Simón (4) tenía un año cuando se fue de Argentina y es casi un brasileño más. “Estamos cerca, viene la familia, vamos nosotros a Escobar, no es tan difícil, se hace llevadero”, narra “Juayta” cuando se le pregunta sobre el desarraigo.

Más allá de extrañar amigos y familiares, los cinco están felices en Brasil, adaptados, contentos de su nueva vida, y esos factores pesan más que la nostalgia. “Me parece que no volvemos nunca más. No me veo en otra situación que no sea como estamos acá. Los chicos tampoco quieren volver, es algo que hoy está híper lejano”, asegura Juan, descartando cualquier posible regreso.

Cambiaron el tenis por el surf, el polvo de ladrillo por la arena y el castellano por el portugués. Para los Scenna, en Brasil, la alegría nao tem fim…

Libres de coronavirus

A pesar de que Brasil es uno de los países con más infectados de coronavirus en el mundo, en Praia do Rosa no hubo casos y la vida transcurre con normalidad. “Abrimos de nuevo el 1º de junio y los fines de semana llenamos. Hay muchas reservas, en invierno se ven ballenas y mucha gente viene a eso. Las playas están todas abiertas, los bares y restaurantes también, funciona todo. Por acá viene mucho turismo de Argentina, y ya tengo gente de Escobar que empezó a pagar y reservó para enero”, señala Scenna, lejos de las preocupaciones que se viven por estos lares y en gran parte del país vecino.

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